Puigdemont se prepara para proclamar la secesión como respuesta al 155

El president de la Generalitat, Carles Puigdemont, salía ayer tarde del Palau después de mantener una reunión con los consellers. / QUIQUE GARCÍA / EFE

El jefe del Govern de la Generalitat reconoce que el 10 de octubre no hubo DUI, pero amenaza con votar la independencia

CRISTIAN REINOBARCELONA.

Diez días después de que el presidente de la Generalitat no se atreviera a quemar todas las naves en su ya célebre comparecencia del 10-O, la declaración unilateral de independencia vuelve a estar en el centro del debate del proceso soberanista catalán, lo que dificulta aún más el inicio del diálogo entre las dos partes.

Carles Puigdemont amenazó ayer con una DUI, en la respuesta por carta que dio a Mariano Rajoy, la segunda de la semana y que replicaba el ultimátum lanzado por el presidente del Ejecutivo central antes de poner en marcha el artículo 155 de la Constitución para intervenir la autonomía. «Si el Gobierno del Estado persiste en impedir el diálogo y continuar la represión, el Parlamento catalán podrá proceder, si lo estima oportuno, a votar la declaración formal de independencia que no votó el 10 de octubre».

Con esta frase, muy criticada por la CUP, ya que a su juicio rezumaba el viejo aroma convergente de decir las cosas con ambigüedad, Puigdemont reconoció que no hubo votación y, por tanto, no se produjo una declaración formal de la independencia. Pero a su vez lanzó una advertencia en toda regla al Ejecutivo central para que se siente a dialogar, deponga la «represión» y frene el 155. Porque, de lo contrario, se encontrará con una proclamación de independencia votada de manera solemne por la Cámara catalana, lo que lleva pidiendo la CUP desde hace semanas y que tanto pavor ha producido entre las empresas, que se están marchando de cien en cien de Cataluña y que si no se consumó hace diez días fue por la intervención de última hora del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

Puigdemont, respaldado al 100% por su partido el miércoles, aclara no obstante en la misiva que es la Cámara catalana quien debe proceder a la proclamación y los grupos parlamentarios son los que tienen que ponerse de acuerdo. En este caso Junts pel Sí y la CUP, que ayer multiplicaron los encuentros para buscar la fórmula para, esta vez sí, el día D de la independencia. En cualquier caso, señalaron que el formato dependerá de la decisión que adopte mañana el Consejo de Ministros. Es decir, que las fuerzas secesionistas adaptarán la declaración y la harán más o menos potente, en función del nivel de aplicación del 155.

Aun así, la CUP presiona para que sea una «proclamación» formal de la república, el formato habitual utilizado por otros países y su apuesta es que se produzca «cuanto antes», bien este fin de semana o en un pleno para la semana que viene, justo antes de que el Senado ponga en marcha de manera oficial la intervención. Desde Junts pel Sí, en cambio, son partidarios de medir bien los tiempos. Podría ser, eso sí, en un pleno monográfico o en un debate de política general, donde la DUI se votaría en forma de propuesta de resolución. Puigdemont habló en su última carta de «votar una declaración formal de independencia», pero desde el PDeCAT, el miércoles tras el consejo nacional, y desde ERC, ayer a través de su portavoz, se expresaban en términos de «levantar la suspensión» de la declaración de independencia del pasado 10 de octubre y hacer efectivo el mandato del 1-O, poniendo en marcha la ley de transitoriedad jurídica y el proceso constituyente, que, según la hoja de ruta de los independentistas, contempla elecciones en seis meses.

Contradicción soberanista

La amenaza lanzada por Puigdemont, en cualquier caso, pone en un compromiso a los independentistas, que llevan semanas afirmando que no es necesario que el Parlamento catalán vote una declaración de secesión, porque quien lo hizo fue «la gente» el 1 de octubre en las urnas. Esto es además lo que afirma la ley del referéndum, anulada por el Tribunal Constitucional, pero que para los secesionistas está plenamente en vigor. La fórmula está aún por definir, por tanto, pues no hay que olvidar que en vísperas del pleno del 10-O, los independentistas anunciaban que habría proclamación de la república o declaración formal de la independencia, «es casi lo mismo», decían en la CUP, y al final lo que hubo fue un anuncio del presidente de la Generalitat que asumía el «mandato de que Cataluña se convierta en un estado independiente en forma de república» y acto seguido «propuso suspender la declaración de independencia», cuando ni siquiera se había producido.

En su carta de ayer, Puigdemont reconoció implícitamente que el día 10 no hubo declaración de independencia, aunque no lo hizo de forma explícita, porque hubiera supuesto «rendirse», según Turull, a las exigencias de la Moncloa. El president rebajó en cualquier caso el tono respecto a la misiva del lunes, trató de ganar tiempo y traspasarle toda la presión a Rajoy, que estos días tiene que justificar ante sus homónimos europeos la aplicación del 155. En el independentismo insisten en llamar al diálogo, aunque son apelaciones más de cara a la galería. Ayer nada se habló de elecciones, pero la sombra de esta opción es cada vez más alargada.

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