La sombra de unas nuevas elecciones catalanas enreda el debate del PNV sobre los Presupuestos

Ortuzar y Urkullu saludan a Montse Candini (PDeCAT) y Eduard Pujol (JxCat) en el Aberri Eguna de hace dos semanas en Bilbao. / F. GÓMEZ
Ortuzar y Urkullu saludan a Montse Candini (PDeCAT) y Eduard Pujol (JxCat) en el Aberri Eguna de hace dos semanas en Bilbao. / F. GÓMEZ

La incertidumbre que rodea la candidatura de Sànchez a la investidura no favorece un desbloqueo negociador. Los jeltzales saben que el problema no es pactar con Rajoy, sino explicar bien cualquier decisión a las bases y la ciudadanía

ALBERTO SURIO SAN SEBASTIÁN.

El PNV tiene ante sí un peliagudo dilema que tendrá consecuencias para la política española. En las últimas semanas sus máximos responsables han señalado, por activa y por pasiva, que mientras persista la vigencia del artículo 155 de la Constitución en Cataluña no se van a implicar en la negociación de los Presupuestos Generales del Estado. El apoyo jeltzale es la baza que dispone el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, para sacar adelante el proyecto de las Cuentas públicas y dar así un serio empujón de estabilidad a la legislatura española.

Es decir, esta situación de excepcionalidad en Cataluña se ha convertido en una cuestión de principios que impide esa colaboración presupuestaria a no ser que en el seno del PNV se detecten signos claros de deshielo político que puedan conducir a la constitución de un Govern de la Generalitat que implique la superación automática del artículo 155. ¿Hay voluntad política para ello? ¿Queda tiempo? Sigue habiendo muchas dudas al respecto, más que nunca. Además, los plazos realmente son muy estrechos.

La libertad bajo fianza de Carles Puigdemont decidida por la Audiencia del land de Schleswig-Holstein, además del varapalo directo que ha supuesto a la doctrina del Tribunal Supremo sobre el delito de rebelión, refuerza al núcleo duro del expresident de la Generalitat en detrimento de los sectores más pragmáticos del PDeCAT o de ERC, que se movían hasta ahora entre bambalinas a favor de articular, cuanto antes, un Govern 'viable', sin impedimentos legales, para recuperar el autogobierno estatutario. La decisión de los jueces de Schleswig-Holstein otorga un triunfo a Puigdemont, que refuerza políticamente sus tesis de mayor beligerancia contra el Estado español y achica los espacios de los soberanistas más apaciguadores y menos rupturistas. En apariencia, la línea más posibilista pierde peso y, en consecuencia, el escenario de un desbloqueo negociador entre el PNV y el Ejecutivo de Rajoy se aleja.

La candidatura a la investidura de Jordi Sànchez, retomada por los independentistas y anunciada el sábado por el president del Parlament, Roger Torrent, no despeja la incertidumbre y alimenta una imagen de litigiosidad jurídica y política con el Estado por parte de los independentistas. No está claro, de entrada, que el juez del Supremo, Pablo Llarena, vaya a autorizar en el actual contexto a Sànchez concurrir a la sesión de investidura. Pero, a la vez, un candidato que se encuentra en prisión preventiva, que está procesado por graves delitos y que podría quedar inhabilitado para ejercer cargos públicos, plantea un serio problema operativo para quienes quieren poner en marcha un Govern viable con la legalidad. Es decir, esta baza alimentaría más la posibilidad de unas nuevas elecciones catalanas que la superación del artículo 155.

Si finalmente los partidarios en Cataluña de una reconducción posibilista de la situación se encuentran sin margen de maniobra y para el 22 de mayo no es factible un candidato a la investidura que obtenga la mayoría de la Cámara, el adelanto de las elecciones autonómicas para el verano será un hecho. Un colapso del cuadro político catalán, si la hoja de ruta sigue por estos derroteros, impediría en principio la apertura de una negociación entre el PNV y el Gobierno del PP, al menos para el Presupuesto de este año.

Un as en la manga

Hasta que el tribunal alemán dictara su veredicto el pasado jueves, se pensaba que el empeño especial del presidente Rajoy para que el ministro Cristóbal Montoro presentase el proyecto de Presupuestos escondía algún as en la manga. Las fechas son claras. Del día 16 al 20 se abre el plazo para registrar las enmiendas a la totalidad. Y el 25 y 26, el pleno del Congreso celebrará el debate en el que los diputados y diputadas tendrán que debatir las enmiendas a la totalidad. Si una enmienda a la totalidad sale aprobada, el presupuesto quedaría automáticamente rechazado. Pero si no, el borrador sigue adelante en su tramitación legislativa para que se discutan las enmiendas parciales.

Es pues en este pleno, dentro de 20 días, cuando el PNV va a tener que definir una posición que será determinante. Fuentes consultadas por este periódico admiten que la decisión aún no está tomada y que está en un proceso de maduración a partir de un principio: con 155 en vigor no es factible abrir un proceso de negociación. Ahora bien, la realidad tampoco es blanca o negra y está sujeta a matices, porque la situación política cambia y las circunstancias, también. El proyecto se ha presentado, los compromisos adquiridos sobre el Concierto y el Cupo han dejado buen sabor de boca y los proyectos de inversión, especialmente en infraestructuras (el TAV como apuesta estrella) resultan una oferta atractiva. Además, el nivel de relación con Rajoy y su Gobierno es fluido y existe un punto de confianza que facilita las cosas. Pero siendo importante y necesario, no es para nada suficiente.

Los jeltzales son conscientes de que el problema no es pactar con el PP sino que, se haga lo que se haga, deben explicarlo muy bien a la ciudadanía y, de entrada, a las bases nacionalistas, a las que la amenaza de Ciudadanos como guadaña del autogobierno vasco preocupa de forma creciente. La complicidad emocional con Cataluña a raíz de la destitución de su Govern y de los encarcelamientos genera un estado de ánimo más allá de las discrepancias políticas que se puedan mantener con los secesionistas catalanes.

Y es aquí donde encaja el segundo calendario, el catalán. La fecha tope en Cataluña es el 22 de mayo. Hasta el pasado jueves, el PNV confiaba en una reconducción de la situación para facilitar un candidato a la investidura que resultara viable. Un escenario 'limpio' implicaría el levantamiento del 155 en cuanto se constituyese el nuevo Govern y este escenario permitiría abrir una negociación en Madrid. El último llamamiento del portavoz jeltzale, Aitor Esteban, a que los catalanes «se pongan las pilas» encajaba en esta apuesta por evitar un enquistamiento del conflicto catalán.

Pero se trata de una hipótesis de trabajo que aún tiene que materializarse y que ahora se enfrenta a un panorama volátil e impreciso tras la salida de Puigdemont de la cárcel. Los nacionalistas vascos están bien informados de los movimientos internos que se registran en el soberanismo catalán, con diferencias tácticas y estratégicas cada vez mayores, pero que parten de una premisa: hay que evitar a toda costa una escisión o una ruptura interna que pudiera generar una frustración histórica a su base social.

Controlar los acontecimientos

El mayor temor de los dirigentes del PDeCAT y de Esquerra es que si se decantan desde ahora por una apuesta viable -dentro de la legalidad- este ritmo de los acontecimientos les hiciera perder definitivamente el control de los mismos y del campo secesionista en beneficio de la CUP o de los movimientos sociales independentistas (Òmnium Cultural y ANC) y de los Comités de Defensa de la República.

A su vez, la encrucijada del PNV es clara. Si viera en las próximas semanas síntomas de descompresión en la situación catalana, aunque fueran incipientes, podría evitar en el Congreso que saliera adelante una enmienda a la totalidad que tumbase de entrada el proyecto presupuestario. No sería un sí al proyecto, pero sí una señal de confianza para abrir una negociación, partida a partida, que debería desarrollarse en el mes de mayo mediante la presentación, discusión y votación de las enmiendas parciales. Ya entonces se vería si se ha despejado el panorama en Cataluña y si el PNV tiene o no las manos libres para implicarse en la recta final de la negociación con Rajoy.

El escenario es delicado y tiene sus puntos fuertes y débiles. De entrada, una implicación del PNV constituiría una pieza clave en la continuidad de la legislatura, erosionada por una debilidad creciente del partido del Gobierno, el PP, en beneficio de Ciudadanos. Lanzaría, también, una importante señal de estabilidad a la Unión Europea, que valora con especial agrado este tipo de gestos de responsabilidad.

Pero a la vez es cierto que el nacionalismo vasco no pierde la esperanza de que el varapalo de Schleswig-Holstein fuerce a medio plazo a un cambio de dinámica política para abordar la cuestión catalana, aunque a corto plazo pudiera ser inevitable una prórroga presupuestaria.

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