El palacio donde Aguirre dijo que «el alma del pueblo vasco no será conquistada jamás»

Iñigo Urkullu saluda a un superviviente de la Guerra Civil. / J. BERMÚDEZ
Iñigo Urkullu saluda a un superviviente de la Guerra Civil. / J. BERMÚDEZ

El primer lehendakari advirtió en 1937 desde Trucios que «volveremos a recobrar el suelo de nuestros padres para restaurar la libertad»

M. V. SAN SEBASTIÁN.

A lo largo de este año y el anterior, el Gobierno Vasco ha rememorado unas cuantas fechas clave del primer Ejecutivo autonómico presidido por José Antonio Aguirre, en el 80 aniversario de su constitución. El acto de ayer en Trucios estuvo cargado de simbolismo, porque en esta localidad de Las Encartaciones limítrofe con Cantabria es donde se produjo la última reunión del primer Gobierno Vasco antes de que sus integrantes partieran al exilio por el avance de las tropas nacionales en la Guerra Civil. El 30 de junio de 1937, Aguirre redactó un texto que ha pasado a la historia como el 'Manifiesto de Trucios', con el que el lehendakari quiso enviar un mensaje al mundo: «El territorio habrá sido conquistado, pero el alma del pueblo vasco no. No lo será jamás», proclamó.

El tono del manifiesto era dramático porque el Ejecutivo vasco era consciente de que la victoria del bando nacional en la contienda podía acabar con la recién consagrada autonomía vasca. «He llegado con las tropas vascas hasta el límite de Euzkadi, he permanecido en ellas apreciando el temple de nuestro pueblo, cuyo espíritu jamás será vencido», explicaba Aguirre en el texto. A pesar de la inminencia de la derrota, el lehendakari aseguraba que «el Pueblo Vasco mira el futuro con ilusión; su alma nos pertenece. Nuestra conducta es la suya. Volveremos a recobrar el suelo de nuestros padres para restaurar el idioma escarnecido, la ley ultrajada, la libertad arrebatada».

A modo de despedida, Aguirre enfatizaba que «el Gobierno Vasco sigue en su puesto, lo mismo en Euzkadi que donde quiera que se encuentre. Él es el Gobierno legítimo de los vascos porque interpreta el sentir de un pueblo, que no ha sido vencido, sino temporalmente avasallado y ultrajado».

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