Jordi Alberich: «Hará falta una salida política en Cataluña, sin humillaciones, sin vencedores ni vencidos»

Jordi Alberich, en un momento de la entrevista en el Cercle de Economía, en Barcelona./VICENS GIMÉNEZ
Jordi Alberich, en un momento de la entrevista en el Cercle de Economía, en Barcelona. / VICENS GIMÉNEZ
Jordi Alberich, director general del Cercle de Economía de Catalunya

«Estoy triste y apesadumbrado, pero el pacto volverá, aunque necesitaremos tiempo para curar las heridas»

ALBERTO SURIOBARCELONA.

La tormenta perfecta ha llegado a Cataluña y proyecta sus luces y sombras sobre el Cercle de Economía de Catalunya, una institución de prestigio fundada en 1958 para promover «el debate político y económico y el progreso social». En el ojo del huracán, la convocatoria de un referéndum de autodeterminación al margen de la legalidad constitucional y una colisión institucional que ha derivado en una creciente tensión social en Cataluña. El director general del Cercle, Jordi Alberich, reclama una solución política «pase lo que pase» el 1-O «que no puede dejar ni vencedores ni vencidos ni tampoco humillaciones».

-Las imágenes de las detenciones del pasado miércoles han elevado bastantes grados la temperatura de cara al 1-O- ¿Cómo ve la situación catalana?

-Preocupado, claro. Estas imágenes me entristecen como catalán en la medida en la que proyectan un fracaso. Porque todo esto es un poco la crónica de un guion perfectamente anunciado. Y me confirman en la idea de que hay que buscar una salida política de fondo. Una salida negociada respetuosa con el principio de legalidad que implica cambiarla si fuera necesario mediante el respeto de los procedimientos democráticos.

«En Cataluña hay una tormenta perfecta, la crisis ha desestabilizado a la clase media»

-¿Cómo hemos llegado a esto?

-Buena pregunta. Muchos factores. En Cataluña se ha fraguado la tormenta perfecta, con una crisis económica que ha desestabilizado a la clase media, como en otros países europeos ha habido también movimientos que lo han cambiado todo fruto de la recesión y del repliegue identitario y soberanista. Y, claro, ha habido muchas torpezas políticas desde los gobiernos españoles.

-¿El mundo económico vive con inquietud este momento?

-Es evidente que sí. Paradójicamente hace dos años hubo una reacción, ante unas elecciones autonómicas, con declaraciones contundentes ante esos comicios. Entonces había un temor de que una mayoría clara que llevara a una independencia unilateral y había el temor a un hecho singular y trascendental. Tengo la sensación de que hoy el temor no es tanto a un hecho puntual, sino a una fase prolongada de una desorientación y de desconcierto, no tanto un caos. Una fase prolongada de profunda incomodidad, como si estuvíéramos condenados a jugar un partido muy largo en el barro.

-¿Cree que habrá una proclamación unilateral de independencia?

-Vamos a ser serios. La realidad es que el mundo económico catalán, español y europeo no se cree de verdad que vaya a haber una ruptura unilateral. No se lo cree. Si no, los mercados internacionales reaccionarían. Los informes internacionales dicen que la posibilidad de secesión real es mínima. Ni los indicadores económicos, que son buenos, lo reflejan.

«El mundo económico no se cree que vaya a haber de verdad una ruptura unilateral»

-Hasta el momento, la falta de reconocimiento internacional en Europa pone en entredicho la propuesta independentista. ¿Eso es determinante en el ámbito económico?

-Ciertamente, uno de los elementos claves es la falta de reconocimiento internacional que tendría una eventual independencia, pero pase lo que pase el 1 de octubre, lo cierto es que no hay una mayoría relevante en ninguno de los dos lados. Ese es el dato más significativo. Con una oposición frontal de España, sin reconocimiento internacional, no parece que ese movimiento en pro de la independencia sea creíble. El Financial Times nos dice: pasen como puedan esta situación y busquen una solución política negociada. No hay otra. Y lo digo también desde la percepción personal de que el Gobierno de España está políticamente desaparecido en Cataluña.

-¿Pero cómo se busca una salida política cuando se han roto tantos puentes y tantas complicidades?

-Realmente creo que ha habido un excesivo juego de tacticismo político y un exceso de frivolidad, y que no se han atendido las señales de alarma que se estaban emitiendo desde Cataluña hace años. Hay dos grandes principios, el principio de legalidad, de que todo lo que haces tiene que estar en el marco legal. Y el principio democrático, el que permite mediante determinados procedimientos cambiar la legalidad. Aquí hay una parte que ha pretendido acelerar ese principio democrático con una ruptura de la legalidad evidente y ha habido una parte que ha apostado por el principio de legalidad, que hay que respetar, pero que debe darse cuenta que ante un malestar político hay que responder con una estrategia política de fondo. La legalidad se puede cambiar. Además, si hacemos las cosas bien, el cambio de legalidad no será tan necesario. El problema es que se ha acelerado todo un proceso que no estaba de verdad en la sociedad catalana y se ha precipitado con una rapidez asombrosa.

-¿Y tiene reconducción esta crisis? ¿Cabe una solución política de pacto con el independentismo?

-En Cataluña siempre ha habido un cierto independentismo que oscilaba en torno al 25%, como en el País Vasco, como en Escocia, en Quebec, en Flandes. Ahora ha podido doblar el apoyo. Ha ayudado mucho que a un país con un discurso nacionalista haya llegado una honda crisis económica que ha desestabilizado a mucha gente. Fíjese en el malestar social que ha generado esta crisis en todos los países de nuestro entorno. Por ejemplo, en Francia y en Reino Unido, con una fuerte reacción nacionalista. Y ha habido errores por parte de los gobiernos españoles.

-La crisis en la clase media...

-La gran radicalización en el ámbito nacional catalán ha sido la clase media, no la histórica clase obrera. Esto no es una revolución de clase obrera, sino una revolución de clases medias. Y una percepción más personal, veo gente muy joven, pero también gente muy veterana.

-La han denominado 'revolución de las sonrisas'...

-Las sonrisas son complicadas para muchas personas, que no sonríen porque no tienen motivos para ello.

«El Gobierno español está políticamente desaparecido en Cataluña»

-El debate no ha girado entre sí o no a la independencia, sino entre sí o no al referéndum de autodeterminación...

-Claro, el debate es sobre el derecho a decidir, que es una palabra muy amable, como el reconocimiento de la idea de nación. Han convertido un medio, un instrumento, el llamado derecho a decidir, en una finalidad. Este es el debate. Otra corriente piensa que hay que votar una propuesta de mejor encaje. O sea, la tercera vía. Lo sensato sería pensar que después del 1 de octubre, pase lo que pase, alguien articule políticamente esta tercera vía. La salida política que se busque no puede dejar ni vencedores ni vencidos, ni tampoco humillaciones. Lo pido encarecidamente.

En los cuarteles de invierno

-¿Y dónde está el catalanismo pactista?

-El catalanismo pactista está en los cuarteles de invierno. En una crisis tan dura desaparece el espacio de centro. El PSC se rompió, CiU también, veremos qué pasa con el PDeCAT (antigua Convergència), vemos la división del partido de Ada Colau y su malestar interno por este asunto del referéndum. En el plano político los catalanistas pactistas están desvanecidos, pero socialmente creo que hay una mayoría que quiere el acuerdo. No tengo la menor duda. ¿Que ocurre a la hora de ir a votar? Que por miedo a que gane un radicalismo, tú apoyas al otro radicalismo. Esto no ha sucedido en las elecciones generales. En ese escenario no pesa la variable identitaria. Desde el momento en el que se convierten las elecciones en un reclamo plebiscitario desaparece el centrismo. El blanco o negro se come al gris. Esto necesita años para recuperarse. El 'seny' tardará años en volver. Pero volverá. Y, claro, el PP también debe mirar a los ojos de la gente.

-...

-Hace muchos años que yo lo digo, desde que hay gente que se sube en un taxi y que ni siquiera saluda. Volverá el 'seny' y el pacto, aunque tardará tiempo y hará falta tiempo para restañar y curar las heridas.

-¿Hay catalanes que no dicen ya en público lo que dicen en privado?

-Es verdad que hay gente que no dice en público lo que dice en privado. Esto no había pasado mucho en Cataluña, pero la gente prefiere esquivar la discusión innecesaria, sobre todo en una sociedad pequeña, con un discurso dominante. También hay posiciones críticas, todo hay que decirlo.

- 'España nos roba'... Aquella frase hizo mucho daño...

-Aquella frase es injusta, pero ciertamente caló. Yo no legitimo la frase en absoluto, pero hay que decir que nadie en España se molestó de verdad en analizar el problema del déficit fiscal que sufre Cataluña, un problema complejo. Solo he leído artículos a Antoni Zabalza, que fue secretario de Estado de Hacienda con Felipe González, y del exministro Josep Borrell. No recuerdo ningún mensaje explicando a los ciudadanos de Cataluña la realidad fiscal.

-Algunos sectores creen que la oferta de nuevo pacto fiscal que pudo servir en un momento determinado ya es insuficiente...

-En absoluto. Yo creo que un nuevo pacto fiscal no llegaría tarde. La sociedad catalana lo apoyaría. De verdad, las encuestas del CIS catalán sitúan la relación de fuerzas con un 50% que apostaría por un buen encaje en España. Tendremos que acostumbrarnos a que haya ruido, pero tenemos que trabajar ese encaje.

«El 'seny' pactista volverá aunque costará tiempo, hoy está en los cuarteles de invierno»

-Mucho trabajo...

- Sin duda.

-¿Pesimista?

-No. Estoy acostumbrado desde pequeño a la dificultad. Estoy apesadumbrado por la situación y me siento triste. También por lo que ha ocurrido hace un mes con los atentados. Pero saldremos adelante. Seguro.

-Hace pocos días ha trascendido una denuncia del sindic de Greuges (defensor del pueblo de Cataluña) a raíz de las quejas de asociaciones empresariales catalanas contra el acuerdo que rebajaba las tarifas eléctricas de Euskadi a partir de un acuerdo entre el PNV y el Gobierno central. ¿Cómo lo ve?

-No tengo suficiente información sobre este asunto y, por tanto, prefiero en este momento no formular públicamente una opinión como director general del Cercle de Economía. Pero le voy a confesar una cosa. Yo he sentido una sana envidia cuando los nacionalistas vascos han jugado su papel político en el Congreso de Diputados y han abierto una negociación para reivindicar sus intereses. Al fin y al cabo, eso es el arte de la política. Y me hubiera gustado que el PDeCAT y ERC hubieran rentabilizado también sus escaños en el Congreso.

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