Rosa Rodero, viuda del ertzaintza Joseba Goikoetxea: «La historia de ETA no se acaba con su disolución»

Rosa Rodero, en su casa, perdió a su marido Joseba Goikoetxea en 1993./I. PÉREZ
Rosa Rodero, en su casa, perdió a su marido Joseba Goikoetxea en 1993. / I. PÉREZ

«ETA nos ha destruido la vida, pero lo que no podemos hacer es destruir más cosas. Hay que levantarse y seguir viviendo», sostiene

AINHOA MUÑOZSan Sebastián

El discurso de Rosa Rodero, viuda del ertzaintza Joseba Goikoetxea, asesinado por ETA en 1993, no suele ser el más habitual entre las víctimas de la organización terrorista. Por supuesto, le duele que la banda le robase sin piedad a su marido. Una cicatriz que llevará por siempre marcada en el corazón. Sin embargo, también es de las personas que considera que se debería cambiar la política penitenciaria y acabar así con la dispersión de los presos. Más aún cuando las siglas de ETA han dejado de existir. Este gesto, dice, facilitaría la paz y la convivencia en la sociedad vasca.

-¿Cómo se siente ante la desaparición definitiva de ETA?

-Por una parte bien porque supone dar otro paso, pero para mí el momento más importante y que viví con más emoción fue el 20 de octubre de 2011, cuando ETA dejó de matar. Ese fue el alivio más grande.

«Hay que dejar a un lado el hecho de que los presos tengan que estar alejados de Euskadi»

«Con el perdón de ETA me di cuenta de que seguimos siendo víctimas de tercera categoría»

-¿Se abre, en cualquier caso, un nuevo ciclo para la sociedad vasca?

-Se ha dado otro paso hacia delante, hacia la convivencia. Aunque este proceso es muy largo y no se termina con que ETA deje de matar y se haya disuelto. Hay muchas cosas pendientes que se tendrán que ir solucionando poco a poco. Aquí no se termina la historia.

-¿Cuáles son esas 'cosas' que, a su juicio, faltan por abordar?

-Queda pendiente esclarecer todos los casos de víctimas de ETA sin resolver, y eso hay que solucionarlo. Queda pendiente también que se reconozca a todas las víctimas, algo que tampoco se ha hecho. Y queda por abordar la ley penitenciaria y que se deje ya a un lado el hecho de que los presos tengan que estar alejados.

-Usted siempre ha alzado la voz en favor de los derechos de los reclusos. ¿La disolución de ETA favorece un nuevo escenario también para ellos?

-Hasta ahora, el Gobierno central no está dispuesto a mover nada. Pero creo que poco a poco se dará cuenta de que la dispersión no tiene motivo alguno para seguir vigente. Yo solo pido que se cumpla la legislación, no que suelten a los presos. Las penas hay que cumplirlas, pero hay que cumplir la legalidad vigente y hacerlo como dios manda, dentro del orden que está establecido. Ya sabemos que no van a ser amnistiados, eso además sería muy malo para nosotros. Pero tampoco vamos a hacer sufrir a las familias de los presos, que son las que realmente lo padecen.

-¿Le tocaría entonces al Gobierno de Mariano Rajoy mover ficha en esta materia?

-Creo que sí. El Gobierno francés ya ha movido ficha, y anteriores gobiernos también lo hicieron. Incluso Aznar movió en su momento a presos hacia Euskadi con la tregua. Creo que el Ejecutivo central lo tiene que hacer.

-¿Usted considera que el fin de la dispersión podría interpretarse como una contrapartida a la disolución de ETA?

-Es que no debe haber contrapartidas. Ahora lo importante es hablar sobre la memoria y tener presente a las víctimas.

-¿Y es compatible ser víctima de ETA y defender los derechos de quienes asesinaron a su marido?

-Hay que ser consciente de lo que hay. Aquí sabemos que las leyes están así, y lo que no podemos es comernos la cabeza y guardar un odio constante, porque eso nos mataría. Al principio cuesta, sí, y es una carga que la llevaremos por siempre. Nos han destruido la vida, pero lo que no podemos hacer es destruir más cosas. Hay que levantarse y seguir viviendo.

-¿Ha visto necesario el acto de Kanbo para dar por finiquitada la historia de terror perpetrada por ETA?

-Políticamente parece que sí. Como víctima, sin embargo, no me dice mucho.

-¿Considera que con el desenlace final de ETA se corre el riesgo de que la sociedad se olvide de ustedes, las víctimas?

-Espero que no. Durante muchos años la sociedad estuvo callada, pero hoy en día ya no lo está. Es cierto que llegará un momento en el que se olvidarán de las víctimas, pero ahí tendrán la historia para recordárselo. Seguiremos ahí presentes para que no se olvide lo que hemos pasado.

-¿El destierro de las siglas de ETA, en cualquier caso, ayuda a cerrar heridas?

-Todas las víctimas somos diferentes. Habrá personas a las que les cueste más cerrar las heridas y a otras menos. Aunque la mía no se cierra. Pero he aprendido a vivir con ella y he intentado tirar para delante para que todo eso que hemos vivido no se vuelva a repetir y mis nietos puedan vivir en este pueblo tan maravilloso con paz y tranquilidad.

-¿Ha echado en falta un perdón sincero por parte de ETA, que haga autocrítica en su sprint final?

-No, tampoco. El perdón me lo puede pedir la persona que mató y decidió que mi marido tenía que morir, que me dé una explicación de por qué tenía que ser así. Pero un perdón general tampoco me dice nada. Cuando leí el primer comunicado de ETA e hicieron ese paréntesis entre las víctimas, me dije: 'Otra vez volvemos a ser víctimas de tercera categoría'.

-¿Se sigue cuestionando por qué su marido fue asesinado por la organización terrorista?

-Yo sabía quién era mi marido, sabía por lo que luchaba y sabía que podía ser perfectamente un objetivo de ETA. Nunca esperas que lo sea, pero llegó el día y pasó. Lo que no quiero es que se vuelva a repetir.

-¿Cree a ETA cuando dice reconocer el daño causado?

-Hay que pedir tanto perdón y reconocer tanto daño... Mi marido está considerado víctima de ETA, pero es que también el Gobierno Vasco le ha dado el reconocimiento de víctima policial. Mi marido, en los años 70 y cuando Franco vivía, estuvo en la cárcel y fue condenado durante tres años. Salió con la amnistía. Lo que pasa es que mi marido, en vez de luchar con las armas, decidió luchar con la palabra y en la Ertzaintza para conseguir el ideal que él tenía.

-Y usted, ¿ha perdonado?

-No considero que haya perdonado, me han roto mi vida. Pero he aprendido a vivir con ello. Tengo a mi marido muy presente y he tratado de continuar lo que él empezó y por lo que murió. Eso es lo que me llena.

-¿Cómo era Joseba Goikoetxea?

-Como padre era maravilloso, como esposo era maravilloso, como amigo era maravilloso. Era una persona muy querida por todo el mundo. Y hoy en día se le recuerda con mucho cariño. Fue un hombre muy luchador, que desde muy joven tenía muy claro lo que quería para Euskadi. Ese es el legado que me ha dejado a mí y a mis hijos. Solo espero que mis nietos guarden ese recuerdo también.

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