Puigdemont, Uxue Barkos y Ximo Puig, en la primera fila

Los periodistas empiezan a copar puestos en la política de vanguardia en todos los partidos políticos

A. V. SAN SEBASTIÁN.

La profesión de periodista ha irrumpido en la primera línea del mundo de la política, destino frecuente hasta hace pocos años de licenciados en Derecho, Ciencias Políticas o Económicas. Y ha entrado con fuerza y no solo en el País Vasco. Puede que resulte difícil imaginar a algunos de los actuales responsables políticos sentados en una rueda de prensa o entrevistando a quienes han sido luego sus rivales electorales. Sí, es complicado pensar en Ximo Puig, Carles Puigdemont o Uxue Barkos en el ajetreo de una redacción, pero cada vez es más sencillo ubicar detrás del atril de los discursos a quienes no mucho antes estaban delante, micrófono en mano, buscando el 'canutazo' de turno, las declaraciones más novedosas.

Porque los presidentes de la Comunidad Valenciana, Cataluña y Navarra, por este orden, tienen algo en común: han sido periodistas. Y en distintas entrevistas han definido la idoneidad de la profesión para ejercer luego el mando. «Haber sido periodista antes que político ayuda a comprender al que está al otro lado y a saber que sin comunicación no hay política», ha afirmado Puig en alguna ocasión, a la par de explicar que haber ejercido esta profesión implica entender que «no hay preguntas impertinentes» y que «el periodista no es el enemigo».

Sus carreras

Los tres empezaron su andadura casi a la par, a primeros de los 80, justo cuando Andoni Ortuzar hacía sus pinitos en Deia. Puigdemont arrancó en el diario El Punt, Puig en el periódico Mediterráneo, Barkos en RNE y después como cabeza visible de ETB en la que luego coincidiría con el propio Ortuzar y con Maddalen Iriarte.

El actual presidente catalán dirigió la Agencia Catalana de Noticias y Puig fue director de comunicación del que fuera presidente valenciano, el socialista Joan Lerma. Así que otro aspecto en común, independientemente del tiempo que hayan dedicado al periodismo, es que poseen unos currículos polivalentes.

El tránsito del periodismo o la comunicación a la política es cada vez más frecuente y aparece por todos los partidos: en Ciudadanos, por ejemplo, la diputada alicantina Marta Ruiz, y en Podemos, Noelia Vera, que ha sido máster en la agencia Efe. En el PP está el caso de la portavoz adjunta del grupo en la Asamblea de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.

A ella le gusta relatar que la atracción por la política y el periodismo le viene de pequeña (a los ocho años escribió una carta a Felipe González) y que cultivó su predilección en la universidad, época durante la que trabajó en publicaciones locales, de «distrito».

Qué les dejará la política si vuelven a una redacción es ya un futurible, aunque Puig lo tiene claro: «Un montón de fuentes a las que poder llamar».

Porque creen que siguen siendo periodistas, que algún día volverán, puede que no a una redacción, pero sí como articulistas de opinión, como dice Javier de Andrés. Es posible, pero son pocos los profesionales que acaban comprando el billete de vuelta. Luis Herrero, tras ser eurodiputado del PP, y Ferrán Bono, al cabo de unos años como diputado nacional del PSOE, son algunas excepciones. O Martin Garitano, de EH Bildu, de vuelta a su trabajo de periodista tras ser diputado de Gipuzkoa durante cuatro años.

Expertos sin titulación pero con rodaje en el tema creen que la llegada de los periodistas a los gabinetes de asesoramiento de los políticos supuso que su forma de ver las cosas y de afrontar el trabajo hiciera que los jefes les animaran a cruzar la barrera y colocarse en primera línea. Fue el caso de Javier de Andrés, Gari Mujika o Marisol Garmendia, y el de otros que, por alguna razón, deslumbraron a los políticos para los que trabajaban.

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