Grande-Marlaska, un juez inflexible con ETA y próximo a las víctimas

Grande-Marlaska, un juez inflexible con ETA y próximo a las víctimas
J. C. HIDALGO / EFE

Está considerado un duro con cintura, pero su llegada es un jarro de agua fría para la izquierda abertzale y el colectivo de presos Fernando Grande-Marlaska Ministerio de Interior

Jorge Sainz
JORGE SAINZSAN SEBASTIÁN.

Un juez bilbaíno de 55 años cercano a las víctimas del terrorismo será el encargado de pilotar Interior, con el futuro de los presos de ETA, y también el de los dirigentes soberanistas catalanes, sobre la mesa. El expresidente de la Audiencia Nacional y miembro del Consejo General del Poder Judicial, Fernando Grande-Marlaska, una de las 'bestias negras' judiciales de Batasuna junto a Baltasar Garzón, ha sido el elegido como máximo responsable de la Seguridad del Estado.

Muy implicado en los años de resistencia frente a ETA, cuya amenaza le hizo trasladarse de Bilbao a Madrid, quienes conocen de cerca a Grande-Marlaska le definen como un duro con cintura. Su nombramiento ha caído como un jarro de agua fría en el entorno de la izquierda abertzale. Este juez se ha mostrado inflexible con el mundo de ETA y la izquierda aber- tzale, «más que Garzón», señalan voces independentistas conocedoras de aquella época. Por el contrario, colectivos de víctimas como la AVT o Covite recibieron con buena cara el nombramiento de un magistrado que levanta simpatías en el PP.

Lo cierto es que con el expresidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional y miembro del Consejo General del Poder Judicial, Pedro Sánchez elige un perfil de fuerte exigencia hacia los presos de ETA. El PSOE tiene una visión de la política penitenciaria más posibilista y flexible que la del PP, sobre todo tras la disolución de ETA. Pero cualquier movimiento que se haga en este campo se quiere materializar con un amplio consenso político. Y sobre todo con el apoyo de los damnificados por la violencia, por lo que Grande-Marlaska sería una garantía para las víctimas, con independencia de que la estrategia que marque el Gobierno no sea compartida al cien por cien por los colectivos de afectados.

Su imagen más recordada fue su entrada en el bar Faisán de Behobia, en la redada que acabó con el aparato de extorsión de ETA, en pleno proceso de paz de 2006. Logró desmantelar aquella compleja estructura, pese al famoso 'chivatazo' desde algunos aledaños policiales para evitar interferencias en aquel fallido ensayo de paz liderado por los socialistas. No le tembló el pulso en denunciar aquel aviso. También fue polémico su archivo del caso del Yak-42.

Encuadrado a su pesar en el grupo de los considerados 'jueces estrella', siempre impecable con sus trajes, este magistrado hizo pública su homosexualidad en 2006. En un libro autobiográfico publicado en 2017, 'Ni pena ni miedo', contó cómo su salida del armario provocó una ruptura familiar. «Tenía que contárselo a mi madre. Yo tenía 35 años. Su reacción fue terrible: se agarró de los pelos, se metió vestida en la cama y estuvo quince días sin salir», relató con crudeza. Rompió con toda su familia. Dice que fue muy doloroso porque aquella ruptura se prolongó seis años .

Encarceló dos veces a Otegi

En 2004 heredó de Garzón, tras el traslado de este a Estados Unidos, varios macrosumarios contra la izquierda abertzale. Entre ellos los relativos a la ilegalización de la formación o las herriko tabernas. Todavía se recuerdan sus constantes prohibiciones de manifestaciones del mundo de Batasuna. Otegi recordó ayer que el juez le encarceló en dos ocasiones.

La figura del nuevo ministro en teoría parece opuesta al posibilismo de la que se presumía destinada a ser nueva ministra de Interior, Margarita Robles, una jueza bregada en la denuncia de los GAL y que públicamente se había pronunciado por la necesidad de modular cuestiones como el alejamiento y la dispersión.

Amenazado en su día por ETA, coadyuvó a la vía Nanclares en la Audiencia Nacional

Heredó los sumarios de Garzón contra Batasuna y se plantó en el Faisán en la redada contra la extorsión

Precisamente Robles fue decisiva en la carrera judicial de Grande Marlaska. Su voto en el CGPJ fue clave en 2013 para aupar a este magistrado, casado con un filólogo, a la presidencia de la Sala de la Penal de la Audiencia Nacional, para la que fue propuesto por el PP. De ahí dio el saltó a la presidencia de la Sala de lo Penal, donde tuvo que lidiar con la ejecución de las órdenes de libertad de históricos expresos de ETA a los que se levantó la doctrina Parot. Un momento complicado que le llevó a hacer pedagogía con las víctimas de la banda.

Marcado por el asesinato en Bilbao del juez José María Lidón, sí que abrió una vía para la reinserción de los presos para conceder permisos a internos acogidos a la Vía Nanclares, desmarcados y críticos con ETA. Habrá que ver si ahora resucita ese programa arrinconado por el Gobierno del PP, aunque los reclusos de ETA están siguiendo otra vía, en la que piden cambios de grado o el acercamiento. De hecho, como presidente de la Audiencia Nacional, fue el encargado de resolver los primeros recursos del colectivo de presos EPPK contra la dispersión hace un par de años. Todos fueron rechazados. Hace un año fue relevado por Concepción Espejel y pasó a ser vocal del CGPJ y desaparecer de los titulares, de los que ahora volverá a ser protagonista.

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