El recuerdo, vacuna contra el fanatismo

Cuatro historiadores relatan a DV cómo se debe afrontar el futuro tras casi 60 años de terrorismo en Euskadi. Señalan que lo principal es no olvidarse de las víctimas y del sufrimiento que padecen

El recuerdo, vacuna contra el fanatismo
IRAITZ VÁZQUEZ

Una vez que ETA ha dado por concluida su actividad y ha declarado su disolución, aún quedan importantes temas pendientes por resolver. Casi sesenta años de terrorismo han dejado un reguero de dolor que el tiempo deberá ayudar a curar. Pero no solo el tiempo conseguirá que las heridas abiertas desaparezcan. Es momento de mirar al futuro sin olvidar lo que ha ocurrido durante los últimos años, porque si no «cometeremos el error de poder caer de nuevo en los mismos errores». Esta es la tesis que defienden cuatro historiadores con los que ha consultado DV para que relaten cómo debe afrontar Euskadi el final de la organización terrorista.

En primer lugar piden que no se olvide a las víctimas, ya que en su opinión, «deben estar en el centro del relato». Además, recalcan que uno de los grandes peligros a los que se enfrenta la sociedad vasca, una vez que ETA ha dicho adiós de manera definitiva, «es que se pase página sin haberla leído,», remarca el historiador Gaizka Fernández Soldevilla. Por ello, insisten en que «es imposible superar dignamente este drama histórico olvidando a quienes lo sufrieron».

Pero a los cuatro historiadores también les inquieta de qué manera los libros de Historia contarán lo que ha sucedido en Euskadi las últimas seis décadas. Y es que no quieren que «las páginas más negras de la historia reciente del País Vasco» puedan caer en el olvido. Así, ponen en valor el trabajo que están llevando las diferentes entidades públicas en esta línea. Un trabajo que debe estar centrado en «difundir los valores democráticos, sostener públicamente el valor de las víctimas y la ignominia del terror», resume Manuel Montero. Y piden «no mezclar, no meter todo en el mismo saco, no igualar la violencia de ETA con otras cosas que han ocurrido en este país».

Las preguntas:

1.- ¿Qué ha supuesto ETA en la historia reciente del País Vasco y España? ¿Qué relato perdurará?

2.- ¿Qué cree que habría que hacer para que no se olviden los últimos 60 años que ha vivido Euskadi?

3.- ¿El fin del terrorismo en otros conflictos se ha hecho a costa de olvidar a las víctimas?

Raúl López Romo, Historiador «Las víctimas deben estar en el centro del relato»

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La trayectoria de ETA se resume en 850 asesinatos, 2.600 heridos, miles de amenazados y exiliados, 80 secuestrados, sin olvidar el fanatismo y la miseria moral que han sembrado. Es un balance negro y cruel. Emplear la violencia les proporcionó un protagonismo desmedido si tenemos en cuenta su peso real. Hoy es imposible comprender la historia del País Vasco y de España de los últimos 50 años sin ETA, que ha condicionado la evolución política a través del miedo. ETA es la particular aportación a los totalitarismos que ha salido de nuestro entorno. Procuraremos que prevalezca un relato en el que todo esto quede claro.

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El trabajo por la memoria se inició hace años. Hay entidades públicas como el Centro Memorial o Gogora; hay novelas como 'Patria', de Fernando Aramburu, que ha vendido 700.000 ejemplares solo en castellano y que será convertida en una serie de televisión; hay ensayos como 'La bolsa y la vida' o 'Misivas del terror', solo por mencionar dos obras que analizan la extorsión; hay una comisión parlamentaria de memoria y convivencia; hay más de 20 asociaciones y fundaciones de víctimas… Pese a todo ello, percibo que en amplios sectores hay una tendencia al olvido o a la suavización de lo que ha supuesto ETA. Para evitarlo es imprescindible transmitir que no hubo un conflicto que enfrentara a dos bandos, sino totalitarismo contra la democracia, siendo ETA, de largo, la organización que más mató, la que más duró y la que contó con gran apoyo social entre una parte de nuestros vecinos.

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En Irlanda del Norte hay numerosas víctimas que consideran que han quedado marginadas tras el Acuerdo de Viernes Santo de 1998. Allí hubo una amnistía que facilitó la salida de prisión de todos los presos de las diferentes organizaciones terroristas. Las víctimas, aquí o en otros lugares, a menudo demandan que se preserven cuatro conceptos fundamentales: justicia, verdad, dignidad y memoria. Ello no es posible con la impunidad de los verdugos. En nuestro caso, seguiremos trabajando para conseguir un final del terrorismo en el que las víctimas estén situadas en el centro del relato.

Gaizka Fernández Soldevilla, Historiador «Todos los relatos no tienen el mismo valor»

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ETA ha protagonizado las páginas más negras de la historia reciente del País Vasco. Después de la Guerra Civil y la dictadura ha sido, probablemente, lo peor que nos ha ocurrido durante el siglo XX. De entre las diferentes narraciones acerca de la historia de ETA cabe destacar dos. Por una parte, el relato de los historiadores y otros científicos sociales, que buscan acercarse lo máximo posible a la verdad por medio del método científico y el estudio serio y riguroso de las fuentes disponibles. Por otra, el relato del «conflicto» que sostienen los propagandistas cercanos al nacionalismo radical, cuya prioridad es servir a su particular causa política, aun cuando el precio a pagar sea tergiversar el pasado. No todos los relatos tienen el mismo valor: el trabajo de unos no puede colocarse a la misma altura que el de los otros. Tampoco es factible, como a veces se propone, hacer una síntesis entre todas las narrativas. Si queremos una sociedad libre, democrática y madura hace falta más historia y menos propaganda.

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Primero, investigar con rigurosidad, examinando exhaustivamente toda la documentación disponible. Segundo, divulgar el resultado de las investigaciones entre la ciudadanía, especialmente los más jóvenes. En ese sentido, es fundamental el trabajo que está desarrollando el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo de la mano de instituciones como el Instituto Valentín de Foronda o la Fundación Fernando Buesa.

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Ese es uno de los grandes peligros que corremos ahora: que se pase página sin haber leído antes las anteriores. Sería un grave error, pues precisamente hay que hacer lo contrario. El conocimiento de lo ocurrido evitaría que vuelva a ocurrir en un futuro. Es decir, bajo mi punto de vista, el conocimiento es la mejor vacuna contra los mitos, el fanatismo y el odio, que son el caldo de cultivo de la violencia.

Santiago de Pablo, Historiador «No hay que manipular los hechos con fines políticos»

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Los historiadores siempre decimos que los hechos son complejos y requieren matices. Pero en el caso de ETA, con independencia de sus orígenes durante el franquismo y su evolución histórica concreta, pienso que ha sido lo peor que le ha ocurrido al País Vasco en las últimas décadas. Tanta injusticia, tanta violencia, para nada, cuando en la Transición (hoy tan denostada por algunos) se actuó con generosidad para integrar a los etarras. Espero que perdure el relato de su historia real aunque, viendo el empeño que tienen sus seguidores en 'blanquear' su historia y el ejemplo de otros conflictos, no soy demasiado optimista.

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Hay dos caminos, que a veces se entrecruzan, pero son distintos, y ambos clave. Por un lado, la Historia, el conocimiento histórico, basado en fuentes y lo más ajustado posible a la realidad de lo que ha pasado en estos años. Por otro, la Memoria, las políticas públicas de memoria, que se basen en esa historia y por tanto que no manipulen los hechos con fines políticos. En ambos casos es importante no mezclar, no meter todo en el mismo saco, no igualar la violencia de ETA con otras cosas (malas, pero distintas) que han ocurrido en este país.

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En ocasiones, sí, pues se ha considerado que el silencio y el olvido sería el precio a pagar por el final del terrorismo. Y no hay que irse muy lejos. Basta recordar la disolución de ETA Político-Militar en 1982, con la 'reinserción' total de sus militantes, mientras no había ni un solo gesto hacia sus víctimas, ni un reconocimiento, nada. Entonces aún no había llegado el tiempo de las víctimas; ahora esto sería impensable. Y en cualquier caso, creo que es un precio que no merece la pena pagar, pues significaría en el fondo dar la razón a los terroristas.

Manuel Montero, Historiador «Debe quedar un relato que repudie a ETA»

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Al margen de los crímenes que están en el haber de ETA, ha sido una de nuestras grandes lacras, que ha condicionado, para mal, la historia. Afectó gravemente a la transición, a la construcción de la autonomía y la democracia, por la presencia de un grupo terrorista que la quiso combatir y la condicionó y que además impulsó el fanatismo social, con valores situados en las antípodas del pluralismo, la tolerancia y los derechos humanos. Debería quedar un relato democrático de los años del terror, que repudie a ETA y a los motivos por los que actuó. No puede asegurarse que sea ese el relato que quede, por las tendencias a buscar la equidistancia, a mirar hacia otro lado incluso a posteriori, o a asumir la fantasía terrorista de una guerra de dos bandos. La imagen que quede es una tarea colectiva, pero no hay muchas razones para ser optimistas.

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¿Qué hacer? Sobre todo recordar, difundir los valores democráticos, sostener públicamente el valor de las víctimas y la ignominia del terror. Explicar que ha sido una lacra histórica. Y, sobre todo, no caer en la tentación de hacer como si ETA no hubiese existido, que es aproximadamente donde estamos. La victoria sobre ETA exige también combatir actualmente la imagen glorificadora que la organización terrorista intenta difundir en estos momentos, más o menos afirmando que salvó al Pueblo Vasco de su desaparición, una interpretación aberrante y que olvida, además, a las víctimas que causó. Resulta imprescindible recordarlas, para que nunca vuelva a suceder una barbaridad semejante.

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En propiedad, aquí no ha habido un conflicto, si se entiende como tal un enfrentamiento entre dos bandos, sino el acoso terrorista a la sociedad, que generó miles de víctimas, entre ellas casi novecientos muertos. Es imposible superar dignamente este drama histórico olvidando a quienes lo sufrieron. No ha sucedido nunca, en ningún sitio. De los olvidos suelen emerger los fantasmas del pasado, tarde o temprano. No hubo un conflicto o una guerra, solo la agresión a la sociedad vasca y a la convivencia. Únicamente el recuerdo de las víctimas impedirá que pueda repetirse la barbarie del último medio siglo. De lo contrario, podría quedar la especie de un combate ideológico, no de la secuela de crímenes que azotó al País Vasco.

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