Celaá: «Habrá que hablar y acordar porque lo exige la sociedad»

Isabel Celaá fue consejera del Gobierno Vasco de López. / EFE
Isabel Celaá fue consejera del Gobierno Vasco de López. / EFE

La bilbaína, que será la cara del Ejecutivo, es catedrática de Filología y acredita tres décadas de gestión educativa en Euskadi

A. González Egaña
A. GONZÁLEZ EGAÑA SAN SEBASTIÁN.

La elección de Isabel Celaá Diéguez (Bilbao, 1949), para ser la cara del Gobierno de Pedro Sánchez, como portavoz, y para ejercer de ministra de Educación y Formación Profesional está estrechamente ligada a sus credenciales de tres décadas de dilatada trayectoria política en el área, a su perfil dialogante y de trabajadora incansable y a su empeño por la búsqueda de la «excelencia educativa». Celaá ocupaba actualmente la presidencia de de la Comisión de Ética y Garantías del PSOE, cargo para el que fue elegida en el Congreso Federal de 2017, pero que ya ocupaba desde su designación para ese mismo puesto en julio de 2014 cuando Pedro Sánchez llegó a la secretaría general en sustitución de Alfredo Pérez Rubalcaba.

La nueva ministra no ocultaba ayer una sensación de «alegría, tranquilidad y de respeto a lo diferente» tras confirmar su designación como portavoz del Gobierno y ministra de Educación. En una breve comunicación, casi de urgencia, aseguró a este periódico que era consciente de que el nuevo Ejecutivo y ella misma, en su ámbito de gestión, deberán empeñarse en «integrar diferencias legítimas, en escuchar, en hablar y en acordar porque nos lo exige la sociedad española».

Bilbaína, hiperactiva pese a sus 69 años recién cumplidos el pasado 23 de mayo, es una socialista católica, mujer seria, pero a la vez cercana, está casada y es madre de dos hijas. La nueva portavoz y ministra es licenciada en Filología Inglesa y catedrática y diplomada en Derecho por la Universidades de Deusto y de Valladolid. De niña, estudió en el Sagrado Corazón de Bilbao y tras su paso por los estudios superiores se convirtió en catedrática de instituto de Lengua y Literatura Inglesa. Su educación está vinculada a la cultura irlandesa, ya que vivió en Belfast y Dublín, lugares elegidos por sus padres para que reforzara la lengua de Shakespeare. No en vano, desde cría quiso ser profesora de inglés. También sabe euskera, tal y como lo acredita su título oficial de EGA.

A lo largo de treinta años de vida pública, ha estado en el Gobierno y en la oposición en numerosas ocasiones, y en los dos lados se ha comportado con seriedad y cierta dureza a la hora de defender sus argumentos. En 1987, comenzó a trabajar para los Departamentos de Educación del Gobierno Vasco que entonces dirigía el PSE-EE, primero como asesora para el impulso de la escuela pública vasca, su gran logro, y después como jefa de gabinete del consejero socialista del ramo, José Ramón Recalde, hasta 1991.

Ese año ascendió a viceconsejera de Educación, con el socialista alavés Fernando Buesa como consejero, en el Gobierno de coalición entre el PNV y el PSE-EE (1991-1995). Bajo esta dirección se negoció el pacto político entre nacionalistas y no nacionalistas para el acuerdo escolar, que supuso la regularización de las ikastolas, y la Ley de la Escuela Pública Vasca.

Nunca olvidará que los atentados contra su dos jefes fueron sus peores momentos en la política. Al primero, José Ramón Recalde, ETA le pegó un tiro en la cara al que sobrevivió, pero sufrió importantes secuelas. Buesa murió asesinado por un coche bomba en el año 2000 junto a su escolta, el ertzaina, Jorge Díez.

De 1995 a 1998, dirigió el gabinete del socialista Ramón Jáuregui en Justicia, Economía, Trabajo y Seguridad Social. Al finalizar ese mandato, su carrera se centró más en el Parlamento Vasco, donde ha sido portavoz del grupo de los socialistas en Educación, Cultura y Medios de Comunicación, secretaria Primera de la Mesa duarante un año, de 2004a 2005, y vicepresidenta primera entre 2008 y 2009.

Consejara de Patxi López

Patxi López confió en ella para formar parte del primer Gobierno Vasco del PSE-EE. El 8 de mayo del 2009 volvió a tener una responsabilidad en un ejecutivo de Euskadi, ya como consejera de Educación, Universidades e Investigación. En su etapa con el lehendakari López, fue la primera en insistir en el trilingüismo en las aulas -castellano, euskera e inglés-, la iniciativa Eskola 2.0 y la investigación. Además, bajo su mandato, se puso en marcha el programa de víctimas educadoras, consistente en la presencia directa de víctimas del terrorismo ofreciendo su testimonio en las aulas a estudiantes de enseñanza media. Sus primeros meses en el cargo no resultaron muy pacíficos, ya que una de sus primeras medidas fue derogar el currículo escolar de su antecesor Tontxu Campos (EA), «para despojarlo, según el PSE, de carga ideológica nacionalista».

En primera línea política desde los años noventa, su papel ha sido el de una especialista en educación, con peso entre los socialistas vascos por su alto dominio de la materia y su nivel intelectual, pero centrada en su sector, sin tanta relevancia en la línea política general del partido. Ha sido capaz de negociar con los sindicatos y tejer complicidades con otros partidos.

Cuando se produjo el relevo en el Gobierno Vasco, tras las elecciones autonómicas de 2012, Celaá siguió como parlamentaria y se convirtió en el azote de su sucesora en el cargo, Cristina Uriarte. Finalmente, dejó el Parlamento Vasco y la primera línea pública en 2016, pero no la política. En las dos últimas citas con las urnas en España fue candidata por Bizkaia al Senado, pero no llegó a salir elegida.

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