Salto al vacío y golpe de efecto

El adelanto electoral de Rajoy descoloca la hoja de ruta del independentismo, embarcado en una suicida huida hacia adelante

Alberto Surio
ALBERTO SURIO

Efecto sorpresa en toda regla que da una patada al escenario catalán en un día decisivo. La nueva 'república' catalana nacía en el Parlament, pero a las pocas horas la noticia se veía eclipsada por el sorprendente anticipo de elecciones autonómicas el 21 de diciembre por parte de Mariano Rajoy. La decisión del presidente del Gobierno descolocaba al secesionismo y puede dividirle a medio plazo a pesar de que ayer brindaba eufórico. La proclamación de la república llevaba la felicidad a un sector del independentismo -el más joven y movilizado- pero también la preocupación a una amplia parte de la sociedad catalana, en la que también se incluyen muchos soberanistas, alarmados de los efectos de este salto al vacío. La ruptura con la legalidad puede pasar a la larga una factura al independentismo por quemar de forma prematura un proyecto que carece de base social suficiente para ser hegemónico.

El temor no se limita a los contrarios a la independencia. Muchos independentistas desconfían de este proceso exprés, rodeado de prisas y frivolidad. La proclamación de la república no ha sido un ejercicio heroico de épica e incluso la votación en secreto le daba un punto surrealista, poco estético, después de una consulta, el 1 de octubre, en la que votó un 39% a favor de la secesión. La decisión del Parlament es una exhibición de puro nominalismo retórico que tropieza con el principio de realidad. El independentismo ha optado por la huida hacia adelante, con el complejo a no ser considerado 'traidor', con un infantilismo insólito. Las consecuencias económicas serán severas para todos y el no reconocimiento internacional va a dejar en tierra de nadie esta ampulosa declaración.

Rajoy anunció ayer las medidas del Estado para aplicar el artículo 155, cesando a Puigdemont y al resto del Govern. Todos son conscientes de la gravedad del momento, que su aplicación va a ser muy conflictiva, con resistencia social y una previsible desobediencia. El radicalismo de la CUP y la ERC de Junqueras sacarán tajada. El riesgo de un boicot del independentismo al 21-D es muy alto y se presionará a los comunes de Ada Colau para que no avalen los comicios. La otra disyuntiva es que la aplicación del artículo 155 de la Constitución no derive en el 116 que regula el Estado de Alarma. Sería una catástrofe celebrar las elecciones en este ambiente. Como siempre, los moderados se ven engullidos por los radicales. La apuesta suicida de Puigdemont ha dado al PP la excusa perfecta para salir de rositas de un conflicto que en su momento también contribuyó a radicalizar. Es evidente que, tarde o temprano, este asunto necesitará una salida pactada y realista, pero el problema es la tremenda frustración que dejará en el camino.

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