«El novio perfecto ha salido rana»

Oihana, en la Plaza Mayor de Zumarraga, junto a sus hijos y la amoña. /LOBO ALTUNA
Oihana, en la Plaza Mayor de Zumarraga, junto a sus hijos y la amoña. / LOBO ALTUNA

Vecinos de Zumarraga, expectantes ante el ingreso en prisión de Urdangarin | Pocos recuerdan haber visto al exduque de Palma en su localidad natal, donde aún hoy viven sus primos, pero la mayoría coincide en que «merece ir a la cárcel»

Macarena Tejada
MACARENA TEJADAZUMARRAGA.

Después de días y días de lluvia, el sirimiri de un miércoles de junio cualquiera no altera la rutina de los vecinos de Zumarraga, el pueblo que vio nacer a Iñaki Urdangarin el 15 de enero de 1968. El día está triste, pero la actividad en la Plaza Mayor no cesa. Una pareja aprovecha para ir a la compra antes de comer, mientras que otra pasea con sus hijos pequeños. Es un mediodía más en el pueblo natal del exduque de Palma, que ya casi tiene los dos pies en la cárcel. La noticia de su inmediato ingreso en prisión no ha cambiado el día a día de los zumarragarras. «Que cumpla su condena. Tiene que pagar por lo que ha hecho», opinan, con indiferencia, la mayoría.

Hijo del histórico militante del PNV y antiguo presidente de la Caja Vital en Vitoria, Juan Mari Urdangarin, y de su mujer, la belga Claire Liebaert Courtain, al poco de nacer su familia se instaló en Barcelona, donde pasó gran parte de su infancia. Después, a los 16 años, se trasladó a Vitoria hasta los 18, cuando volvió a la capital catalana. Entre los estudios y su frenética actividad deportiva -jugó con la selección de balonmano y participó en los Juegos Olímpicos de Barcelona y de Atlanta- nunca ha tenido el tiempo suficiente para volver a su Zumarraga natal. Los mayores le recuerdan corriendo, con la bici o incluso jugando al fútbol frente al Ayuntamiento junto a sus primos, pero «cuando eran muy pequeños». Para la inmensa mayoría, sin embargo, Urdangarin nunca estuvo en esta pequeña localidad situada en el corazón del Alto Urola.

El exduque va a entrar en prisión en cualquier momento, «y se lo merece», señala Antonia, que pese a no ser natural de Zumarraga lleva «casi toda la vida» allí. Su marido conocía bien a uno de los tíos de Urdangarin, ya fallecido, y aunque reconoce que es una familia «muy maja», tiene dudas sobre si va a cumplir la condena entera o no: «El rey emérito dijo en una ocasión que la Justicia es igual para todos. Déjeme dudarlo», subraya mirando hacia delante, en dirección a la tienda Urbe.

«El rey emérito dijo en una ocasión que la Justicia es igual para todos. Déjeme dudarlo»

Su familia nunca se ha manifestado en público sobre el caso Nóos, ha «pasado desapercibida»

Situado en el bajo de una vivienda de tres pisos en la que nació el exduque y que aún pertenece a su familia, el nombre de este comercio regentado por sus primos viene de la unión de las primeras sílabas de los dos apellidos de su padre y de sus tíos: Urdangarin-Berriochoa. Sus primos, entre ellos su tocayo y padrino de la boda con la infanta Cristina, siempre han querido «pasar desapercibidos», según cuentan en el pueblo. Nunca han mostrado su opinión sobre el caso Nóos en público, pero Antonia cuenta que alguna vez que ha hablado con ellos han admitido, en 'petit comité', que «no entienden qué necesidad tenía de hacer esto con lo bien que le iba».

Francisco, otro vecino, también se muestra expectante sobre la sentencia: «¿Qué quieres que te diga? Claro que tiene que ir a la cárcel, pero que no pretenda que le llevemos en volandas». Ibon tampoco duda de que «tiene que cumplir condena, pero esto es España y ya veremos si Urdangarin sale antes de la cárcel», apunta. Al igual que sus paisanos, Oihana cree que «el que roba tiene que pagar por ello e ir a prisión». En cualquier caso, «visto lo visto y por lo que ha ocurrido con la sentencia de La Manada, no confío mucho en la Justicia española». «Habrá que ver qué pasa de aquí en adelante y cuántos de esos cinco años cumple en prisión», reflexiona.

«Chivo expiatorio»

El silencio abunda entre los cerca de 10.000 habitantes que tiene Zumarraga. El de Urdangarin no es un tema candente en esta localidad. Ni en los bares, ni en el supermercado, ni en la peluquería. Pocos quieren hablar de esta familia. Lo mismo pasa con la sentencia del caso Nóos. «Son muy conocidos, prefiero no decir nada», se excusa una mujer mientras acelera el paso. A pocos metros, un hombre que pide no ser reconocido cruza la calle bajo un paraguas. Duda si hablar o no. Es «muy amigo» de todo el clan Urdangarin. «La Justicia tiene que hacer su trabajo, aunque a veces no funciona bien», se limita a decir. Vuelve a caminar, pero se detiene otra vez. El exduque «es el chivo expiatorio de la Familia Real», expone. Y sigue su paseo.

El zumarragarra Josetxo tampoco las tiene todas consigo. Advierte de que «es muy fácil criticar, ¿pero qué hubieras hecho tú en su lugar?», pregunta. Es de los pocos que a lo largo de la mañana han dado la cara por Urdangarin. Lo hace con ganas. «Es un tío elegante, una buena persona. Hijo de una familia luchadora y de trabajadores», argumenta. Mira a su mujer y recuerda al ya fallecido padre del exduque, Juan Mari, con quien tantas veces coincidió. Está convencido de que el hijo de ese «gran hombre» no es culpable. «La culpa de todo la tienen el rey emérito y el rey Felipe. Iñaki solo ha sido cabeza de turco», insiste.

En cualquier caso, la opinión mayoritaria coincide en que «se ha reído de todos nosotros y tiene que ir a la cárcel». «Es un chico guapo, deportista, con cara de bueno... Vivir rodeado de tanto dinero no le ha hecho bien. Es de Zumarraga, ¡que no pretenda vivir como el Rey!». Así se manifiesta Mari Jose, sin pelos en la lengua. Es de Legazpi, pero va con frecuencia a este pueblo vecino. Todo lo que rodea al caso Nóos, en general, le hace «gracia». Al final, la vida real no se aleja tanto de la de los cuentos: «El novio perfecto ha salido rana», ríe.

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