Jonan Fernández: «Los atentados de Cataluña hacen más antiguo todo lo que tiene que ver con el final de ETA»

Jonan Fernández posa en Vitoria, en unos jardines cercanos a Lehendakaritza.
Jonan Fernández posa en Vitoria, en unos jardines cercanos a Lehendakaritza. / USOZ
Jonan Fernández, secretario general de Derechos Humanos, Convivencia y Cooperación

Fernández cree que apoyar la disolución de la banda «es un modo de colaborar con las autoridades que no necesariamente se traduce en una delación»

A. GONZÁLEZ EGAÑASAN SEBASTIÁN.

Jonan Fernández trabaja desde hace meses en el equipo que ultima la estrategia vasca para afrontar la amenaza del terrorismo yihadista. «Este disgusto nos ha pillado trabajando», reconoce el secretario general de Derechos Humanos, Convivencia y Cooperación, que anuncia para finales de septiembre o, como muy tarde, principios de octubre, la presentación de un documento marco que armonice los trabajos que ya se están realizando y los que se puedan ir incorporando. Fernández apunta, además, que el efecto directo de esta nueva preocupación es que «hace más antiguo todo lo que tiene que ver con el final de la violencia de ETA».

-¿Qué pensó al enterarse de lo ocurrido en Barcelona?

-Me enteré por una alerta del móvil y en poco tiempo se fue confirmando que estábamos ante un desastre de alto calibre. En ese momento pensé que el temor que teníamos de que esto pudiera ocurrir, cada vez más cerca, se había plasmado de modo real y que eso nos iba a involucrar de manera más expresa en esta realidad.

-¿El vídeo del Estado Islámico eleva todavía más la preocupación?

-Estamos ante un fenómeno que tenemos que analizar con cierta frialdad, sin dejarnos impactar por golpes de efecto. Sabemos en qué consiste la amenaza, sabemos de su complejidad para detectarla preventivamente, pero tenemos que articular todas las medidas en cuatro campos.

-¿Cuáles son?

-La prevención de la radicalización, sobre todo en la juventud, la respuesta policial, la convivencia interreligiosa e intercultural y la colaboración internacional en la lucha contra este tipo de terrorismo.

-El Gobierno Vasco trabaja ya en este terreno, pero ¿de qué manera van a articular todas estas tareas?

-Desde el pasado mes de junio, hemos constituido una mesa de trabajo interdepartamental que tiene por objeto elaborar un documento que armonice todo lo que estamos haciendo y añada lo que consideremos que sea necesario. Este disgusto nos ha pillado trabajando y en poco tiempo, entre septiembre y octubre, vamos a tener un documento marco.

-¿La ciudadanía vasca debe estar alerta? ¿Han detectado miedo?

-Hay preocupación, pero debemos vivir con una especie de actitud paradógica porque, por una parte, la prevención más perfecta que pudiéramos imaginar de este tipo de terrorismo no garantiza al cien por cien que un grupo de cinco personas no pueda organizarse espontáneamente, alquilar un coche y provocar un desastre. Y, al mismo tiempo, debemos vivir confiando en que tenemos un proyecto de convivencia, de vida y de sociedad del que no nos podemos alejar. Debemos reforzarlo y mirar al futuro, pero no desde el miedo.

-¿Puede existir un Ripoll guipuzcoano?

-En Euskadi tenemos, en general, un contexto de convivencia bastante integrado y normalizado.

-¿Le preocupa que puedan darse incidentes como el de Fitero en el que se atacó a varios musulmanes?

-La islamofobia no tiene masa crítica en Euskadi y debemos seguir reforzando la cultura del respeto mutuo entre religiones. Esa es la apuesta de convivencia y de futuro.

«La islamofobia no tiene masa crítica en Euskadi. Debemos reforzar la cultura del respeto»

«Con unas palabras u otras los presos deben mostrarse críticos con lo que supuso una ruptura de la ley penal»

-¿Va a ser ese el eje central de la estrategia que están diseñando?

-Sí. Y es muy fácil, cuando ocurren este tipo de situaciones, que haya comentarios que generalicen sobre toda una comunidad la responsabilidad de lo ocurrido. Pero eso es muy grave y muy injusto porque lo cierto es que la inmensísima mayoría de las personas musulmanas conviven con normalidad en nuestra sociedad y tienen un proyecto de vida de integración. Debemos hacer causa común con ellos frente a cualquier forma de terrorismo.

-¿Qué fue lo que llevó al Gobierno Vasco a comenzar en junio a trabajar en este terreno?

-La primera vez que se formuló públicamente una reflexión estratégica fue en un curso en El Escorial, en julio de 2016. Allí ya dijimos que la agenda del final de la violencia en la sociedad vasca era decreciente y que, al mismo tiempo, había una agenda creciente de nuevas preocupaciones y nuevos retos emergentes de la convivencia que había que incorporar. Esto no quiere decir que tengamos que olvidarnos del final de la violencia de ETA. Pero, lamentablemente, estos atentados vienen a confirmar aquel análisis. Esto tiene, además, un efecto en nuestra realidad: que hace más antiguo todo lo que tiene que ver con el final de la violencia de ETA y más actual esa nueva realidad. En todo caso, seguiremos trabajando en ambos terrenos porque nos parece de especial prioridad cerrar bien la etapa del terrorismo de ETA, con una memoria crítica de lo que ha ocurrido.

-El lehendakari sigue reclamando al Gobierno español un cambio en política penitenciaria que ayude a culminar ese final de la violencia de ETA. ¿Qué es lo más urgente?

-Hay dos ámbitos de prioridad. Por una parte, las reclamaciones de tipo humanitario, que básicamente tiene que ver con las personas presas que están enfermas, y, por otro lado, lo que tendría que ver con el acercamiento. La posición del Gobierno Vasco es clara, somos partidarios de que estas personas estén en las cárceles del País Vasco y de Navarra porque hay capacidad para acogerlas. Hemos hecho una propuesta para que las personas presas puedan estar ubicadas a menos de 250 kilómetros. Son diez centros penitenciarios y eso aliviaría mucho la situación de incomodidad y de malestar social y político.

-¿Tiene esperanza de que se pueda producir a corto plazo?

-Sí. No porque tengamos datos objetivos que permitan pensar en un cambio inmediato, sino porque el sentido común y la realidad se van a terminar de imponer.

-¿Mantener las líneas rojas del arrepentimiento y la delación puede ser un obstáculo para los presos a la hora de dar pasos por la vía legal?

-Haber explicitado esas líneas rojas no aporta nada. Lo que hay que mirar es lo que dice la legislación en esta materia, que no menciona ninguno de esos conceptos. También hay que tener en cuenta los precedentes que existen. Lo más reciente es la vía Nanclares y cómo se ha interpretado la colaboración con las autoridades, que no necesariamente se traduce en una delación, sino que apoyar el fin de ETA, apoyar su disolución, también es una manera de colaborar.

-¿Después de todo lo que se ha sufrido, no cree que deberían dejarse de líneas rojas?

-El Gobierno Vasco ha manifestado y ha desarrollado programas en los que defiende abiertamente la necesidad de una autocrítica. Dicho de otro modo, en muchos casos, quien tendrá que decidir si un preso está en condiciones de ser reinsertado o no, si puede salir a la calle o no, o si puede progresar de grado, será un juez y él va a analizar hasta qué punto el preso manifiesta un distanciamiento crítico con el delito cometido. Entonces, llámesele como se quiera llamar: autocrítica, arrepentimiento, distanciamiento crítico...

-¿Es lo mismo?

-Son sinónimos, algunos con algún matiz, otros con otro... Pero con unas palabras u otras deberán demostrar o mostrar que realmente tienen una perspectiva crítica con aquello que supuso una ruptura de la ley penal.

-¿Su Secretaría General qué cobertura o qué acciones va a llevar a cabo en relación a la reinserción?

-Se va a tratar de crear un programa, probablemente un decreto que contribuya a que los presos puedan hacer un itinerario de socialización. Esto, para que funcione bien, necesariamente, tiene que perseguir el acuerdo del mundo de los presos, de su entorno y también del Gobierno del Estado. Esa es una de las tareas importantes que tenemos que intentar abordar en esta legislatura.

-¿Se ha comenzado a hacer algo en esta materia?

-La literatura de lo que puede ser el decreto la tenemos preparada, pero ahora mismo es más importante el consenso y debemos intentar que ese decreto, si sale adelante, sea útil. Para eso necesitamos cierta sintonía y acuerdo entre todos.

-¿La transferencia de Prisiones debe estar condicionada a la disolución de ETA como dice el PP?

-Creo que no. El Estatuto de Autonomía prevé esa transferencia y se dan las condiciones para que se produzca. El tema está sobre la mesa, va a depender de las negociaciones, pero parece que hay mayor predisposición que en la anterior legislatura.

-Los presos le pidieron a Urkullu que priorizara el acercamiento a la autocrítica. ¿Qué debe ser antes?

-El acercamiento no debe exigir una contrapartida. El Gobierno Vasco tiene una posición firme sobre este tema. Para el preso, estar en una cárcel a 100 o a 1.000 kilómetros viene a ser lo mismo porque a quien principalmente perjudica es a las familias. Desde ese punto de vista, el acercamiento no debe estar condicionado a nada, sino a una valoración de sentido común, de sentido humanitario. Más aún, en un tiempo en el que no hay violencia ni parece que la va a haber. La autocrítica está más vinculada a la progresión de grado, a la resocialización y a la reinserción. Ahí sí que es un requisito necesario.

-¿Ve posible ya la disolución de ETA?

-Parece lógico pensar que se pueda producir una disolución, la desaparición de ETA, y hay que esperar que no se prolongue mucho en el tiempo. No me atrevo a confirmar que esto se pueda producir antes de final de año. Tal vez sea una perspectiva un poco optimista. No porque no deseamos que sea así, sino porque conociendo cómo se dilatan a veces en el tiempo estas decisiones por parte de ETA, habrá que ver.

-¿El Gobierno Vasco va a hacer algo para atraer al PP a la ponencia de Memoria del Parlamento Vasco?

-Tenemos que generar confianza y disolver prejuicios e ideas equivocadas sobre lo que esa ponencia es y no es. Confío en que lograremos que el PP forme parte de este esfuerzo.

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