Maite Pagazaurtundua: «Hemos procurado que los hijos de Joseba tracen su destino y no se encadenen a la rueda del odio»

La eurodiputada Maite Pagazaurtundua, hermana de Joseba. / USOZ
Maite Pagazaurtundua, eurodiputada y hermana del jefe de la Policía Local de Andoain asesinado por ETA en 2003

La familia de Joseba Pagazaurtundua se reúne mañana en un acto de memoria en Andoain, en el quince aniversario de su asesinato

A. GONZÁLEZ EGAÑA San sebastián.
Sábado, 10 febrero 2018, 09:49

'Adiós a las penas de abril', de Suburbano, y 'Ausencia', de Imanol, volverán a sonar mañana en memoria de Joseba Pagazaurtundua, en el homenaje que cada año reúne en Andoain a familiares y amigos del militante socialista y jefe de la Policía Local de Andoain asesinado el 8 de febrero de 2003. Este año, además de su hermana, la eurodiputada de UPyD, Maite Pagazaurtundua, y Fernando Savater, intervendrá también un nieto de Fernando Múgica, el dirigente del PSE asesinado hace 22 años. En el 15 aniversario del asesinato, la hermana de 'Pagaza' explica que su familia siempre ha procurado que los hijos de Joseba «puedan trazar su destino, no estar encadenados a nada, ni tan siquiera a los hechos terribles de la persecución de su padre, a diferencia del mundo de los perpetradores que obligaban a entrar en la rueda del odio y persecución a sus hijos y entornos».

-La familia Pagazaurtundua vuelve mañana a Andoain para homenajear a Joseba. ¿Sigue pesando mucho ese momento?

-La vuelta a Andoain es una vuelta por responsabilidad cívica. Vamos porque creemos que tenemos un mensaje. El día que podamos decir que ya no es necesario volver será estupendo. Pero... Tenemos algo que decirle a Andoain, hay una reparación por hacer y nosotros tratamos de hacerlo generando una buena dialéctica con razones, con argumentos, pensando mucho las palabras. Pusimos 'el buzón de Joseba' por eso. Cada año nos planteamos qué hacemos con él y como parece que sigue siendo útil, ahí sigue.

-¿Qué recuerda del día siguiente al asesinato de Joseba, cuando las ventanas del pueblo se cerraban al paso de la manifestación de repulsa?

-Durante 15 años hemos visto una buena parte de Andoain con las ventanas cerradas y esas ventanas no las hemos podido abrir, la familia seguimos siendo unos proscritos en Andoain. Toda esa gente que cierra las ventanas no ha querido escucharnos.

-¿Cómo llevan los hijos de Joseba la ausencia de su padre?

-Somos una familia muy guipuzcoana desde el punto de vista de la contención emocional.

-¿Hablan mucho de él?

-Los mayores siempre intentamos, cuando es algo natural, hablar de Joseba y sus sucedidos. Era un policía extraordinario, veía un delito y le daba igual que fuera de terrorismo o de otra cosa. Era una gran persona, muy generoso, un gran jefe, gente muy noble y muy inteligente. También tenía un punto de audacia, de poner su deber por delante del miedo. No quiere decir que no lo tuviera porque se ve en las cartas que escribió que lo intuía, que estaban ya muy cerca sus asesinos. Pero era capaz de sobreponerse y pensar en los demás.

-¿Qué opinan de las cosas que escribía su padre?

-Son muy discretos. Y además es que salir adelante después del asesinato de tu padre, sufrir la ausencia cuando te lo han arrebatado de esa manera... Nosotros siempre hemos procurado que ellos puedan trazar su destino, no estar encadenados a nada, ni tan siquiera a los hechos terribles de la persecución de su padre. Siempre hemos procurado que las nuevas generaciones, mis hijas, los hijos de Joseba, puedan trazar su destino, a diferencia del mundo de los perpetradores que obligaban a entrar en la rueda del odio y de la persecución a sus hijos y entornos. La gran mayoría de las víctimas del terrorismo han procurado que sus hijos no entren en esa rueda de provocar dolor a otros.

-¿Cómo se siente usted 15 años después de perder a su hermano?

-Es extraño, pero todos nos guiamos por una especie de calendarios internos. Va llegando diciembre y es como que pesa, uno nota mucho más esa ausencia, lo que queda pendiente, lo que le debemos de trabajo y lo que pensamos que tenemos que hacer en Andoain. Todas esas cosas se suman, te sientes distinto y por tanto estás más vulnerable.

-¿Cuántas veces se ha repetido en su cabeza que ojalá hubiera vivido Joseba este tiempo de no violencia?

-Estaría muy contento de saber en qué cosas se ha avanzado y pelearía en primera línea por las que aún no se han solucionado. Con sus palabras se podría responder a muchos de las cosas que están pasando estos días.

-¿Ha conseguido entrar al bar Daytona, donde asesinaron a su hermano?

-No. He estado fuera más de una vez. En una ocasión hicimos allí una ofrenda y el pasado jueves Eduardo Nave realizó la fotografía para la exposición que se inauguró en San Sebastián. Hay ciertas imágenes de ese día o de días posteriores que están en mi memoria. No necesito verlo. Y además pienso en quienes regentan ese establecimiento y pienso que tienen todo el derecho a poder hacer su actividad profesional sin que sientan una presencia que no ha hablado con ellos.

-¿Les conocía? ¿Siguen regentándolo los mismos dueños?

-No lo sé. Pero en el juicio por el asesinato de Joseba hubo una testigo protegida que era una camarera accidental de aquel bar. El relato de lo que ocurrió ese día y lo que ella hizo es admirable. Nunca le hemos podido dar las gracias. Y se portó de una manera extraordinaria. Es impresionante lo que esa mujer hizo y gracias a ella se pudo resolver ese asesinato. Porque actuó con una templanza y una inteligencia que no se puede explicar.

-¿Cómo ocurrió?

-Esta mujer sirvió el café con leche a ese chico. Mi hermano estaba tomando su café concentradísimo en la lectura de los periódicos, el asesino le dispara y deja muy mal herido a Joseba. Se va y entonces ella no toca nada, no toca a Joseba, les dice a todos los clientes que salgan, lo deja todo como estaba y baja la persiana. Hay una mezcla de respeto e instinto en lo que hace. Solo deja entrar a la Policía y a los servicios de emergencias. Se llevan a Joseba muy malherido y ella dice a la Policía: 'Esa es la taza de la que ha bebido el asesino'. Entonces la custodia de ese elemento empieza perfecta, no hay contaminación ninguna. Nadie toca nada hasta que llega quien tiene que hacerlo. Esa mujer, que no sé quién es, se merece todo nuestro respeto y cariño y allí donde esté, que lo sepa.

-¿Cómo se entera usted del atentado contra su hermano?

-Estaba en Madrid porque había ido a visitar a un amigo enfermo en nombre de la familia. Cuando estaba a punto de entrar en un metro, recibo una llamada, escucho una voz conocida de una persona que no veía desde hace muchos años. Me dice: 'Maite, ¿te has enterado? Y le digo: 'Ahora, sí'. No me tuvo que decir nada más. Colgué inmediatamente y llamé a Joseba. No cogía el teléfono. Llamé a mi marido y comunicaba, llamé a mi madre y lo mismo... Como pude, entré en un taxi, volví al hotel donde me había alojado y... Estaba sola, es muy complicado contar lo que sigue... (se emociona).

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