Solo Podemos y el PSE defienden sin recelos la reforma constitucional

Solo Podemos y el PSE defienden sin recelos la reforma constitucional

Los partidos vascos se muestran dispuestos a debatir una modificación de la Carta Magna, pero con matices

AINHOA MUÑOZ

La conmemoración este miércoles del 39 aniversario de la Constitución vuelve a evidenciar que su reforma es una asignatura pendiente. Y aunque todos los partidos vascos muestran predisposición a debatir una actualización de la Carta Magna, proponen fórmulas de futuro muy dispares. Solo Elkarrekin Podemos y el PSE defienden sin ambages una reforma constitucional porque, a su juicio, está anclada en el pasado.

Las preguntas

1
¿Está su partido a favor de que se abra el melón de la reforma constitucional»
2
¿Qué propuesta puede dar encaje a las reivindicaciones nacionales de Cataluña y Euskadi?

Aitor Esteban, PNV «En todo caso, debería hacerse para adecuar los hechos nacionales vasco y catalán»

1 Nosotros nos mantenemos en la misma posición que hace 39 años, en el sentido en que también entonces se manifestó la ciudadanía vasca con una abstención generalizada: no nos sentimos implicados con la Constitución Española. Su modificación debería hacerse, en todo caso, para adecuar los hechos nacionales vasco y catalán en el texto. Ahora bien, creemos que cualquier reforma constitucional exige una cocina previa que devenga en un acuerdo básico entre partidos. Hacerlo de otra manera sería un brindis al sol. Y habría que ver si el momento político es el más adecuado.

2 Desde su aprobación, hace 39 años, ha habido una interpretación involucionista de la cuestión territorial, con una concepción del Estado expansiva en perjuicio del autogobierno vasco, negándolo en algunos casos e interpretándolo a la baja en otros. Esta misma realidad puede extenderse a Cataluña, que, al igual que Euskadi, no ha visto satisfecho su reconocimiento nacional. Nosotros consideramos que es necesario el reconocimiento del pueblo vasco como nación. La extensión de nuestro Concierto económico al ámbito político, un ‘Concierto político’ basado en la bilateralidad en el que se reconozcan las singularidades de Euskadi y Cataluña, podría ser una vía de solución al modelo de Estado autonómico, ahora en quiebra. También creemos que el sistema de garantías debe ser modificado. El modelo, con un Tribunal Constitucional totalmente cuestionado, no ha contribuido a dar cauce al diálogo y a la solución de problemas.

Arnaldo Otegi, EH Bildu «De no otorgar a las personas el derecho a decidir, el Estado quedará anclado en el pasado»

1 Quienes creemos en el profundo valor democrático del derecho a decidir de las personas y los pueblos no podemos entender que en un Estado que se considera democrático no se pueda poner en práctica ese derecho. Las democracias modernas del siglo XXI deben permitir a las personas y a los pueblos decidir sobre todo lo que concierne a sus vidas, tanto en el apartado político, pero también en el económico y social. De no hacerlo, de no otorgar a las personas y los pueblos el derecho democrático a decidir, el Estado quedará anclado en el pasado, y en el caso concreto del Estado español, dejará sin resolver las graves carencias democráticas con que nació el régimen del 78 tras la muerte del dictador Franco.

2 Ahora que tanto se habla de una supuesta reforma constitucional, debemos reseñar que mucho nos tememos que el objetivo de esa reforma no va a ser el avanzar en términos democráticos, sino todo lo contrario. Todo lo acontecido con Cataluña, y el discurso de Felipe VI, supuso un punto de inflexión, en el sentido de que sirvió para poner en marcha una auténtica contrarreforma en el Estado español liderada por los sectores más retrógrados. Por lo tanto, poco esperamos del Estado español en lo referente a que se cumplan las reivindicaciones de los pueblos que viven en él.

Nagua Alba, Elkarrekin Podemos «Necesitamos cambios profundos que aborden la cuestión territorial y la social»

1 Sí. Se acerca el 40 aniversario de la Constitución y parece que va siendo hora de echar la vista atrás para evaluar cuáles han sido sus aciertos y sus errores, sus límites y sus posibilidades. No puede demorarse más esa reflexión crítica para recoger aquello que merezca la pena y también para cambiar lo que haga falta para responder a los retos y demandas de las próximas décadas. Toda sociedad debe renovar su pacto social cada cierto tiempo. Cada vez más gente es demasiado joven como para haber votado la Constitución y las dificultades y retos a los que nos enfrentamos en el siglo XXI son diferentes. La Constitución se redactó en condiciones difíciles, con mucho miedo al pasado. Ahora necesitamos un texto que consiga que nos sirva para no tener miedo al futuro. Para ello necesitamos cambios profundos en la Constitución que aborden tanto la cuestión territorial como la social, para que en los próximos 40 años no vivamos de la inercia de los anteriores, sino que nos rijamos por un pacto social del que todos nos sintamos parte.

2 Pensamos que la propuesta de autogobierno que hemos llevado a la ponencia del Parlamento Vasco pone humildemente sobre la mesa un modelo para abordar la cuestión territorial en el marco de la reforma constitucional y que puede ser un modelo también para Cataluña. Defendemos una metodología novedosa con dos vías paralelas: la reforma estatutaria, con el acento puesto en el blindaje de los derechos sociales y la participación ciudadana, por un lado; y de un pacto de claridad de inspiración canadiense para abordar la cuestión del derecho a decidir en lo territorial, por el otro. Como ya he comentado, es necesaria la reforma constitucional, así como la reforma del Estatuto de Gernika, porque son textos que deben adaptarse a la realidad y dar respuestas a los principales problemas de la gente. Por eso ponemos mucho énfasis en que ninguna de estas reformas puede hacerse de espaldas a la ciudadanía. Una ciudadanía que reclama tomar parte en las decisiones importantes que afectarán a la vida de todas. Nosotras hemos hecho del derecho a decidir en lo territorial, desde luego, pero también y principalmente en lo social y en lo local, una seña de identidad.

Idoia Mendia, PSE-EE «Lo único que se ha conseguido al cruzarse de brazos es retrasar un debate inevitable»

1 Llevamos cinco años reclamándola, porque el PSOE ya constató entonces dos grandes ideas: el éxito del pacto del 78 para el mayor avance que jamás haya tenido España, y las deficiencias que con el paso del tiempo se han detectado. La Constitución necesita una actualización para consolidar los derechos que se enumeran, para incorporar la realidad europea a la que pertenecemos desde 1986, y para corregir los fallos que se han detectado en el sistema autonómico. Porque la descentralización que se consagra en la Constitución tiene un impulso federal que, sin embargo, no ha ido acompañado de los mecanismos de lealtad mutua entre la Administración central y las autonómicas para garantizar que cada comunidad pueda desarrollar las responsabilidades que asume en la prestación de servicios públicos y que lo haga con recursos suficientes. Si hubiésemos afrontado este debate antes, probablemente no habríamos llegado, no ya a la situación que padecen los catalanes, sino a las incomodidades que se están mostrando desde todas las comunidades. Lo único que se ha conseguido al cerrar los ojos y cruzarse de brazos ante esa realidad es retrasar un debate inevitable. Todos los partidos deberíamos implicarnos en este proceso y dejar de poner excusas para no participar.

2 La reforma constitucional no está para satisfacer aspiraciones nacionales, menos aún de los independentistas, porque éstos sólo se sentirán satisfechos dejando de formar parte del proyecto de España. La reforma constitucional debe satisfacer las necesidades de los ciudadanos de todas las comunidades de España, integrando las diferentes formas de sentirse y las diferentes voluntades que hay en cada lugar para autogobernarse. Esta voluntad se ha demostrado más amplia entre catalanes y vascos, pero no por parte de los nacionalismos, sino como aspiración transversal. Los socialistas vascos, desde luego, tenemos la ambición de profundizar en el desarrollo de la Euskadi social que hemos sabido extender, incluso sin necesidad de transferencias, en algunas materias, como vivienda o RGI, y de participar en las decisiones europeas que afectan a nuestras competencias. Y lo que debemos hacer es volver a enganchar a los nacionalismos en la necesidad de que ese pacto sea compartido. Desde nuestro punto de vista, creemos que en el resto de España deben asumirse como propias las singularidades. Se trata de que las diferencias (que existen) y la pluralidad (que es un valor en sí mismo) se integren en un proyecto solidario, y que esa integración de las diferencias sea precisamente la garantía de la igualdad. Si esas llamadas «reivindicaciones nacionales» se resumen en que se reconozca el derecho a la secesión, no tendrán encaje. Si de lo que se trata es de que se asuman las singularidades, serán las singularidades que, como el euskera o el Concierto, por ejemplo, los socialistas vascos asumimos como propias. Y junto a ese reconocimiento, estaría la clarificación de las competencias que son realmente exclusivas del Estado y de aquellas que las comunidades deciden asumir. Necesitamos una garantía de poder financiar las competencias de las que cada cual decida responsabilizarse. Por último, debemos avanzar en la toma de decisiones compartida en aquellas cuestiones que nos afectan a todos los territorios y establecer mecanismos de lealtad federal que eviten la permanente judicialización del autogobierno, como ha ocurrido en demasiadas ocasiones.

Alfonso Alonso, PP «La Constitución del 78 garantiza la igualdad dentro de una España plural y diversa»

1 Antes de dar ese paso, me parece fundamental tener claro qué se pretende, cuál es el objetivo de esa reforma constitucional. Como principios generales, creo que cualquier cambio debe hacerse desde la lealtad constitucional y garantizando el nivel de consenso que permitió sancionar la Constitución del 78.

2 La Constitución del 78 garantiza la igualdad de todos los españoles, dentro de una España plural y diversa. Plantear una reforma constitucional para satisfacer las aspiraciones nacionalistas sería un error que podría generar agravios territoriales e incluso un retroceso en la España que conocemos.

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