La justicia griega absuelve a los tres bomberos sevillanos acusados de tráfico de personas

Detenidos en 2016 cuando intentaban localizar una patera a la deriva quedan en libertad tras el juicio rápido celebrado en Mitilene

CECILIA CUERDOMitilene (Grecia)

La pesadilla terminó este lunes para Manuel Blanco, Enrique Rodríguez y Julio Latorre, los tres bomberos sevillanos que fueron arrestados hace dos años cuando participaban desde Grecia en el dispositivo de rescate de inmigrantes sirios que cruzaban el Mediterráneo en patera. Después de un intenso interrogatorio, el juez de Mitilene, la capital de la isla de Lesbos, les ha dejado en libertad y les absuelve de los cargos de tentativa de tráfico ilegal de personas junto a otros dos cooperantes daneses. «Estamos como si nos hubiéramos quitado de encima una losa de 2.000 kilos», indicó Blanco a las puertas del juzgado.

El abogado ya les transmitió que la causa era «vaga e imprecisa», pero estaban intranquilos porque el caso llegó a juicio y afrontaban penas de hasta diez años de cárcel por cada inmigrante supuestamente introducido, aunque el día de su detención no lograron rescatar a nadie. Durante la vista estuvieron acompañados de diputados andaluces de todos los partidos, el cónsul español y la consejera andaluza de Justicia, Rosa Aguilar, quien declaró como testigo para dar cuenta de su labor humanitaria en otras tragedias.

En una vista tensa y complicada, en la que la Fiscalía mantuvo su acusación, los bomberos defendieron que en su calidad de funcionarios conocían y cumplieron las normas, informando siempre de sus movimientos a las autoridades griegas. Explicaron además que su labor es salvar vidas, como ha hecho en otras ocasiones, y que no dudan en emplear para ello sus días de vacaciones. En su absolución fue decisiva la declaración de los guardacostas griegos, que reconocieron que les pidieron ayuda en varias ocasiones para colaborar con los rescates.

«Es una explosión de alegría, gracias a todos los que nos han ayudado porque en estos últimos momentos la energía de todos los apoyos nos ha llevado en volandas», afirmó Blanco a la salida del juzgado, reconociendo que mientras puedan, seguirán salvando vidas porque «sigue ocurriendo lo mismo en el Mediterráneo». «La mejor cara de Europa la hemos mostrado los voluntarios», afirmó, «y hoy ha quedado claro que salvar vidas no es un delito», dijo en apoyo a otras oenegés y cooperantes que están siendo criminalizados.

La pesadilla comenzó el 14 de enero de 2016, en los meses con más flujo de inmigrantes huyendo desde las costas turcas en dirección a Europa. Les había conmovido la escena del pequeño Aylan Kurdi, el niño sirio encontrado ahogado en una playa turca en septiembre de 2015, y vieron que desde el sofá de casa no podrían impedirlo. Apenas llevaban unos días en la isla cuando recibieron una llamada de la oenegé danesa Team Humanity para acompañarles en la búsqueda de una embarcación a la deriva. Su lancha estaba reparándose, y no lo dudaron.

De regreso a puerto sin haber localizado la patera fueron interceptados por los guardacostas griegos. Los detuvieron junto a dos voluntarios daneses y les acusaron de facilitar el tráfico ilegal de inmigrantes. Inicialmente, también de posesión de armas, ya que portaban un cortacabos de punta roma reglamentario en los chalecos salvavidas, aunque este delito fue archivado. Aún hoy no se explican que pudo pasar esa noche. «Nos han llegado a decir que estábamos en el sitio equivocado en el momento equivocado», apunta Blanco. De hecho, Proem-Aid no dejó de trabajar en la zona hasta finales de 2017, con relevos cada 15 días, pero nadie más ha sido detenido.

Tuvieron que pagar una fianza de 15.000 euros, y aunque no les impidieron continuar en la isla, prefirieron regresar a España, donde han participado en otras labores de rescate. Siempre tirando de sus recursos económicos, que ya escasean y ponen en riesgo la supervivencia de la asociación. Pero no dudan cuando se les pregunta si volverían a Lesbos. «Nosotros estamos condenados a salvar vidas, no sabemos hacer otra cosa, así que no hay miedo a volver, lo que ocurrió fue el azar de esa noche», dice Blanco. Su objetivo ahora es lograr fondos para poder desplazarse a Libia a ayudar.

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