Marta Buesa, hija del dirigente socialista Fernando Buesa: «Las víctimas necesitamos un poco de paz, y actos como el de Kanbo nos revuelven por dentro»

Marta Buesa es la hija mayor del parlamentario socialista asesinado en el año 2000./IGOR AIZPURU
Marta Buesa es la hija mayor del parlamentario socialista asesinado en el año 2000. / IGOR AIZPURU

«Cuando leí el comunicado de ETA me envolvió una sensación de cansancio y hastío. Otra vez el lenguaje tramposo y manipulado»

ELISA LÓPEZSan Sebastián

El 22 de febrero de 2000 y de una manera brutal, ETA asesinó en Vitoria con una furgoneta cargada de explosivos a Fernando Buesa y a su escolta, el ertzaina Jorge Díez Elorza. Diecisiete años después, Marta, la mayor de los tres hijos del dirigente socialista recuerda aquel martes como si fuera hoy. Tenía 27 años y estaba recién casada. Para esta abogada, el acto que ayer se celebró en Kanbo para avalar el final de ETA no significa nada, «pura propaganda». El verdadero final, a su juicio, «fue cuando dejó de matar».

-ETA anunció el jueves su final definitivo. ¿Qué sintió?

-ETA terminó en 2011 cuando anunció que dejaba la lucha armada. Para mí ese fue el final. Todo lo que ha sucedido en estos casi siete años después es totalmente accesorio. ¿Y cómo me siento? Pues confieso que la semana pasada estuve algo revuelta tras el comunicado de los terroristas pidiendo perdón. Me resultó especialmente ofensivo. Pero este anuncio de ayer de 'desmovilización', o como quieran llamarlo, no significa nada .

«Yo no necesito que ETA me pida perdón, lo que sí le exijo es que reconozca el daño causado»

-¿Le dolió ese perdón 'selectivo' de ETA a sus víctimas?

-Cuando escuché la noticia de ese perdón por la radio me quedé sorprendida, pero a la vez me produjo desconfianza y recelo. Porque después de lo que le está costando a la izquierda abertzale hacer un pronunciamiento público y nítido de deslegitimación del terrorismo, ese paso de gigante de ETA me parecía asombroso. Pero cuando leí el comunicado me envolvió una sensación de cansancio y de hastío. Para mí fue un acto de propaganda. Otra vez el lenguaje tramposo y manipulado, con ese cinismo tan propio de ellos. Era particularmente ofensivo: un perdón selectivo, hiriente y cruel. Y pensé que si nos conformamos con que eso es un perdón, ¿dónde estamos poniendo el límite al respeto que merecemos? ¿Dónde queda la dignidad?

-¿Entonces no les cree cuando hablan de reconocer el daño causado?

-No es que no les crea, es que no hay tal reconocimiento. Si hablamos de un acto que implica asumir la responsabilidad del daño tan grande que ha generado ETA, que nos ha sometido al terror y a la falta de libertad, además de todos los asesinatos y secuestros durante tantísimos años, insisto, si quiere asumir esa responsabilidad necesitará un tiempo, un recorrido y un proceso personal, que tiene que venir de una reflexión y un conocimiento claro de lo que su actuación ha generado. Un conocimiento consciente de ese sufrimiento.

-¿ Y son conscientes los terroristas del dolor que han provocado?

-Creo que no. Que no son consciente de su actuación. Han ignorado la realidad, todavía no la han afrontado. Tampoco se han puesto en disposición de escuchar a las víctimas, de atender todo ese dolor. Y siempre escudándose en el conflicto. Si esto no se ha producido, ¿qué valor puede tener ese reconocimiento?

-¿Qué opina de la escenificación de ese final en Kanbo?

-Un acto más de propaganda, como lo fue el de Baiona. Si hubiera un deseo de contribuir a la paz y a la convivencia se tendría que hacer de una forma mucho más humilde y respetuosa. Y no creo que se merezcan toda la atención que están teniendo. El foco no habría que ponerlo en ellos. Las víctimas necesitamos una cierta paz y un equilibrio interior, que a veces es difícil de mantener, y este tipo de actos nos revuelven y nos tienen en vilo. Se nos pone a las víctimas en el foco por algo que hacen ellos.

-¿Y qué le parece que políticos de algunos partidos acudiesen al evento de Kanbo?

-No sé cuáles han sido las entretelas políticas, pero desde mi humilde punto de vista, ETA no se merece tanta atención, ni mediática, ni política.

-Ahora que se habla tanto del relato, ¿cuál es el que debería quedar de su padre, Fernando Buesa?

-Creo que en este sentido existen dos vertientes. Por un lado, es necesario que se construya un relato fiel a la verdad. Pero esa labor no nos corresponde a las víctimas, sino a los historiadores y expertos, que de forma objetiva, seria y científica deben recopilar y además ir tejiendo esa historia fiel a los hechos. Por otra parte, estamos las víctimas, que aportaremos nuestras vivencias. En nuestro caso, el relato que quede de mi padre será el que nosotros contemos. Y su propio relato, el de Fernando Buesa, de ser que era una persona buena, reconocida, que se llevó el cariño de la gente, que aportó su grano de arena a la paz en Euskadi. A él le encantaba lo que hacía, siempre se consideró un servidor público, que optó por quedarse en Euskadi pese a estar amenazado. Y ETA lo asesinó.

-¿Qué recuerda de aquel día?

-Yo tenía 27 años y estaba recién casada. Estábamos construyendo nuestro hogar, estaba muy ilusionada y mi padre con ganas de ser abuelo. Después de comer, fui al despacho de abogados. Escuché sirenas de policía y ambulancias... Pensamos que ese ruido había sido por una bomba. Miré por la ventana y vi una columna de humo a lo lejos, cerca de la casa de mis padres. Llamé a casa, pero no cogió nadie. Al montarme en el coche puse la radio. En cuanto escuché que ETA había puesto una bomba en Vitoria, tuve un pálpito. Fue terrible. ETA había asesinado a mi padre.

-¿Tiene miedo de que el final de ETA suponga el olvido de las víctimas?

-Desde que mataron a mi padre una de nuestras máximas preocupaciones ha sido que nunca se olvidara lo que había sucedido. Pero esto no tiene que ver con el final de ETA. Este final marca un punto por el deseo que había de que se acabara. Lo que nos ha pasado a las víctimas no se puede olvidar. Por eso tenemos la fundación, el monolito en su memoria y en la de Jorge Díez Elorza, el ertzaina que le escoltaba, los aniversarios... Hemos sido capaces de que nuestros hijos crezcan sin odio pero sabiendo lo que pasó. Es decir, han recibido una educación con la verdad y sin odio pero también sin ignorancia. Hay que partir de lo vivido para poder afrontar el dolor, interiorizarlo y trabajar por una memoria.

-¿Perdonaría a los asesinos de su padre?

-El perdón tiene dos caras. Yo no necesito que me pidan perdón, pero lo que sí exijo es un reconocimiento público de todo ese daño causado.

-¿Y si le pidieran perdón?

-No lo sé... Me tendría que encontrar en esa situación. Cuando yo pido perdón a alguien hago borrón y cuenta nueva. Pero perdonar al asesino de mi padre... No me siento capaz. Tampoco necesito que me lo pidan para estar en paz conmigo misma.

-¿Estaría a favor de acabar con la dispersión de los presos de ETA?

-No creo que como contrapartida al fin de ETA deba haber un acercamiento. Se puede cumplir y velar por los derechos humanos en prisión sin necesidad de exigir una contrapartida. Entiendo que tiene que ser muy duro tener a tu hijo preso y lejos de casa. Lo puedo comprender. Una cosa es estar cerca, pero dentro y no fuera, en la calle. Es que muchos los quieren en casa y eso no puede ser.

-Es decir, que cumplan sus condenas...

-Sí. La ley dice que el preso tiene derecho a cumplir condena cerca de su domicilio. ¡Pero cuidado! Esto se puede manipular y utilizarlo para que salgan a la calle.

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