«Joxe Mari pensaba que tenía una deuda con la sociedad»

Ya se lo vino advirtiendo su madre cuando Korta decidió dedicar parte de su vida a Adegi: «¿Para qué te metes ahí?», le decía. Sin embargo, el empresario vasco, «incapaz de decir que 'no' a nada», se lanzó a presidir la patronal de los empresarios guipuzcoanos a pesar del riesgo que aquello suponía por culpa de la amenaza constante que ejercía ETA. Su hermana Itziar, reconoce, también se opuso a que aceptara el cargo. «Era una época tan dura...», recuerda. No obstante, continúa, «él pensaba que tenía una deuda con la sociedad, y se prestaba a todo». «Eso es cierto», le sigue Urchegi: «Apenas tenía tiempo para la empresa y sacaba horas para la empresa, para Adegi, para la familia, para hablar con la gente...». «Y tampoco falló ni un lunes al partido de pala», puntualiza Zubizarreta. Por todos estos valores, de esfuerzo y dedicación, un año después de su asesinato, familiares y amigos decidieron poner en marcha la Fundación Joxe Mari Kortaren bidetik. Precisamente, dice Mujika, para continuar «trabajando y hacer el camino que él intentó contribuir» y no tanto para honrar su memoria, que también. Más aún, continúa el portavoz de la fundación, cuando apenas un mes después del asesinato, la familia volvió a sufrir la crueldad de ETA cuando atentó contra la discoteca Txitxarro, propiedad de un hermano de Joxe Mari. Diecisiete años después, la fundación ha querido dar un giro: dejará de celebrar los aniversarios en el mismo lugar en el que le mataron, pero sin renunciar jamás a su memoria.

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