HABLAN LOS QUE NUNCA HABLARON

DIEGO CARCEDO

Durante mucho tiempo en Cataluña sólo se escucharon las palabras, y mejor que palabras las voces, de los activistas políticos que defendían romper con el estatus de convivencia existente, dar rienda suelta a sus impulsos ideológicos y proclamar la independencia de España y de Europa. En ese coro de mentiras repetidas al estilo gobeliano un millón de veces, promesas utópicas y argumentos fallidos se echaba de menos la opinión del resto de los ciudadanos; de los que no comparten las mismas ideas, de los que no sienten odio hacia el resto de los españoles ni quieren meterse en la incertidumbre de una aventura que la racionalidad más elemental descarta.

Pero todo llega y, después de mucho esperar hasta casi desesperarnos, esas personas, esas instituciones y esas empresas a las que englobábamos bajo la etiqueta de mayoría silenciosa han dejado de serlo. Bien puede decirse que se han hartado de que decidan por ellos, que se les esté imponiendo un futuro incierto contra su voluntad expresada en elecciones legales y fiables, de que se les acuse y discrimine y de que en medio del caos y la confusión se les esté engañando de manera vil. Por eso hoy han decidido acabar con el monopolio ideológico secesionista y se han lanzado a la calle a hacerse oír con la fuerza de su presencia y el argumento de sus razones. Ayer millones de españoles salieron a calles y plazos reivindicando la unidad que se intenta romper.

Y hoy, en una demostración más representativa de la autodefensa de la catalanidad española, han sido centenares de miles de esos catalanes hasta ahora callados que han salido a decir estamos aquí, no nos han anulado nuestro derecho a opinar y a expresarnos, y queremos decir alto y claro que no estamos de acuerdo con unas decisiones que no compartimos ni deseamos. La manifestación que este mediodía recorrió las avenidas y plazas céntricas de Barcelona reafirmaba el rechazo frontal a la independencia, que se quiere imponer unilateralmente, que fue iniciado hace una semana con la desbandada de grandes bancos y empresas industriales ante el riesgo que les supone esa posibilidad.

Mientras unos catalanes debaten en su disparidad de ambiciones si Cataluña está preparada o no está preparada, si hay que esperar o ya no se puede esperar, acorralados en su propia sinrazón, los otros catalanes han roto con su pasividad, esperando que desde el Estado de Derecho se les saque del atolladero, y han decidido poner pies en pared y dejando bien claro que quieren seguir unidos en España y en Europa, que la oposición a la farsa secesionista no la aceptan y que a la hora de impedirla el Gobierno, los jueces, los partidos constitucionalistas y de las fuerzas de seguridad no están solos También ellos asumen su parte. Y lo han demostrado dejando patente que ni Puigdemont, ni Junqueras ni Forcadell pueden decidir por ellos.

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