La ponencia abordará el 7 de febrero el método de trabajo para el nuevo estatus

Los grupos parlamentarios se reunieron por última vez en la ponencia de autogobierno el pasado 20 de diciembre./IGOR AIZPURU
Los grupos parlamentarios se reunieron por última vez en la ponencia de autogobierno el pasado 20 de diciembre. / IGOR AIZPURU

Se decidirá la persona que sintetizará en un único texto los proyectos de los distintos grupos parlamentarios

AINHOA MUÑOZSAN SEBASTIÁN.

La ponencia de autogobierno ya tiene fecha para arrancar el año. El próximo 7 de febrero se retomará la actividad de este foro parlamentario cuyo objetivo máximo es sentar las bases de un nuevo estatus jurídico-político para Euskadi. Se trata de una fecha clave, ya que ese día se abordará, previsiblemente, el método de trabajo que se llevará a cabo en próximas fechas.

De momento, las distintas formaciones, que se reunieron en la ponencia de autogobierno por última vez el pasado 20 de diciembre, tienen de plazo hasta el 31 de este mes para concretar en un documento individual sus aportaciones para la reforma estatutaria. Será entonces, el 7 de febrero, cuando realicen una exposición inicial de cada proyecto en el seno de la ponencia.

31 de enero
Los grupos tienen este día como límite para concretar en un documento sus aportaciones para la reforma estatutaria.
7 de febrero
Los partidos expondrán sus propuestas y, posteriormente, decidirán quién será la persona encargada de realizar la labora de síntesis y redactar un documento base de consenso.
Ocho mese de plazo
Será el tiempo previsto para redactar las bases del nuevo Estatuto vasco.

Una vez los partidos expongan su boceto estatutario frente al resto de formaciones con el fin de contrastar y ver qué coincidencias existen de cara a pactar las bases del nuevo estatuto vasco, los integrantes de este foro abordarán el siguiente paso: determinar cómo se recopilan todas las propuestas y quién será la persona encargada de realizar la labor de recomposición. Es decir, de sintetizar, articular y redactar un único documento de consenso extraído de las diferentes propuestas de los grupos parlamentarios.

La propuesta del PNV es que sea la propia presidenta de la ponencia de autogobierno, la jeltzale Jone Berriozabal, la encargada de redactar este texto. Y aunque todo apunta a que, efectivamente, será Berriozabal quien se encargue de esta labor, la decisión la tendrían que avalar los grupos parlamentarios. Si el resto de formaciones presenta una alternativa distinta, es probable que el devenir de la ponencia se alargue, ya que se emplazarían a una nueva reunión.

El calendario posterior aún está en el aire y todavía no hay fechas cerradas, pero desde el Gobierno Vasco confían en que este primer paso, el de compilar en un único texto las propuestas de todos los grupos, culmine en el primer trimestre del año.

Un borrador, ¿con expertos?

Una vez finiquitado este primer paso, la ponencia deberá decidir cómo se elabora un borrador que contenga las bases y los principios del nuevo estatus.

El Gobierno de Iñigo Urkullu descarta casi por completo que la ponencia encomiende al Ejecutivo de PNV y PSE la redacción de este borrador. Por lo que, previsiblemente, los partidos encargarán a un grupo de expertos juristas o una institución de «reconocido prestigio» la tarea. Estos dispondrán de un margen cercano a los ocho meses para concretar un texto articulado y redactar así los cimientos del nuevo estatuto autonómico. Y encomendar este trabajo a un agente externo, en principio, no levanta reticencias.

Este periodo de tiempo, además, servirá para abrir un proceso participativo social. Ocho meses en los que los ciudadanos que así lo deseen podrán aportar sus propias ideas al borrador del Estatuto. El cómo será otra tarea por determinar, pero ya hay propuestas, como utilizar la plataforma ADI! del Parlamento Vasco, un foro en el que los ciudadanos pueden proponer, debatir o divulgar «las leyes que rigen» Euskadi.

A partir del próximo 7 de febrero arrancará así toda una odisea que calibrará hasta qué punto son capaces las distintas formaciones de alcanzar un mínimo consenso que abra finalmente la puerta a una reforma del Estatuto de Gernika.

De momento, y a tenor de las últimas declaraciones de los diferentes partidos, impera la predisposición al optimismo. Aunque la realidad es más cruda, y tejer puntos de encuentro no parece, hoy por hoy, una tarea sencilla de alcanzar, ya que este proceso «necesita de mayorías amplias» y «mucha cintura política», aseguran fuentes parlamentarias.

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