Tristeza en las Ramblas donostiarras

En el restaurante Via Fora de Donostia ondea una senyera con un crespón y un ramo de rosas rojas en señal de duelo. / SARA SANTOS
En el restaurante Via Fora de Donostia ondea una senyera con un crespón y un ramo de rosas rojas en señal de duelo. / SARA SANTOS

A 600 kilómetros de Barcelona, catalanes que visitan y residen en San Sebastián relatan cómo vivieron las duras horas de los atentados

TERESA REINA SAN SEBASTIÁN.

Cada año, cientos de catalanes visitan San Sebastián. El Boulevard es un lugar de visita obligada, donde pasear o tomarse algo. De hecho a muchos les recuerda a sus queridas Ramblas, ya que es también la arteria que concentra un mayor número de turistas.

Por esta calle paseaba ayer la familia Borrego Reyes, de la Roca del Vallés, a 25 kilómetros de Barcelona. El día del atentado, ellos salían de las cuevas de Zugarramurdi y les extrañó ver controles policiales. Llevaban todo el día de excursión, desconectados de los móviles, y cuando llegaron al hotel encendieron la televisión y se enteraron de la terrible noticia. No podían creerlo, sobre todo porque hacía poco habían estado en Cambrils. Enseguida comprobaron que ni familiares ni amigos estaban entre los afectados. Eva admite ser muy consciente de que el miedo no la puede encerrar en casa, «eso es lo que quieren ellos», dice. Su marido está de acuerdo. «Mi hijo tuvo un accidente de coche. Lo pasamos muy mal, pero siempre hemos sabido que no podemos dejar de conducir. Con el atentado es igual. Siempre piensas que puede pasarte a ti, pero eso no debe condicionar tu vida». A pesar del susto, la familia reconoce que no se pone en lo peor cuando se encuentran en aglomeraciones. Los cuatro dicen sentirse seguros en San Sebastián.

Mari Ángeles y Mari Carmen Sánchez son de Barcelona. Supieron de la matanza por un sobrino suyo que es mosso. Mari Ángeles resopla con tristeza al preguntarle si se siente segura. «¿Quién puede decir que se siente seguro? Ahora mismo, en ningún sitio hay esa sensación», explica. Su melliza dice que no tiene miedo, aunque sí «respeto». Hoy vuelven a casa y ambas reconocen que les «da cosa», porque no saben qué se van a encontrar. Afortunadamente, también pudieron confirmar que ningún ser querido se encontraba en peligro.

Andrea Toldra y Laura Cabayol también son barcelonesas. Se encontraban en Estella cuando comenzaron a recibir cientos de whatsapps de amigos preguntando si todos estaban bien. Abrieron el portátil y comprendieron lo que pasaba. «Nos agobiamos mucho, porque un amigo había quedado en el bar Zurich, justo donde giró la furgoneta. Menos mal que estaba de resaca y no fue», cuenta Andrea. Sobre si cree que pasará miedo en casa, Andrea dice, intentando romper el hielo, que le preocupan más los carteristas, y que no cambiará su rutina. Laura es un poco menos optimista: «Ya no se sabe qué es una ciudad segura», declara.

Lágrimas en el Via Fora

Cristina Lage es, además de barcelonesa, presidenta del Espai Catalunya y propietaria del restaurante Via Fora de San Sebastián, que sirve comida típica catalana. Cristina conoció ayer la otra cara de la desgracia. «Por la mañana una mujer mayor se acercó al bar. Es una clienta habitual de aquí, de Donosti. Estaba preocupada porque lloraba mucho, pero le pregunté y gracias a Dios ningún familiar estaba en peligro. Me abrazó y dijo que lo sentía mucho, y que traía unas flores que quería que pusiera con la senyera de la terraza. Me las dio y se fue», cuenta emocionada. Para ella el ser humano es esa señora que entró en su bar y que tuvo aquel detalle de cariño. «Por supuesto que los gestos institucionales son importantes», dice, «y se agradecen mucho, pero yo me quedo con la imagen de esta mujer tan cariñosa. La gente es realmente buena». Confiesa que no le convence la frase 'no hay que tener miedo'. «¡Pues claro que hay que tener miedo! Yo lo tengo. Es normal. Lo importante es vencerlo», declara.

Xanti Pablo es presidente de la Peña Blaugrana de Gipuzkoa. Él es errenteriarra, pero su familia paterna es de Lleida. Xanti estuvo preocupado porque tiene muchos amigos mossos. «No hemos colgado ninguna bandera en la peña porque entendemos que este es un dolor de todo el mundo», explica. Dice que lo que más le asusta es «lo fácil que es ahora cometer un atentado, y pensar que pueda suceder aquí. Es Semana Grande». «El Bule nos recuerda a las Ramblas», resumen todos.

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