Sortu pide una hoja de ruta para la excarcelación de los reclusos

Arkaitz Rodríguez se dirige a los concentrados ante la cárcel donostiarra de Martutene. /  SARA SANTOS
Arkaitz Rodríguez se dirige a los concentrados ante la cárcel donostiarra de Martutene. / SARA SANTOS

Rodríguez afirma que «no es posible hablar de paz mientras siguen existiendo centenares de presos vascos»

J. ARTOLA SAN SEBASTIÁN.

El secretario general de Sortu, Arkaitz Rodríguez, aseguró el pasado domingo que 2018 «tiene que ser el año en el que los agentes políticos, sociales, sindicales e institucionales de Euskal Herria acuerden una hoja de ruta para la excarcelación de los presos» de ETA. Rodríguez hizo esta reflexión tras participar en una marcha a la cárcel de Martutene, organizada por la iniciativa Kalera kalera!, de apoyo a los reclusos de la banda, con motivo del día de Nochevieja.

La movilización, en la que también tomaron parte la diputada de EH Bildu, Marian Beitialarrangoitia, e históricos dirigentes de la izquierda abertzale como Karmele Aierbe y José María Olarra, consistió en una concentración ante el centro penitenciario guipuzcoano, donde confluyeron dos manifestaciones, una procedente de Hernani y otra del barrio donostiarra de Egia. Rodríguez afirmó que un año después del desarme de ETA, ahora toca sacar a los presos a la calle» porque, según apuntó, «no es posible hablar de normalización política ni de paz mientras en las cárceles españolas y francesas sigan existiendo centenares de presos vascos».

El dirigente de Sortu se dirigió a los presentes desde un estrado instalado en las proximidades de la cárcel de Martutene, donde destacó que la actitud «generosa y constructiva», tanto de ETA como del colectivo de presos, tras el abandono de la violencia por parte de la banda, «contrasta con la actitud de los Estados español y francés y, sobre todo, del Gobierno español», al que acusó de estar «obstaculizando todo el avance del proceso de soluciones».

Apuntó que «seis años después del cese definitivo por parte de ETA y, prácticamente un año después de su desarme, los Estados siguen empleando la violencia y su particular estrategia político-militar para imponer su proyecto político». Matizó, en este sentido, que «la política de dispersión es violencia», al igual que «mantener a los presos gravemente enfermos en prisión» o «intentar imponer un relato de vencedores y vencidos».

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