Cuando la izquierda abertzale amparaba la extorsión

Cuando la izquierda abertzale amparaba la extorsión

La exclusión de EH-Bildu del acto de homenaje a los empresarios amenazados por ETA se produce tras décadas de presión desde el brazo político de la banda a los industriales vascos

ÓSCAR B. DE OTÁLORA

En diciembre de 1996, el funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara y el empresario Cosme Delclaux estaban secuestrados por ETA. El domingo 15 de diciembre de ese año Herri Batasuna organizó una manifestación en Getxo, la localidad en la que residía el industrial que en ese momento se encontraba en manos de la banda. Además del desafío que suponía manifestarse en las calles en las que vivían los familiares de la víctima, los simpatizantes de la izquierda abertzale lanzaron octavillas en las que se exigía a cuatro empresarios vascos que pagasen la extorsión etarra -el 'impuesto revolucionario'-. Tras la movilización, el parlamentario de HB Karmelo Landa leyó una lista de industriales de Euskadi, entre los que se encontraban los Delclaux, y les preguntó como se atrevían a levantar «la bandera del sufrimiento». «No nos vengáis con lazos azules», agregó el dirigente de la izquierda abertzale, en referencia al símbolo utilizado para reclamar la libertad de los secuestrados.

Confebask ha excluido este viernes de su acto en homenaje a los empresarios a EH-Bildu y al explicar esta ausencia ha asegurado que hay «sensibilidades a flor de piel». Lo cierto es que la izquierda abertzale no solo no ha tenido jamás una referencia al dolor causado al tejido empresarial vasco por la banda terrorista. Todo lo contrario, en el pasado no solo ha justificado la violencia contra los empresarios sino que incluso destacados miembros de Herri Batasuna han colaborado de forma activa en el chantaje, siendo los encargados no solo de elegir a las víctimas sino también de hacer de recaudadores del dinero.

Abogados de Herri Batasuna

Uno de los casos más significativos de esta relación entre la formación política y la extorsión es el de Felipe San Epifanio 'Pipe', un miembro de la banda que quedó en libertad en julio de este año y que fue homenajeado por miembros de la izquierda abertzale. Este activista llegó a ser parlamentario de HB y dirigente de la Koordinadora Abertzale Sozialista (KAS), el núcleo director de HB y ETA. 'Pipe' pasó a la clandestinidad cuando la Ertzaintza desmanteló una red de cobro de la extorsión a empresarios que él mismo había puesto en marcha en contacto con dirigentes etarras en Francia y enlaces en Euskadi. En aquella operación, la consejería de Interior dirigida por Juan María Atutxa aseguró que el dinero entregado a ETA seguía un camino que se perdía en la sede de LAB de San Sebastián.

Pero la operación supuso también la apertura de investigaciones sobre los abogados de la izquierda abertzale como agentes activos en las redes del cobro del 'impuesto revolucionario'. En aquellos años, las cartas de extorsión de ETA incluían una frase del tipo «póngase en contacto con los medios habituales». Este eufemismo ocultaba que el chantajeado, si quería pagar o simplemente explicar a ETA que se había equivocado de persona, debía reunirse con alguien de la izquierda abertzale que a su vez le pondría en relación con la banda. En muchos casos, los encargados de hacer de intermediarios eran los abogados de Herri Batasuna.

Uno de los casos de juristas de la izquierda abertzale condenados por ejercer de enlaces entre ETA y sus víctimas es el del exjugador de la Real Sociedad y abogado José Antonio de la Hoz,un letrado que fue sentenciado a ocho años de prisión por colaborar con ETA en el secuestro del industrial vasco Andrés Gutiérrez en los años 80. Este miembro de HB fue indultado en 2009 por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Otros abogados que fueron investigados por su relación con el cobro del chantaje etarra fueron Álvaro Reizabal e Íñigo Iruin. El primero fue condenado a tres años por este delito pero fue absuelto por el Tribunal Supremo. En el caso del segundo abogado, su investigación fue archivada por el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco.

'Aldaia, calla y paga'

Pero además de las estructuras de la izquierda abertzale que fueron partícipes de la extorsión, existen casos tremendos de presión social hacia el empresariado por parte de HB y grupos afines. Quizás una de las más graves se produjo en 1995, mientras el empresario José María Aldaia se encontraba secuestrado. Los empleados de Alditrans, la compañía de transportes del industrial, se manifestaban todos los jueves frente a la escultura de la Paloma de la Paz en San Sebastián. La izquierda abertzale y el sindicato LAB comenzaron a organizar contramanifestaciones frente a los empleados y los pacifistas, en los que en muchas ocasiones eran acosados quienes pedían la libertad de Aldaia. Los ataques alcanzaron tan nivel de violencia que la Ertzaintza tuvo que intervenir para proteger a los empleados del empresario retenido. En aquella época, los jóvenes de la izquierda abertzale acuñaron el lema 'Aldaia, calla y paga', que coreaban en manifestaciones y actos festivos a lo largo de la geografía vasca.

La Ertzaintza, frente a los simpatizantes de HB que se manifestaban ante los empleados del empresario secuestrao José María Aldaia.
La Ertzaintza, frente a los simpatizantes de HB que se manifestaban ante los empleados del empresario secuestrao José María Aldaia.

Pero además de estas acciones en las que de una forma u otra se ha amparado a la banda, la izquierda abertzale ha guardado silencio y ha sido incapaz de condenar los asesinatos y atentados contra importantes empresarios vascos. El caso más paradigmático es el de Joxe María Korta, quien presidió la patronal guipuzcoana y fue asesinado por un comando de ETA en 2000.

Esta semana, el coordinador general de EH-Bildu, Arnaldo Otegi, arremetió contra Confebask al enterarse de que no había sido invitado al acto en homenaje a los empresarios amenazados por ETA. Hace diecisiete años, el asesinato de Korta mediante un coche bomba coincidió en el tiempo con la muerte de cuatro etarras que viajaban en un vehículo cargado de explosivos que estallaron de forma fortuita. Ese día, Otegi no condenó el asesinato del empresario pero sí se solidarizó con «los compañeros fallecidos».

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