María Teresa Castells y el espíritu del 68

María Teresa Castells y el espíritu del 68

La propietaria de 'Lagun' convirtió la librería donostiarra en un referente por la libertad en los tiempos más duros, ya fuera en la dictadura franquista o bajo el acoso de ETA

Alberto Surio
ALBERTO SURIO

Esta mujer menuda y frágil, que tantas veces hemos visto entre las estanterías de la librería 'Lagun' de San Sebastián, ha sido un símbolo de resistencia y de valiente combate por la libertad. Primero contra el franquismo. Después contra ETA. Los franquistas persiguieron a María Teresa Castells y a José Ramón Recalde, su marido, por su compromiso antifranquista. La censura de la dictadura se cebó contra los libros de su comercio de la plaza de la Constitución. Incluso ella conoció un mes de cárcel por negarse a pagar una multa impuesta por el gobernador civil del régimen. Los guerrilleros de Cristo Rey también atacaron el establecimiento en los primeros años de la Transición. Incluso se produjo un atentado ultraderechista con un artefacto que, intencionadamente o no, estaba instalado al revés. La explosión rompió muchos cristales en la plaza, pero apenas provocó daños en el escaparate.

A finales de los años 80 y durante los 90 comenzó a producirse un paulatino pero asfixiante acoso radical abertzale hacia Lagun. El hostigamiento fue in crescendo. La librería se protegió con cristales de especial grosor y con una persiana metálica. Pero en balde. La estrategia de socialización del sufrimiento decretada por la línea dura del MLNV marcaba e incluía el señalamiento de los no nacionalistas, en especial en un lugar simbólico como la plaza de la Constitución de la Parte Vieja donostiarra, que era como una especie de marco mental, un icono monopolizado por el nacionalismo radical en el que nadie podía osar a penetrar. Y quienes no seguían las consignas quedaban estigmatizados.

El acoso fue de menos a más hasta hacerlo insoportable. Comenzó con pintadas, con la rotura de cristales, con el lanzamiento de pintura en el interior, de cócteles molotov, con la quema de libros y finalizó con el intento de asesinato de José Ramón Recalde, junto a su casa en septiembre del año 2000. Un terrorista de ETA quiso asesinar al intelectual donostiarra, pero la bala, que le atravesó la mejilla, no afectó a órganos vitales y se fragmentó en la mandíbula y el cuello. En aquel momento, María Teresa estaba junto a José Ramón dentro del coche, como copiloto. "¿Qué ha sido ese ruido?", preguntó sorprendida al escuchar la detonación, sin percatarse en un principio que era un atentado. Antes de caer al suelo, Recalde pudo andar hasta la puerta de su casa y decirle a su esposa que le habían disparado un tiro, "pero que estaba bien".

Aquel 11 de enero

Recuerdo perfectamente cinco años antes, un sábado de 1996 -era 11 de enero- en el que quisieron quemar la librería. El rosario de 'incidentes' previos había sido permanente y el miedo a que ocurriera 'algo' serio era palpable. Era de noche, la Parte Vieja estaba llena de gente, fuera de los bares, y el establecimiento había sido objeto de un ataque por la tarde, aunque sin que al final estallase el cóctel-molotov, momentos antes de cerrar, a las ocho, porque los empleados lo impidieron.

El 'asalto' se produjo después de cenar, quizá entre 11.30 y 12 de la noche. Estaba en la zona de los arkupes en frente, al otro lado de la plaza. Primero rompieron los cristales, después echaron los cócteles. Se escuchó una fuerte explosión. El fuego prendió en la parte de la estantería más próxima al escaparate. Algunos de los libros que resultaron calcinados eran diccionarios de aprendizaje del euskera. Hubo jóvenes que estaban en los bares de los alrededores que fueron con baldes de agua para apagar el fuego y los autores de la 'ekintza' se alejaron rápido. Hubo gritos contra ellos y fue testigo personal de aquello. Puede que alguien hiciera amago de perseguirles un tramo, pero iban encapuchados y lograron escabullirse.

Aquellas llamas y lo que simbolizaban constituyeron un gran escándalo que provocó una enorme indignación. También se criticó la deficiente vigilancia policial. Incluso, un sector de la izquierda abertzale se sentía incómodo con la escena del ataque a una librería. Los días posteriores, 'Lagun' fue una especie de santuario de la libertad que recibió una auténtica peregrinación de amigos, que querían expresar solidaridad y adquirir libros quemados en aquella 'hazaña'. Un profesor de instituto se llevó uno, completamente calcinado, lo enmarcó y lo colocó en una de sus aulas para que sus alumnos supieran qué suponía este ataque a la libertad, propio del fascismo. La librería de la plaza de la Constitución tuvo que se protegida día y noche por una furgoneta de la Ertzaintza. Pero el atentado contra José Ramón cambió las cosas. La librería abierta en el año 68 en el mismo lugar que ocuparía la primitiva Casa Baroja cerró y se trasladó al centro, cerca de la catedral del Buen Pastor.

María Teresa fue clave en la apertura de la librería en 1968. En aquel año, tanto ella, como José Ramón y como Ignacio Latierro, el otro 'alma mater' de 'Lagun', eran militantes del FLP (los felipes), un partido de izquierda antifranquista que desaparecería en 1969. Latierro siempre ha estado orgulloso del carácter "no sectario" que ofrecían las vitrinas de 'Lagun', un reflejo de la evolución ideológica de la sociedad.

Al recordar a 'Lagun' y al evocar el coraje de María Teresa se pone de relieve las paradojas que puede encerrar la vida. Que una mujer muera atragantada en un percance doméstico tan absurdo mientras tiene en su haber la dignidad de haberse resistido siempre a cualquier tiranía y que en su propia familia ha reflejado la gran pluralidad de la sociedad vasca.

La figura de María Teresa forma parte pues de esa memoria pendiente de tantos arquitectos de la libertad que, ya fuera en el anonimato o en el compromiso público, ya fuera en su actividad profesional o en su vida privada, o en ambos registros, dieron un testimonio lúcido y discreto de una batalla frente al miedo y frente a la intolerancia. Solo con ello ha escrito el libro más auténtico.

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