Puigdemont no aclara si va a volver

Puigdemont interviene en un mitin de Junts per Catalunya a través de una videoconferencia en la pasada campaña electoral catalana. / EFE
Puigdemont interviene en un mitin de Junts per Catalunya a través de una videoconferencia en la pasada campaña electoral catalana. / EFE

El expresident catalán no despeja la incertidumbre ni revela sus planes pero asegura que el discurso de fin de año de 2018 se hará desde el Palau de la Generalitat y no desde Bruselas

P. DE LAS HERAS / J. ARTOLA BARCELONA.

El expresident de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, no aclaró ayer sus planes ni desveló si regresará a España para presentarse a la sesión de investidura como candidato a repetir en el cargo. En un discurso de fin de año emitido a las nueve de la noche por Internet, Puigdemont se limitó en un tono de ambigua resistencia a reivindicar la legitimidad de su autoridad, negó validez a la aplicación del artículo 155 de la Constitución y emplazó al presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, a aceptar los resultados de las elecciones autonómicas del pasado 21 de diciembre y, en ese sentido, a asumir el escrutinio y el triunfo de las opciones independentistas que obtuvieron una mayoría absoluta de escaños, no así de votos, en los comicios.

En tal sentido, Puigdemont instó a Rajoy a que, ya que presume de ser un demócrata ante la Unión Europea, acepte con todas las consecuencias el mandato popular de los ciudadanos de Cataluña emanado de las urnas en los últimos comicios.

Puigdemont reflexionó también en su mensaje de fin de año sobre la estrategia de Rajoy que, a su juicio, ha pretendido en Cataluña «una solución rápida e indolora» ante los socios de la Unión Europea, «un remedio milagroso que resolvería el pleito catalán antes de Navidad: supresión de las instituciones catalanas legítimas y democráticas, intervención de la Generalitat, convocatoria exprés de las elecciones al Parlament y victoria electoral de los partidos constitucionalsitas que formarían un gobierno autonómico dócil y conformista».

El expresident catalán también se preguntó en el discurso «de qué ha servido tanta represión» y «de qué ha servido perjudicar al pueblo de Cataluña con tanta parálisis con el artículo 155, de qué ha servido provocar tanto dolor a las víctimas de la violencia del día 1 de octubre, a los miembros del Govern, a la mesa del Parlament, a los alcaldes, a los líderes sociales, a a los bomberos, maestros y policías que han desfilado por los juzgados o han de temer por una delación ideológica? ¿Es esta la propuesta española para Cataluña?».

En un mensaje claramente enrocado en una posición de víctima de una persecución jurídica, el expresident emplazó a Rajoy a abrir una «negociación política» con las legítimas instituciones catalanas, denunció la persecución a la que se ha sometido desde el Estado a las mismas así como su intervención en aplicación del artículo 155. También volvió a censurar la actuación policial del pasado 1 de octubre, que calificó como «una vergüenza», y se solidarizó con «los presos políticos» que están en las cárceles «por sus ideas», en alusión a los cargos públicos encausados por supuestos delitos de sedición y rebelión por parte del Tribunal Supremo.

Los valores de la república

En una intervención figuradamente «institucional», y difundida a través de redes sociales, Puigdemont se mostró más ambiguo tanto en lo que se refiere a su hipotética vuelta a España como en lo que afecta a sus eventuales objetivos de gobierno. El cabeza de lista de JxC defendió que, con las elecciones del 21 de diciembre, «sin violencia ni represión», Cataluña ha demostrado ser un «pueblo democráticamente maduro que se ha ganado el derecho a constituirse en una república de hombres y mujeres libres». También cerró su discurso con una apuesta por un año 2018 «de progreso» en armonía con «los valores fundacionales de la república: libertad, igualdad y fraternidad».

Mientras el secesionismo intenta aclararse, la líder de Ciudadanos observa. Inés Arrimadas insistió ayer en que, de momento, no dará un paso adelante para intentar la investidura y, frente a los reproches del PP y PSOE, que le acusan de frustrar a los constitucionalistas. Arrimadas defendió su estrategia de ir trámite a trámite y reclamó «tranquilidad».

Su objetivo principal ahora es conseguir para su grupo, el más votado y más numeroso del Parlamento, la Presidencia de la Mesa. «Luego se verá qué hacen los partidos separatistas, porque sus candidatos -recordó- están huidos de la justicia o inhabilitados políticamente para gobernar».

El control de la Mesa de la Cámara puede resultar fundamental en el escenario político catalán. El pasado mes de septiembre, bajo el mandato de Carme Forcadell, dio validez a las leyes que sustentaron el proceso soberanista a pesar de que los propios letrados del Parlamento advirtieron de la ilegalidad del proceso. Y ahora tener también un papel decisorio. Sobre todo en el arranque de la legislatura y en la posible investidura de Puigdemont. Aunque todos los juristas insisten en que el expresidente solo puede ser investido si vuelve de Bruselas, los secesionistas creen que el actual reglamento permite una toma de posesión telemática. O en todo caso, apuestan por modificar la normativa interna para hacerlo posible. En uno u otro caso, la decisión definitiva recaería en la Mesa.

Durante una rueda de prensa en Jerez de la Frontera, su tierra natal, la líder de Ciudadanos admitió que la constitución de este órgano es «un hito muy importante» del que va a depender en buena medida el futuro de la Generalitat, y subrayó que Ciudadanos tratará de «evitar las barbaridades» de la anterior legislatura».

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