Urkullu: «No existen en Euskadi ganas de emular a Cataluña»

Pactismo. Iñigo Urkullu, en la terraza de la sede de Lehendakaritza, en Vitoria./USOZ
Pactismo. Iñigo Urkullu, en la terraza de la sede de Lehendakaritza, en Vitoria. / USOZ
Iñigo Urkullu. Lehendakari

«No tengo problema en que los catalanes tengan un Concierto Económico, pero siempre que eso no tenga un efecto negativo para el nuestro»

JORGE SAINZVITORIA.

Sobre la mesa del despacho de Iñigo Urkullu (Alonsotegi, 1961) hay un archivador con una senyera y el epígrafe 'Seguimiento y situación. Catalunya'. Significativo de que la crisis catalana ha preocupado y ocupado al lehendakari en los últimos meses. Pese a que sus esfuerzos mediadores no cristalizaron, la evolución de los acontecimientos le ha «reafirmado» en sus tesis pactistas y bilaterales. Ahora solo falta, explica, que el Gobierno de Rajoy atienda sus demandas, en un marco europeo en el que hasta el concepto de «soberanía» está en cuestión, expone.

-Los principales dirigentes independentistas catalanes se cuestionan ahora si estaban realmente preparados para la independencia y se aprestan a concurrir separados a las elecciones. ¿Le ha sorprendido la evolución de los acontecimientos tras tensarse tanto la cuerda?

-No me agrada entrometerme en las posiciones de otros partidos, pero estimo que estamos en una situación de estrategia de defensa jurídica y de campaña electoral.

«¿Decepcionado con Puigdemont?, me hubiera gustado que la solución fuese otra»

-¿Por qué medió en Cataluña? ¿Alguien se lo pidió?

-Mi intervención personal fue a petición de parte y fundamentada en la búsqueda de un entendimiento, basado en el diálogo, y pensando en la sociedad catalana y la legitimidad de sus aspiraciones. Uno tenía la sensación de que las desconfianzas mutuas iban a ser superadas en el último momento, y así lo intentamos hasta el minuto final.

-Pese a sus intentos mediadores, el president Puigdemont a última hora se descabalgó de convocar las elecciones. ¿Le ha decepcionado?

-¿Decepcionado? Hombre, me hubiese gustado que la solución hubiera sido otra, que hubiese sido el president quien disolviera el Parlament y convocara las elecciones, lo que hubiera evitado el pleno del 27 de octubre (declaración unilateral de la independencia) y el posterior en el Senado (aplicación del 155). A mi juicio, una vía pretendidamente unilateral siempre desemboca en una bilateral porque al final hay que negociar con el Estado. Y todo ello teniendo en cuenta la responsabilidad que tenemos por la convivencia y cohesión social, y ante el riesgo de fractura social y frustración. Y mirando también a la responsabilidad de los partidos estatales, sobre todo el del Gobierno, que deben saber que hay una necesidad de reflexionar sobre la configuración territorial y el encaje amable de realidades como Euskadi y Cataluña.

-¿Ha hablado con Puigdemont desde que está en Bruselas? ¿Tiene previsto ir a visitarle?

-No. Mantengo los contactos con diversas personas, pero no voy a desvelar nada.

«El conjunto del PNV ha gestionado la situación catalana de la misma manera que yo»

-¿Cuándo fue, a su juicio, el momento más crítico del procés, en el que pensó que la convulsión catalana derivaba en un desastre e incluso podría arrastrar a Euskadi?

-En realidad todo el proceso me ha parecido muy crítico, y no tanto porque pudiera arrastrar a Euskadi, donde hay un efecto de empatía con la legitimidad de sus reclamaciones, pero donde también hay una constatación de que nuestra realidad es diferente y que me hace convencerme de que es válida nuestra vía vasca, también para otras realidades.

-¿Después de todo lo ocurrido, los vascos, y en concreto el abertzalismo, pueden seguir mirando al espejo catalán?

-Cuando hablaba de empatía, hablaba de entender las aspiraciones legítimas no atendidas, pero en modo alguno, y esto se refleja en las encuestas publicadas, existe un sentimiento de querer emular lo que en Cataluña se ha gestionado como se ha gestionado. Cuando hablamos de referencias no quiere decir que sean un ejemplo a seguir, aunque se analice la gestión de ese proceso. Nuestra realidad es propia y diferenciada, como reconocen los catalanes.

-¿Se siente personalmente reafirmado en sus tesis pactistas y legales tras el freno a la ruptura unilateral en Cataluña?

-Absolutamente (repite rotundo). Creo en la bilateralidad. Quizás los árboles no nos dejan ver el bosque y miramos a corto plazo, viendo al otro como enemigo, cuando estamos obligados a mirar al escenario europeo y pensar qué es lo que está en cuestión; si están en cuestión la independencia o más bien incluso el concepto de soberanía, viendo las consecuencias que para cualquier ciudadano del mundo tiene que Trump se salga de la Unesco, o la tensión en el Este con Rusia. De ahí mi planteamiento de soberanías compartidas, también dentro de Estados con diversas realidades nacionales como el Estado español.

-E internamente, en su partido el PNV, ¿se ha visto usted reforzado? En la asamblea nacional del día 3 afloraron algunas diferencias de criterio por parte de varios representantes del sector guipuzcoano.

-Las opiniones son absolutamente libres, pero el conjunto del PNV ha gestionado la situación de Cataluña de la misma manera que yo, desde la buena fe y el respeto a las decisiones de las instituciones catalanas, y el deseo de que todo concluyera con un acuerdo entre el Gobierno del Estado y las instituciones catalanas.

«Rajoy no se puede refugiar en la legalidad, sino ver si se pueden ensanchar sus límites»

-¿Pero es defendible que el PNV haya apoyado un referéndum sin garantías legales como el de Cataluña cuando usted ha patrocinado precisamente lo contrario? Ni el exlehendakari Ibarretxe se atrevió a desbordar la legalidad cuando en su día llegó a ese estadio.

-Ni Ibarretxe ni el PNV. No hagamos lecturas muy puntuales y tomemos en consideración los planteamientos estructurales. El PNV ha planteado reiteradamente referendos legales, pactados y con garantías.

Después del 21-D

-¿Las elecciones catalanas aclararán el panorama o volveremos a una situación parecida?

-Cada partido deberá hacer planteamientos de cara al futuro, pero no sé si las cosas van a seguir igual, incluso si sale un resultado parecido al de hace dos años. Veremos. En cualquier caso, las elecciones no nos van a descubrir la evidencia presente desde hace años: la necesidad de fórmulas de entendimiento entre Cataluña y el conjunto del Estado.

-¿Se cree el compromiso del Gobierno de levantar la aplicación del 155 en Cataluña al día siguiente?

-Deseo que cumpla lo dicho y tras el 21-D levante el artículo 155, que nunca debería haber existido.

-¿Los independentistas catalanes deberían renunciar a la unilateralidad incluso aunque logren más del 50% de los votos?

-Yo creo en la vía de la bilateralidad.

-¿Teme que todo esto acabe con Cataluña reivindicando un Concierto Económico como el vasco y una competición con Euskadi para ver quién tiene más?

-Que Cataluña quiera gozar de un Concierto Económico similar, lo respeto. ¡Si es algo que he hablado con los dirigentes catalanes hace muchos años!, cuando ellos lo tildaban de privilegio pese a saber qué es lo que decidieron en la Transición. Pero si Cataluña quiere un Concierto Económico similar yo no tengo ningún problema, porque considero que Cataluña tiene unos derechos históricos como los nuestros que en su momento no defendieron. Ahora bien, si para que Cataluña tenga un Concierto como el vasco, esto supone la modificación de la Constitución española, pues entonces pongamos las cartas sobre la mesa no vaya a ser que para que alguno tenga un resultado positivo otros tengamos un resultado negativo de lo que ya teníamos, y que está amparado por la Constitución española en su disposición adicional primera.

-En este sentido, están pendientes cuestiones competenciales para Euskadi. ¿Tiene previsto volver a intentar reunirse con Rajoy para hablar de ello y otros asuntos?

-De momento, estamos trabajando sobre las cuestiones pendientes inmediatas que nos afectan, como la aprobación de la Ley del Cupo y la de actualización del Concierto.

«Las disposiciones adicionales nos darían juego sin tener que reformar la Constitución»

-¿Le ha decepcionado el presidente español en el conflicto catalán?

-Uno no se puede refugiar en decir que todas las ideas son libres dentro del cumplimiento de la legalidad. Hay que saber interpretar también los límites de esa legalidad para saber si es necesario ensanchar dichos límites, porque somos responsables del presente y del futuro, no de las decisiones adoptadas en el pasado.

-¿Cree realmente posible que Rajoy reconozca el derecho a decidir de Euskadi o pactar una consulta legal, como usted patrocina, después de los pasos que ha dado el Gobierno central con el 155 en Cataluña y de declaraciones de dirigentes del PP como Pablo Casado poniendo ese muro a las reivindicaciones soberanistas?

-Como líder del Gobierno español, debe atender lo que creo que es un sentimiento mayoritario en el conjunto de la sociedad del Estado español, que es 'dialoguen y pónganse de acuerdo'. En cualquier caso, trascendamos del Estado español y pensemos que estamos en un ámbito, el de la Unión Europea, para el que he planteado la necesidad de una directiva europea que sirva de paraguas a los Estados miembros para facultar la capacidad de convocar consultas pactadas y con garantías, cuyo resultado abra una negociación y un acuerdo con el Estado.

-¿La Unión Europea podría ser quien liderara el encaje de Euskadi y Cataluña en España?

-La UE no se puede escudar en que son cuestiones de asunto interno de cada Estado miembro cuando estamos viendo que afectan a la política institucional europea.

-¿La comisión de reforma territorial que ha arrancado en el Congreso, impulsada por el PSOE, pactada con el PP y en la que el PNV no participa, puede solucionar el encaje de Euskadi y Cataluña en el Estado? ¿Puede salir de ahí ese referéndum legal y pactado?

-Desconozco su objetivo, pero ha habido voces desde el PP que han dicho 'no' a la reforma de la Constitución. PP y PSOE deben aclarar si va a haber una atención a las realidades nacionales históricas en el Estado español y a sus aspiraciones, secundadas por una mayoría, de más autogobierno y mejor encaje.

-Deduzco que no le motiva mucho esta comisión.

-He defendido que la potencialidad de la disposición primera de la Constitución, más la disposición derogatoria segunda y la disposición adicional única del Estatuto de Gernika, nos darían una posibilidad de juego por explorar todavía, sin necesidad de abordar la reforma de la Constitución.

-¿Y por qué cree que no se han explorado esas vías constitucionales si están en la ley?

-Porque hay un sentimiento hegemonista nacionalista español mal entendido que piensa que los nacionalismos sin Estado vamos a romper el Estado. Todo arranca de un concepto de unidad impuesta y constitucionalizada en vez de una adhesión o unión voluntaria, como fueron la jura de los Fueros. Falta cultura y voluntad en el Estado español de querer ser un Estado con una convivencia satisfactoria.

-¿Detecta síntomas de recentralización en el Gobierno del PP?

-Recentralización viene habiendo desde el intento de la LOAPA, aunque ante las manifestaciones de ministros como Catalá o el portavoz del Gobierno Méndez de Vigo parece que hay una pulsión recentralizadora en algunos representantes.

«No me incomoda el PSE»

-¿Le incomoda gobernar en Euskadi con un partido, el socialista, que ha apoyado el 155?

-No me incomoda en absoluto gobernar con un partido como el PSE que ha pactado con el PNV un programa de gobierno, en orden también a la defensa y mejora del autogobierno. Lo que nos compromete es nuestro programa de gobierno.

-En el arranque de la ponencia de autogobierno del Parlamento Vasco, el PNV y el PSE han aparecido divididos en dos bloques diferentes ante la reivindicación del derecho a decidir. ¿Hasta cuándo es manejable esta división sobre un tema tan nuclear, por mucho que sea una discrepancia pactada?

-No hay discrepancias pactadas sino libertad de posición en la ponencia de autogobierno en orden a la mejora de ese autogobierno. Si hablamos del derecho a decidir, que no es un derecho propiamente jurídico sino de principio democrático, veremos a ver cuál es el planteamiento que se hace en la ponencia. Reitero que el derecho a decidir no es el derecho a la secesión o la independencia, sino simplemente el derecho a consultar a los ciudadanos sobre lo que se estime, previo acuerdo y de forma pactada y con garantías.

-¿Su reto al final de la legislatura es que PNV y PSE acaben encontrándose en ese acuerdo previo?

-Eso compete a los grupos parlamentarios. No me voy a inmiscuir.

-¿Qué le gustaría que se preguntara en una consulta habilitante en Euskadi?

-Lo que los partidos acuerden en la ponencia de autogobierno, que se refleje en un acuerdo lo más amplio posible, y que plantee una consulta o ratificación por parte de la sociedad, porque luego todo esto debe ser aprobado por las Cortes Generales del Estado, en virtud del ordenamiento jurídico que nos afecta.

-¿Qué le parece la vía de EH Bildu y los sindicatos ELA y LAB para impulsar un proceso soberanista?

-Primero aclarar que nunca he dicho que los sindicatos no puedan opinar de política, pero sí he dicho que ELA quiere autoerigirse en contrapoder al Gobierno Vasco. A partir de ahí, EH Bildu sabrá si ahora son los sindicatos los que mandan sobre los partidos políticos.

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