Pablo bajó su pulgar

Javier Roldán Moré
JAVIER ROLDÁN MORÉ

Lo nunca visto hasta ahora. Màxim Huerta pulverizó ayer todos los registros en la política española al ser el ministro más efímero de un gobierno -solo cinco días al frente de la cartera de Cultura-, y al mismo tiempo su dimisión provocó la crisis de gobierno más precoz, que se solventa con la sustitución del presentador televisivo por el gestor cultural José Guirao. Todo fue rápido. El nudo y el desenlace del caso duró tan solo hora y media, el tiempo en que se anunció la dimisión y se dio a conocer el nombre del relevista. El presidente Sánchez encajó su primer revés de calado en sus escasos días de gobierno. También de récord, aunque atajó el problema con celeridad. Sánchez es consciente de que en el devenir vertiginoso de la actual política hay que reaccionar con máxima exigencia porque la moción que tumbó a Rajoy se basó en desterrar actitudes pasivas ante los casos de corrupción que un día sí y otro también salpicaban en el parabrisas del PP.

El fraude fiscal que cometió el ya exministro de Cultura es en verdad un caso cerrado tras haber satisfecho el propio Huerta la multa con Hacienda, pero esta práctica resulta difícilmente sostenible con el ejemplo que debería mostrar un alto cargo gubernamental en lo que se refiere a esta materia tan sensible.

Aunque a primeras horas de la mañana de ayer el propio Huerta se negaba a presentar su dimisión porque se sentía inocente, hubo un momento crucial que determinó su destino final. El líder de Podemos, Pablo Iglesias, principal apoyo parlamentario del Gobierno Sánchez, bajó su pulgar al exigir su dimisión. Sus horas estaban contadas porque el líder podemita, del que depende en buena medida el futuro de Sánchez, exhibió su poder e influencia en el Ejecutivo del PSOE al dejar caer al vacío al efímero titular de la cartera de Cultura.

Huerta se empleó a fondo en una despedida muy catódica ante la prensa para defender su inocencia -llamó 'jauría' a sus críticos- pero el Twitter le perseguía al presentador desde que juró el cargo. Su última perla se desempolvó ayer: «Estar al día con Hacienda ya no se lleva». Fin de la cita, Màxim.

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