35 años del primer homenaje público a dos víctimas de ETA

Homenaje a los dos guardias ciiviles asesinados en la estación de Irun./POSTIGO
Homenaje a los dos guardias ciiviles asesinados en la estación de Irun. / POSTIGO

Irun tributó el 30 de diciembre de 1982 una ofrenda floral inédita en Euskadi a dos guardias civiles asesinados la víspera por la banda terrorista

A. GONZÁLEZ EGAÑA San Sebastián

Los guardias civiles Juan Manuel García Mendía y Manuel López Fernández realizaban las habituales labores de inspección de vagones en la estación de Renfe de Irun cuando varios miembros de ETA les acribillaron a tiros. Era 29 de diciembre, un miércoles como otro cualquiera de hace 35 años. Desde aquella mañana, estos dos agentes ocupan los dos últimos puestos en la lista de asesinados por la banda terrorista en 1982. Ese año ETA sumó 36 crímenes, una quincena de ellos fueron cometidos en Gipuzkoa. Al día siguiente del atentado, tras el funeral por el alma de los dos agentes, en un acto sin precedentes en Euskadi, las autoridades, encabezadas por el ministro socialista José Barrionuevo, acudieron al lugar del crimen, donde en presencia de casi un millar de personas se realizó un emotivo homenaje.

Cuando el reloj marcaba las 7.45 de la mañana, los dos agentes de la Guardia Civil, separados por apenas diez metros el uno del otro en el andén número 6 de la estación irunesa, revisaban un tren de mercancías que había llegado poco antes. En ese momento, el lugar estaba muy concurrido, ya que una nube de viajeros acababa de descender de un tren francés. De pronto, por uno de los pasos subterráneos que comunican los andenes y, desde la misma boca del túnel, los terroristas dispararon con dos metralletas. Juan Manuel García, que era el que estaba más cerca de los miembros de la banda, murió en el acto tras recibir tres impactos de bala en la cabeza. Manuel López Fernández cayó entre la vía y el andén con tres impactos en el pecho. Tras recibir las primeras atenciones de otros agentes que se hallaban en la estación, Manuel López fue trasladado en una ambulancia de la Cruz Roja a la Residencia Nuestra Señora de Aránzazu de San Sebastián.

Los facultativos que le atendieron se disponían a iniciar una complicada operación para intentar salvarle la vida, cuando Manuel falleció apenas cinco minutos después de su llegada al centro hospitalario. Un socorrista que acompañó al agente en la ambulancia fue quien escuchó sus últimas palabras, un desgarrado “que me asfixio... que me muero”.

El entonces ministro de Interior José Barrionuevo, durante el homenaje; el traslado de los féretros, y el propio Barrionuevo consolando a los allegados de las víctimas del atentado. / POSTIGO

Aprovechando la confusión y el pánico que se suscitó al escuchar el tiroteo, los asesinos huyeron en un Ford Escort, robado una hora antes a punta de pistola en San Sebastián. En el lugar del atentado se recogieron 16 casquillos de bala del calibre 9 milímetros parabellum marca FN. Una de las balas llegó a atravesar el cristal de la puerta de la consigna, sin que alcanzara a nadie.

Liberación de Orbegozo

Cinco horas después del crimen, se instaló la capilla ardiente en el Gobierno Civil de San Sebastián. Al día siguiente se celebró en el Gobierno Civil el funeral por el alma de los dos guardias civiles asesinados. Tras el funeral, las autoridades asistieron a un homenaje en el lugar donde cayeron los dos guardias civiles, presidido cubierto por una gran bandera y con el suelo sembrado de claveles amarillos y rojos. Con una solemnidad nunca vista antes en público, el homenaje empezó con el toque de oración interpretado por la Banda de Cornetas y Tambores del Regimiento Sicilia. A continuación se hizo una ofrenda floral.

El ministro ensalzó los “trabajos y desvelos de las Fuerzas de Seguridad en el País Vasco” y anunció que acababa de ser liberado, por agentes del mismo cuerpo que enterraba a dos compañeros, el industrial guipuzcoano Saturnino Orbegozo, tras cuarenta y seis días de cautiverio desde que fue secuestrado en Zumarraga. En el momento de la liberación fueron detenidos Gregorio Martija e Ignacio Odriozola, los dos individuos que vigilaban al industrial de 69 años de edad, en una cabaña en la localidad navarra de Donamaria.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos