El lehendakari apura los contactos para evitar el choque Cataluña-Estado y blindar a Euskadi

El lehendakari, Iñigo Urkullu, visitó al presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, el pasado 19 de junio./EFE
El lehendakari, Iñigo Urkullu, visitó al presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, el pasado 19 de junio. / EFE

Urkullu recela de una declaración unilateral de independencia y pide un referéndum pactado. Mantiene hilo directo con Puigdemont y Rajoy, mientras insiste en que una mediación de la UE sería positiva para lograr una «solución acordada»

Miguel Villameriel
MIGUEL VILLAMERIELSan Sebastián

«No me sentaré a esperar que se produzca el choque de trenes y su descarrilamiento, ni mucho menos lo voy a alentar. Prefiero empeñarme en buscar vías de solución desde el realismo y la voluntad de acuerdo». Las palabras pronunciadas por el lehendakari el viernes en el Parlamento confirmaron que Iñigo Urkullu ha decidido implicarse de forma directa en una salida al conflicto entre el Estado y las instituciones catalanas, que nadie sabe cómo puede acabar. El máximo dirigente del Gobierno Vasco mantiene líneas de comunicación abiertas con los principales protagonistas de este pulso, el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, al tiempo que trata de activar toda su capacidad de influencia para impulsar cualquier vía de diálogo que pudiera ayudar. Ahí se enmarca su carta al presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, para pedirle que la UE intervenga para «desbloquear» la situación. El lehendakari defiende «abrir un tiempo de reflexión» -que no pasaría ni por una declaración unilateral de independencia ni por la aplicación del artículo 155 de la Constitución- que permita reconstruir unos puentes hoy maltrechos.

Cuando apenas quedan dos días para que el Parlamento catalán se reúna para valorar los resultados del referéndum suspendido del 1-O y decidir cuál es el siguiente paso en el 'procés', Urkullu tiene muy presente a Cataluña, pero también a Euskadi. Lo que ocurra en los próximos días en la Cámara catalana tendrá un efecto político directo en la política vasca, ya que puede condicionar todo el debate sobre el futuro del autogobierno. En ese contexto, el lehendakari tiene claro que las vías vasca y catalana deben mantenerse en caminos separados, aunque vislumbra que la «única salida» para ambos horizontes debería ser «un referéndum legal y pactado».

La principal diferencia está en el método. En todas sus declaraciones públicas en los últimos meses, Urkullu ha defendido para Euskadi una vía de negociación y acuerdo basada en la «bilateralidad» con el Estado. Un posicionamiento que contrasta hasta en los términos con la unilateralidad emprendida por las instituciones catalanas. Hay quien defiende que la vía catalana no ha sido unilateral, pero al final del camino aparece la Declaración Unilateral de Independencia (DUI), un nombre sobre el que no cabe mucho debate.

La DUI y el «no retorno»

El lehendakari no se ha posicionado públicamente a favor o en contra de la DUI, al igual que tampoco lo hace el PNV, pero fuentes cercanas a Urkullu reconocen que la interpreta como un «punto de no retorno» a partir del cual todo cambiaría. Y, seguramente, a peor. Una muestra de que el lehendakari mira con recelo la Declaración Unilateral de Independencia es la entrada que realizó en Twitter justo después del último mensaje público de Puigdemont, el pasado miércoles desde el Palau de la Generalitat: «Se ha mostrado dispuesto a la mediación para abrir una puerta al diálogo sin hacer referencia a la Declaración Unilateral de Independencia. ¡Hay una oportunidad para intentarlo!».

Desde Lehendakaritza aseguran que Urkullu no ha trasladado en ningún momento al presidente de la Generalitat «lo que debería hacer, porque no le corresponde hacerlo, pero sí le ha mostrado su preocupación por la situación. Tampoco es necesario que les diga a los responsables catalanes que la DUI podría complicar las cosas, porque ellos ya lo saben». Por tanto, se ha ofrecido a «ayudar y arropar en lo que esté en su mano para que siempre haya vías de comunicación abiertas».

Al otro lado de ese 'puente' se encuentra Mariano Rajoy, con quien el lehendakari también ha tenido una comunicación «fluida» en los últimos días. Ante el presidente del Gobierno, Urkullu ha insistido en la conveniencia de abrir un «tiempo de reflexión» en el que no caben medidas como la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Pero es consciente de que ese periodo de distensión pasaría por la renuncia o aplazamiento de la DUI por parte del Parlament, así que los contactos a varias bandas están siempre supeditados a lo que puedan decidir las instituciones catalanas el martes.

El riesgo del artículo 155

Fuentes de Lehendakaritza reconocen que Urkullu está «absolutamente preocupado» con la situación que atraviesa Cataluña, «una de las más complicadas de los últimos 40 años». La mera hipótesis de que la DUI acabe materializándose y ello conlleve la intervención de la autonomía catalana por parte del Ejecutivo central (vía artículo 155) pone los pelos de punta en el Gobierno Vasco. No solo por los efectos inmediatos que causaría en Cataluña, que nadie se atreve a vaticinar, sino porque una decisión de ese tipo supondría un terremoto en todo el Estado español. Y el tsunami que seguiría a ese terremoto podría alimentar una espiral recentralizadora que podría afectar de lleno al futuro del autogobierno vasco.

La vía moderada de Urkullu para buscar un acuerdo bilateral con el Estado que se ratifique en una consulta legal y pactada podría verse superada por los acontecimientos en un contexto de tensión y polarización. El lehendakari lo sabe y por eso apurará hasta el final para una salida acordada en Cataluña.

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