«El papa Francisco es uno de los mayores regalos que el Espíritu Santo ha hecho a la Iglesia desde el Concilio Vaticano II»

Jorge Sainz
JORGE SAINZ

- Este año se han cumplido 60 años desde que se ordenó sacerdote. ¿Imaginaba en aquel momento una trayectoria como la que ha tenido en el seno de la Iglesia?

- Un recién ordenado vive intensamente su presente. Servir pastoralmente a una parroquia y dedicarme especialmente a los jóvenes era mi pasión de seminarista. No se me pasó por la cabeza mi futuro ulterior con todas sus responsabilidades y complicaciones.

- ¿Cuál es su mejor recuerdo de sus sesenta años de sacerdocio?

- El trato humano y espiritual confiado y profundo con muchos sacerdotes de diferentes latitudes próximas y cercanas y el servicio que les he prestado.

- ¿Cambiaría algo de lo que ha hecho?

- Bastante. En mis primeros años de cura, la moral aprendida que aplicaba era rigurosa, aunque suavizada por un trato afectuoso, a veces excesivamente controlador. En los primeros años de obispo, un ardor impetuoso, a veces impaciente. Hoy cuidaría con más esmero la atención a las víctimas, sobre todo a las más olvidadas.

- ¿Qué recuerdo le deja su paso por la diócesis de San Sebastián entre 2000 y 2009?

- No todos fueron años fáciles. La crisis religiosa era creciente y los recursos para afrontarla, decrecientes. La situación política, incandescente. El proceso de pacificación, paralizado. Tuve, eso sí, unos magníficos colaboradores cercanos. El primer año y el último no se me hicieron fáciles. Los demás fueron más gratos y llevaderos.

- ¿Qué le hubiera gustado hacer en esa etapa sin que finalmente pudiese hacerlo?

- Fortalecer y renovar el Seminario implicándome más en él, y contribuir más eficazmente a la pacificación.

- ¿De qué tarea se siente más satisfecho?

- Del centenar largo de grupos de lectura creyente y orante de la Biblia y de las veintidós unidades pastorales puestas en marcha.

- Ahora reside en Bilbao. ¿Cuál es su experiencia vital en esta etapa de su vida? ¿Cómo ocupa su tiempo?

- Es rica. Vivo con doce curas en una amplia casa parroquial. He escrito bastantes libros (uno, sobre la reconciliación). He ofrecido muchos servicios pastorales a diócesis de España, Portugal y Latinoamérica. Recibo frecuentes visitas de curas y laicos que quieren confortar su vocación y su fe. Tengo más tiempo y sosiego para orar. No me imaginaba una jubilación tan dichosa.

- ¿Está en crisis el sentimiento religioso y la propia Iglesia?

- Sí. Pero la crisis es más global. Afecta a toda la sociedad. Es ideológica, cultural y social. Estamos en un cambio de época. La Iglesia no puede ser un ‘Mar de los Sargazos’ en este período agitado y confuso. La crisis propiamente religiosa es más europea que mundial. En Europa occidental la vivencia de la fe se ha amortiguado sensiblemente. El crédito moral de la Iglesia ha bajado enteros. Mientras tanto, la fe cristiana y la Iglesia se abren sorprendentemente camino en amplias zonas de Asia, se mantiene en América Latina y EE UU, y se consolida en África.

- ¿La Iglesia está evolucionando con el Papa Francisco?

- Sin olvidar las aportaciones de sus antecesores, el papa Francisco es, a mi juicio, uno de los mayores regalos que el Espíritu Santo ha hecho a la Iglesia desde el Concilio Vaticano II. Y un estímulo para el mundo. Espero que nos lo mantenga el tiempo suficiente para que el camino que él va abriendo sea irreversible y para que la ‘nieve vaticana’ vaya bajando de la ‘montaña al valle’ de muchas comunidades e instituciones eclesiales que necesitan purificación, reorientación evangélica y renovación apostólica.

- ¿Cuál debería ser la función social prioritaria de la Iglesia en el mundo actual?

- Anunciar a Jesucristo, su mensaje y su proyecto liberador y salvador con obras y palabras… Y, entre las obras, hacer efectiva su predilección por los marginados y excluidos y su opción por la paz entre las personas, las familias, los grupos y los pueblos.

- ¿Cuál debería ser la actitud y respuesta de la Iglesia ante el creciente proceso de secularización que se observa en las sociedades desarrolladas?

- Proponer y practicar con sencillez, valentía y voluntad de servicio, sin orgullo y sin complejos, los valores alternativos a aquellos que la secularización más ha olvidado: la esperanza, la justicia solidaria con los pueblos pobres, el valor intangible de la vida humana en todos sus estadios, y la apertura a Dios, que es el mayor amigo del hombre.

- ¿La escasez de vocaciones sacerdotales puede repercutir en el futuro de la Iglesia?

- Por supuesto, el déficit de vocaciones sacerdotales (fenómeno europeo no sufrido en otros continentes) debilita el vigor de las comunidades cristianas a las que ellos convocan con la Palabra de Dios, congregan con la Eucaristía y aglutinan y orientan con su servicio. Pero hay algo que el Señor nos quiere recordar a través de esta crisis: que los seglares forman parte activa y corresponsable de la Iglesia para robustecerla por dentro y sembrar valores humanos y cristianos en la sociedad. Curas y obispos hemos reconocido esta vocación todavía solo a medias en la práctica.

- ¿Cree que la Iglesia necesita adecuar su magisterio para acercarse más a la sociedad y sumar feligreses?

- Podar los árboles es necesario para que su fruto sea de calidad. La Iglesia es hoy un árbol demasiado frondoso. Ha de podar aquellas mentalidades, costumbres y leyes que oscurecen la percepción del tronco y de las ramas principales del mensaje de Jesús. Transparentar más límpidamente el mensaje de Jesús es más importante que ‘sumar’ feligreses, que siempre serán bienvenidos. Mejor: hemos de buscarles, no esperar a que vengan.

- ¿Cómo valora el papel de la Iglesia al afrontar las consecuencias de una profunda crisis económica que ha castigado y empobrecido a tantas personas y familias?

- Una preciosa Carta Pastoral de los actuales obispos del País Vasco iluminó la crisis, desveló sus causas, y propuso actitudes morales ante ella. La Conferencia Episcopal anduvo un poco más remisa, pero acabó publicando una buena pastoral colectiva. Caritas se volcó en todas las diócesis. Muchos creyentes fueron generosos. La magnitud de la crisis desborda las posibilidades de la Iglesia y todavía sigue costando a gobiernos e instituciones enjugar sus consecuencias. Pero hemos de seguir en la brecha. Nunca se hace todo lo posible. Es necesario que nosotros vivamos con un poco menos, para que muchos otros vivan con un poco más.

- ¿Actúa la Iglesia de forma adecuada en los casos de abusos a menores detectados en su seno?

- En general, sí, aunque con retraso. Esta reacción ha sido liderada, ante todo, por los papas Benedicto y Francisco. Reconocer la verdad, colaborar con la justicia, reparar el mal causado, prevenir el futuro son exigencias del Señor, de las víctimas y de la sociedad. Con exquisito cuidado para que nada perverso se oculte y nadie inocente sea inculpado y sancionado. Intentar erradicar al máximo estas conductas absolutamente intolerables es tarea de toda la sociedad y de sus representantes legítimos. No parece que todavía estén explorándose con el debido rigor otros espacios sociales (familia, ocio, etc.) en los que se cometen la inmensa mayoría de esta clase de abusos. Ni registro un extraordinario interés mediático por desvelarlos.

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