La renuncia de Forcadell agudiza la desbandada en el secesionismo

Forcadell, durante la comparecencia de ayer para renunciar a ser presidenta del Parlament. / A. DALMAU / EFE
Forcadell, durante la comparecencia de ayer para renunciar a ser presidenta del Parlament. / A. DALMAU / EFE

Solo Puigdemont, su núcleo duro y la CUP mantienen la defensa de la vía unilateral, descartada por buena parte del soberanismo

CRISTIAN REINO BARCELONA.

En un visto y no visto, el independentismo está dando carpetazo a una etapa política marcada por la proclamación de la república el pasado 27 de octubre. Se acaba un «ciclo», dijo ayer Carme Forcadell, presidenta de la Cámara catalana, y que anunció que no optará a la reelección al frente del Parlamento en la próxima legislatura que arranca el miércoles con la constitución de la Cámara catalana. La exlíder de la ANC es el último de los pesos pesados del secesionismo que se baja del barco en plena tormenta, no en vano debe hacer frente a una larga lista de procesos judiciales, entre ellos una acusación de rebelión y sedición por facilitar la votación de la declaración de independencia.

Forcadell deja la primera línea (aunque seguirá como diputada rasa por Esquerra) por consejo de sus abogados. La misma razón que dio Artur Mas e idéntica situación a la de Carles Mundó, Anna Simó o Lluís Coromines, todos ellos implicados en causas penales relacionadas con su participación en el desafío independentista. Forcadell dijo que se va «orgullosa» porque durante su mandato no se ha «doblegado» al Estado, pero en la oposición entienden que sí lo hace al renunciar. «Esto es un sálvese quien pueda del proceso», resumió Inés Arrimadas.

La aún presidenta del Parlamento catalán, protagonista de las sesiones más esperpénticas de cuantas se recuerdan en el hemiciclo autonómico, sobre todo las del 6 y 7 de septiembre, cuando el independentismo aprobó la ley del referéndum y la ley de transitoriedad jurídica, fue ayer muy clara en su despedida y sostuvo que la Presidencia de la Cámara debería recaer ahora «en una figura libre de procesos judiciales». El mensaje valía para los miembros de la Mesa y, aunque dijo que no era su intención, también para Carles Puidemont y sus pretensiones de ser elegido presidente de la Generalitat desde Bruselas. Mas también insistió cuando anunció su renuncia a la presidencia del PDeCAT en la necesidad de que nuevas caras y que otros actores tomen el timón.

La investidura del nuevo jefe del Ejecutivo catalán es la gran patata caliente que deberá gestionar el sustituto de Forcadell. De ahí que Esquerra, que es la formación a la que corresponde el puesto según el reparto de poderes con Junts per Catalunya, no acabe de encontrar un candidato. Suenan nombres, como Ernest Maragall, Antoni Castellá o Raül Romeva (solo este último tiene causa penal pendiente), pero quien asuma la Presidencia deberá decidir si se salta los procedimientos legales y acepta la investidura de Puigdemont desde Bruselas o no, un potencial conflicto entre Junts per Catalunya y Esquerra.

Por esta razón es tan complicado el acuerdo entre ambas candidaturas y es tan importante el perfil del nuevo presidente de la Cámara, pues marcará el tono general de la legislatura. Así lo hizo Forcadell hace dos años estrenándose en el cargo con un «viva la república catalana». Se busca un radical o uno que lo sea menos, según el voltaje que los soberanistas quieran dar al mandato.

Goteo de desmarques

A día de hoy, Puigdemont y la CUP, son los únicos que defienden la unilateralidad hacia la indepedencia, la vía de la confrontación directa con el Estado y el enfrentamiento institucional. De alguna manera u otra, el reparto de actores relevantes del secesionismo se ha ido desmarcando de la ruptura exprés y se ha apartado. Mas, en su despedida, admitió que con el 47% de los votos el independentismo no tiene fuerza para insistir en quebrar la legalidad, mientras que Forcadell solo pudo evitar la prisión abjurando de la vía unilateral.

El Supremo mantiene en prisión a Junqueras al no creer que vaya a abandonar esa senda, pero en cambio en la última solicitud enviada al Supremo, el exvicepresidente defiende el respeto a la legalidad y mantiene la ilegalidad de que se pueda ser presidente a distancia. Mundó, con su renuncia, cuando era el mejor situado en la terna para suceder a Forcadell, también se ha apartado de la vía al margen de la ley.

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