«Habéis roto la armonía de una familia»

Familiares del brigadier reciben el féretro en la Guayana. / AFP
Familiares del brigadier reciben el féretro en la Guayana. / AFP

El hijo del brigadier francés Nérin dirige una carta al tribunal de París que juzga a cuatro etarras del comando que mató a su padre

FERNANDO ITURRIBARRÍA PARÍS.

Es la carta del último huérfano causado por ETA. Está firmada por Floryan Nérin, hijo del policía francés que cierra el luctuoso listado de víctimas mortales de la banda terrorista. Fue leída ayer por Clermont Ismaël, su tío materno, al tribunal de París que juzga en apelación a los cuatro etarras que recurrieron el primer veredicto del caso. «La palabra 'amar' es seguramente una palabra que nunca comprenderéis», les dijo.

Los herederos del brigadier Jean-Serge Nérin son oriundos de la Guayana francesa. Floryan es el único chico de la fratría. Nació entre Prisca, de 39 años, y las gemelas Anais y Melyssa, de 24. Tenía 18 años cuando murió su padre en un tiroteo con un comando de ETA. Dos balazos acabaron con su vida a los 58 años en un descampado a 60 kilómetros al sur de París, al anochecer del 16 de marzo de 2010. Aquella mañana fue la última vez que habló con él. Lo evoca en un texto «escrito con mi corazón» y dirigido a la Sala Especial de lo Criminal, en el que excusa su ausencia por motivos profesionales.

«Me acuerdo muy bien de las palabras que le dije: 'no vuelvas muy tarde que son los octavos de la Champions'. Me respondió: 'Salvo urgencia, no debería volver tarde esta noche'. En efecto, cada partido, cuando era posible, lo veíamos juntos. Era como una especie de ritual entre padre e hijo. Desde pequeñito mi padre era fan de los deportes y en especial del fútbol. Una pasión que me transmitió. Una pasión y un ritual acabados».

«No mates»

A Floryan se le hundió el mundo cuando horas después recibió la trágica noticia. «Sé que estas palabras no conmoverán a los acusados pero quiero decírselo. Habéis hecho desaparecer a un hombre querido por todos. Sí, he dicho un hombre pues, ante todo, un policía es un hombre. Muchas personas lo olvidan. Este hombre tenía una mujer magnífica, tres hijas que le querían y un hijo que siempre necesitaba a su padre. Habéis destruido esta armonía que reinaba en nuestra familia (...) Papá era un hombre que conocía la definición así como la emoción que procuran estas palabras: no mates, por ninguna razón».

El autor de la carta confiesa que hace tiempo que abandonó la idea de entender la actividad de ETA. «Hay muchos acontecimientos incomprensibles pero éste nos afectó a nosotros, ¿y en nombre de qué? ¿De esta supuesta guerra? Esos centenares de inocentes muertos por las balas de ETA... ¿en nombre de qué?».

El hoy ingeniero, jefe de proyecto en una gran empresa, se siente condenado a «vivir con este dolor el resto de mi vida».

«Mi padre era mi modelo. El mejor hombre que he conocido. Sí, no soy objetivo pero a pesar de todo es la verdad. Cada día me falta un poco más y sigo necesitándole (...) Me habría gustado tanto que mi padre estuviera en las etapas importantes de mi vida. Decirle que soy tío y conozco el amor. Darle un regalo por sus 30 años de matrimonio e ir a ver un partido de la Eurocopa en nuestro país. Pero jamás tendré la oportunidad y todo eso por culpa de vosotros».

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