Ser o no ser

La transversalidad está hoy muerta en Cataluña. En Euskadi, uno de los interrogantes es si PSE y PP acabarán orillados en el futuro del autogobierno tras haber sufrido el acoso etarra

Ser o no ser
Lourdes Pérez
LOURDES PÉREZ

1 En Cataluña se empieza a escuchar un insidioso 'tic tac' 18 días después de la celebración de las autonómicas forzadas por el 155. Por delante queda apenas semana y media para el primer gran examen postelectoral: la inauguración de la nueva legislatura con la configuración del Parlament y, sobre todo, el reparto de poder en la Mesa, su órgano de gobierno. La situación, que ya era endiablada una vez conocido el escrutinio, se está volviendo extraordinariamente paradójica, porque no hay alternativa a la suma del secesionismo pero los independentistas no encuentran a estas horas el modo de encauzar su reeditada mayoría absoluta. Después de haber asumido la convocatoria de los comicios bajo el paraguas del orden constitucional, Junts per Catalunya y Esquerra no tenían otro remedio en términos argumentales y estratégicos que jugársela el 21-D presentando al frente de sus carteles a los cargos del Govern y de la Cámara catalana perseguidos por la justicia. Pero esa voluntad de resistencia, ganadora en las urnas pese al triunfo de Ciudadanos, precisaba de la catapulta de una unidad de acción política y jurídica que se quebró en cuanto Carles Puigdemont huyó a Bélgica y los tribunales distinguieron entre los dirigentes prófugos, los encarcelados y los liberados con cargos.

2 Así, la 'causa general' del Estado en su contra que denuncia el separatismo no está dando lugar a una 'respuesta general' e inequívoca por parte de JxCat, ERC y la CUP. Sigue siendo improbable que las disonancias entre Puigdemont y Junqueras desemboquen en cualquier renuncia del bloque secesionista a hacer valer su mayoría para recobrar el poder de la Generalitat previa retirada del 155. Pero el tiempo corre. Y apremia, incluso a quienes han demostrado una capacidad inigualable de adaptación al estrés político llevado al límite. El drama del Puigdemont vencedor es hamletiano: 'ser' con un retorno a la Cataluña para tratar de ser investido con la certeza de que será detenido; o 'no ser', dando un paso atrás que menguaría su protagonismo y que sería interpretado como un triunfo -pírrico- por un Rajoy que tras la debacle del PP catalán aceleró la fecha de constitución del Parlament haciendo uso del 155 y que ahora se ha sentado, una vez más, a esperar y ver.

3 El dibujo en dos pinceladas del momento político sería el siguiente: el Estado se ha hecho fuerte en la crisis catalana, pero con un Gobierno debilitado y una oposición muy fragmentada a la que tampoco le alcanza para marcar el paso; Cataluña está atascada, dividida y enormemente condicionada por los efectos de la DUI y del 155; y mientras, Euskadi aspira a reforzar su estatus singular a través de un nuevo pacto político. La ponencia creada en el Parlamento vasco lleva algo más de una legislatura dedicada a los bailes de salón, enfriando el debate -la articulación del derecho a decidir- que constituye la principal piedra en el zapato del acuerdo PNV-PSE y un factor de discordia en la búsqueda de acuerdos entre siglas dispares en términos identitarios. Mientras la transversalidad está muerta hoy en Cataluña, la Euskadi de Urkullu la ha cultivado en su coalición de gobierno con los socialistas y su entendimiento institucional con el PP. Si Cataluña está escenificando cómo la ausencia de perímetros de contacto entre el independentismo y el constitucionalismo parte en dos a la sociedad -y puede conducir a unas nuevas elecciones en primavera-, Euskadi ya ha sufrido en sus propias carnes los riesgos de ese tensionamiento irreconciliable. Con un añadido solapado, pero en absoluto menor: la huella que ha dejado la violencia de ETA, una experiencia traumática que los catalanes no tienen que afrontar en la construcción de su convivencia futura. Porque uno de los interrogantes latentes que planea sobre la ponencia de autogobierno es si tras haber sufrido el hostigamiento excluyente del terrorismo, el PSE y el PP acaban quedando orillados en un eventual consenso en clave soberanista de la amplia mayoría que suman hoy el PNV, EH Bildu y Podemos.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos