«El Pacto fue muy didáctico para separar la democracia de las actitudes totalitarias»

«El Pacto fue muy didáctico para separar la democracia de las actitudes totalitarias»

El exdirigente del PNV lamenta que «hoy en día sería imposible lograr un acuerdo tan amplio como aquel, aunque la situación actual es mucho mejor»

Miguel Villameriel
MIGUEL VILLAMERIEL

José Antonio Ardanza (Elorrio, 1941) es el lehendakari que impulsó el Pacto de Ajuria Enea y se mantuvo en el cargo durante sus diez años de vigencia. Al echar la vista atrás, hace un balance positivo de lo que supuso el acuerdo, aunque no oculta que estuvo rodeado de dificultades.

-¿Cuál era el contexto que vivía Euskadi hace 30 años, cuando se firmó el Pacto?

-Era un contexto complicadísimo: la tasa de desempleo estaba en el 22%, la sociedad estaba deprimida y el terrorismo golpeaba de manera brutal. Además, los partidos políticos éramos incapaces de entendernos en nada. Desde luego, vivíamos bastante peor que ahora.

-¿Qué ocurrió para que de repente fuera posible aquel acuerdo?

-Habíamos llegado a una situación tan crítica que no podíamos seguir así. O nos íbamos todos los políticos a casa ante nuestro fracaso o había que dar un vuelco a aquello. Entonces se produjo el atentado de Hipercor, que marcó un antes y un después en la historia de ETA, porque a mucha gente de HB y de todo el mundo nacionalista se le cayó la venda de los ojos y tomó conciencia de que ETA era una cuestión de puro terrorismo. Muchas conciencias empezaron a movilizarse. Junto a eso, yo recibí una llamada desde Madrid en la que me advirtieron de que empezaba a haber ruido de sables entre los militares. Solo habían pasado seis años del intento de golpe de Estado de Tejero y yo tenía muy claro que no podíamos correr ese riesgo. Por todo ello, en septiembre de 1987 fui al Parlamento para hacer una declaración clara de que el PNV no compartía con ETA ni los medios ni los fines. A partir de ahí, se empezó a vislumbrar que era posible un acuerdo más amplio con otros partidos.

-¿Cómo recuerda las negociaciones previas a la firma del pacto?

-Hubo dos fases. La primera fue una ronda de conversaciones con los partidos. En esos contactos pude comprobar que las posiciones estaban muy distanciadas. En lo que me mostré firme es en que el pacto no debía ser solo antiterrorista, sino que debía plantearse en positivo. Se trataba de un problema de normalización política, y por eso el nombre que se le dio fue el de Acuerdo para la Normalización y Pacificación de Euskadi. Tras la ronda de contactos, elaboramos un primer borrador que tratara de incluir posiciones de todos. Ahí me encontré con el elemento positivo de que Euskadiko Ezkerra lo compartía, y eso abrió un camino para avanzar. En cualquier caso, aquellas rondas iniciales empezaban a ser una pérdida de tiempo y, justo entonces, se produjo el atentado de ETA en la casa-cuartel de Zaragoza. «Señores, no podemos seguir sin un acuerdo», les dije. En la sociedad se habían generado ciertas expectativas y hubiera supuesto una gran frustración que aquello quedara en agua de borrajas. Fue entonces cuando convoqué a todos a una mesa y empezamos las conversaciones a principios de enero.

«Después del Estatuto, Ajuria Enea fue el primer gran pacto en el ejercicio de nuestra autonomía»

«El atentado de Hipercor empezó a trazar una línea contra la violencia; nosotros le dimos forma»

-¿Aún aparecieron muchas dificultades hasta el acuerdo final?

-Hubo larguísimos debates en torno al borrador que habíamos pergeñado. Y hubo dificultades, sí. El momento más difícil para mí fue la madrugada del día 12 de enero, la noche previa a la firma. Inaxio Oliveri, que representaba a EA, dijo de pronto que se levantaba de la mesa por orden de su partido. «¿Pero cómo? Si estamos prácticamente con el documento cerrado...», respondí yo. Aquella salida de Oliveri fue el momento más difícil de todo el proceso, porque además el resto de los partidos dijeron que si EA no estaba había que modificar sus aportaciones. Vamos, que todo estuvo a punto de desmoronarse. Pero algunos defendimos que lo pactado hasta entonces ya no se modificaba. Y así fue.

-¿Qué ocurrió entonces?

-Ahí el que tuvo reflejos fue ‘Txiki’ Benegas (PSE). Habíamos quedado en que la rueda de prensa de presentación del acuerdo sería el día 12 al mediodía, por lo que había cierto margen para intentar algo. Recuerdo que esa noche no pude pegar ojo y a las nueve de la mañana apareció Benegas en Ajuria Enea y me dijo que tratara de aprovechar mi buena relación con Oliveri para que EA entrara al pacto. Llamé a Inaxio y le pedí que reconsideraran su postura. Incluso le propuse retrasar la firma hasta que pudieran incorporarse. A primera hora de la tarde me llamó Oliveri para decirme: «Voy».

-¿EA fue el único partido que mantuvo la duda hasta el final?

-HB se desmarcó desde el inicio y Alianza Popular puso algunas pegas al final, porque Julen Guimón dudaba de que su partido fuera a aceptar el texto. Yo tenía una buena relación con el entonces líder de AP, Antonio Hernández Mancha, y también le llamé. Me preguntó si lo que íbamos a firmar era razonable, le respondí que sí y dio el visto bueno.

-¿Aquel pacto fue el primer gran acuerdo entre vascos?

-El primer gran acuerdo entre vascos fue el pacto estatutario, pero éste fue el primer gran acuerdo que hicimos en el ejercicio de la autonomía.

-¿Marcó una línea divisoria contra de la violencia?

-Tal vez esa línea ya se había empezado a trazar en la sociedad después del atentado de Hipercor, pero este pacto le dio forma mediante un cuerpo documentado y escrito. Fue un acuerdo muy didáctico para separar lo que supone la libertad de una democracia de los comportamientos totalitarios. La propia ETA fue consciente de esa situación y en el 88 se iniciaron algunos movimientos que fueron antesala de la tregua y las conversaciones de Argel. Aunque es verdad que todo aquello terminó como el rosario de la aurora. En aquel momento pensamos que el pacto podía conducir a ETA a un desistimiento de la violencia, pero no fue así. ETA ha perdido demasiados trenes, aunque en el año 2011 no le quedó más remedio que desistir.

-¿Por qué el Pacto de Ajuria Enea no fue más efectivo?

-Los partidos lo veían como algo positivo, pero al final todos acababan barriendo para su casa. Atravesó muchas dificultades y acabó rompiéndose en 1998, pero algunos de sus preceptos han seguido vigentes. Lo triste es que hoy en día sería imposible lograr un acuerdo como aquel. Ya no hay violencia, ya no es necesaria la pacificación, pero aún sigue pendiente la normalización. Y no veo a los partidos con mucha voluntad de llegar a un pacto integrador.

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