Manuel Valls: «Que Francia fuera el 'santuario' de ETA pudo retrasar el final del terrorismo»

Galardonado. El exprimer ministro de Francia y exministro de Interior del Gobierno de Hollande, Manuel Valls, ayer en un hotel donostiarra. Ana Iríbar entrega el galardón a Manuel Valls./USOZ USOZ
Galardonado. El exprimer ministro de Francia y exministro de Interior del Gobierno de Hollande, Manuel Valls, ayer en un hotel donostiarra. Ana Iríbar entrega el galardón a Manuel Valls. / USOZ USOZ

«Francia y España deben compartir estrategias y colaborar de manera férrea hasta la derrota de ETA, sin cambios»

ELISA LÓPEZSAN SEBASTIÁN.

Cuando Ana Iríbar descolgó el teléfono para anunciarle que le concedía el galardón que lleva el nombre de su marido, Gregorio Ordóñez, Manuel Valls se sintió honrado y muy ilusionado. Se apresuró a empaparse de todo lo que tenía que ver con la vida de ese joven concejal donostiarra, asesinado a sangre fría y por la espalda mientras almorzaba en un restaurante de San Sebastián. Ayer, en su primera visita a la ciudad, el exprimer ministro socialista francés, nacido en Barcelona hace 55 años, se emocionó de verdad al recibir la distinción de la Fundación Gregorio Ordóñez de manos de una víctima de ETA, la organización terrorista contra la que tanto luchó en su día como ministro del Interior en el gobierno de Hollande.

-Recibe este premio por su compromiso en la lucha contra ETA. ¿Se siente halagado por este reconocimiento de las víctimas?

-Sí. Y muy orgulloso de que las víctimas me reconozcan con esta distinción. Soy muy sensible, mucho, a la palabra de las víctimas y de quienes les representan. Es un fenómeno que no teníamos en Francia. Pero ahora, por desgracia, y por culpa del yihadismo, sí lo sufrimos y tenemos víctimas de los atentados de París o de Niza. Pero también viví muy de cerca el terrorismo de ETA.

«Mi país debe apoyar la estrategia española respecto a los presos, que no debe ser política»

«En Cataluña se juega el futuro de Europa porque puede abrir la puerta al nacionalismo populista»

«Puigdemont no se ha instalado en Francia. Sabe que la Justicia allí también habría actuado»

-De hecho, fue ministro de Interior en Francia.

- Sí. Lo fui entre 2012 y 2014, en un momento en el que ETA ya no tenía la misma intensidad que en años anteriores. Cuando llegué al cargo, en un encuentro en Munich en el que coincidí con mi homólogo español de entonces, Jorge Fernández Díaz, mis primeras palabras fueron las de confirmar que Francia seguía al lado de España en la cooperación policial, judicial y política para acabar con esa lacra. Había sido nuestro compromiso desde los años ochenta y así lo seguiría siendo.

-Sin embargo, a Francia le costó reconocer que ETA también era un problema suyo.

-Sin duda. Recuerdo, como hijo de español que soy, que me dolía que Francia no entendiera lo que sucedía en España. Había muerto Franco y ya no había sitio para el terrorismo ni la lucha armada en el marco de un país democrático, que además ambicionaba entrar a formar parte del Mercado Común Europeo. Cuando Felipe González ganó las elecciones, justo a partir de ese momento, Francia tomó conciencia de que había que acabar con esa base que representaba el País Vasco francés para los etarras. Ahí empezó la colaboración y la extradición de terroristas.

-Entonces ya era un joven militante político de izquierdas.

-Sí. Eran mediados de los años ochenta, y recuerdo que devolví mi carnet de la Liga de los Derechos Humanos, una vieja asociación francesa, porque se oponía a esa extradición. Yo no lo podía entender. Pero es verdad que en una parte de la izquierda siempre hubo un cierto romanticismo respecto a la lucha armada... Aunque yo nunca fui de esa cultura romántica. No se puede matar a nadie en una democracia por razones políticas. Siempre quise que mi país colaborara y se comprometiera con la lucha contra el terror y dejara de amparar a etarras.

-¿Cuánto pudo retrasar el final del terrorismo que Francia fuera considerado un 'santuario' de ETA?

-Es verdad que lo pudo retrasar. Pero desde los ochenta, en concreto desde 1986, con la cohabitación en el Gobierno galo de Mitterrand y Chirac, esa situación cambió. La cooperación no ha cesado desde entonces.

-¿Y qué le parece el reciente anuncio del Gobierno francés de empezar a acercar presos?

-Que no puede ser una decisión política. Debe ser determinación de las administraciones de la Justicia, penitenciaria y policial. Y caso a caso. Analizar cada situación. Estoy totalmente a favor de que las decisiones unilaterales de Francia sean reflexionadas y pactadas con España. Deben colaborar hasta la derrota total de ETA, sin cambios. Mi país debe apoyar la estrategia española respecto al fin del terror y, por supuesto, respecto al tema de los presos.

-¿Entonces estos gestos de acercamiento están pactados entre ambas administraciones?

-Deben estarlo. Y tiene que haber un diálogo fluido, discreto y permanente, siempre compartiendo la misma estrategia.

-¿Qué condiciones pondría usted para acercar a los presos?

-Condiciones muy generales.

-¿Pero arrepentimiento, perdón...?

-Esto por supuesto, pero no está recogido en el Derecho francés. Soy muy prudente en este sentido porque el Gobierno de Francia no puede ni debe abordar este tema sin un pacto muy, muy estrecho con el español.

-¿Cómo debe ser el final de ETA?

-Esto depende de los miembros que todavía quedan ahí. Deben pedir perdón por los actos terroristas y por el daño causado a la sociedad española y vasca. No hay otra solución. La ciudadanía ya no soportaba más el terror, los asesinatos, la presión vivida durante tantos años. Fue terrible. Y ha sido fundamental el hecho de que Francia, como vecino, y España hayan mantenido de manera férrea esa estrategia de no negociar nunca de forma política con ETA. Por todo esto, la banda terrorista fue perdiendo poco a poco influencia política en la sociedad vasca. Y no se puede matar, ni insultar, ni se puede salir del marco de una Constitución o del Estado de Derecho sin pagar las consecuencias.

-¿Qué le pareció la actitud del Gobierno de François Hollande de facilitar el desarme de ETA?

-Yo entonces era primer ministro francés y colaboramos de manera muy estrecha con el Gobierno de España. Cualquier paso que facilitara que ETA desapareciera de una vez por todas era bienvenido. Había que hacerlo. Pero de gobierno a gobierno. Estoy absolutamente en contra de la intromisión de comisiones y verificadores internacionales. Francia y España son dos democracias, con gobiernos legítimos, y no puede haber -como han hecho en Cataluña-, llamadas a organizaciones para pactar no sé qué cosas.

El proyecto separatista

-Además de por su lucha contra ETA, también recibe el premio por su defensa del «patriotismo frente al nacionalismo...».

-Sí. Y me honra. Quiero explicar algo importante. Como hijo de español y catalán y nacido en Barcelona, pero además como dirigente político francés y europeo, observo con temor, y tal y como está hoy el mundo, que Europa podría 'salir' de la historia. Porque vivimos un momento de gran fragilidad con el impulso de grandes naciones como Japón o China, el Brexit o el auge de los populismos... Si además de todo esto se permite el separatismo y acabar con lo que yo llamo los 'estados nación' -Francia, Inglaterra y España, los más antiguos, y otros más recientes como Italia o Alemania-, estados que han sido capaces de organizar la paz y la prosperidad social y económica de Europa, correremos el peligro de que vuelvan las guerras.

-O sea que podría peligrar la fortaleza de Europa.

-Es que puede repetirse el pasado bélico de Europa. Es muy peligroso jugar con las fronteras y apostar por acabar con estos países a los que me refiero. En este momento, junto al debate catalán, ha surgido también el debate en torno a qué es ser español. Pero ser español, y lo digo con toda la modestia, es ser también catalán, vasco, gallego... porque la fuerza de España es la de ser diversa y estar unida. ¿Cuál es la fuerza de un vasco, de un catalán, o de un gallego? Es la de ser catalán, español y europeo.

-¿Como barcelonés le duele la situación que vive Cataluña?

-Claro. En Cataluña se está jugando el futuro de Europa, porque se podría abrir la puerta a todos los nacionalismos populistas. El nacionalismo es odio, guerra y separar a las familias, mi propia familia. Lo mismo que pasó aquí, en Euskadi, y que la novela 'Patria' lo refleja tan bien.

-¿Qué le pareció el libro?

-Me gustó porque relata fielmente lo que se vivía aquí día a día, entre los amigos y las familias durante tantos años de terrorismo. Refleja lo que es el nacionalismo; es pequeño, es débil, es poco generoso y es completamente excluyente. Y es lo que está sucediendo en Cataluña. Una sociedad que era muy avanzada, ¡lo que suponía la marca Cataluña! Una sociedad que se está hundiendo porque se está hundiendo el proyecto separatista. Han hecho un gran ridículo. ¿Y ahora qué?

-Como exministro de Interior, ¿en una situación como la catalana habría desplegado a la Policía para impedir el referéndum?

-Solo la idea misma de un referéndum en Francia es ya imposible. Y yo, como jefe de Gobierno y ministro de Interior, no lo hubiera permitido nunca. La idea, insisto, es impensable.

-Viajó a Cataluña con representantes europeos para defender la permanencia de Cataluña en España. ¿Europa tardó en reaccionar ante la crisis?

-Sí. Y lo dije. Tardaron en reaccionar. Aunque también es cierto que luego, Merkel, Macron o Juncker lo hicieron bien. Pero no fueron rápidos en decir claramente a los catalanes: «Si salís de España, salís de Europa». Los líderes independentistas no lo contemplaron, pensaban instalarse en la zona euro.

-Uno de los escenarios que se baraja es que Puigdemont se establezca en la Cataluña francesa. En este caso, ¿debería ser detenido?

-Creo que el señor Puigdemont no se ha instalado allí porque sabe perfectamente que por la cooperación judicial entre España y Francia, no hubiera podido quedarse porque la Justicia también hubiese actuado.

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