El Gobierno Vasco y los partidos esperan en tensión el desenlace sobre Cataluña

El lehendakari, Iñigo Urkullu, llega a su escaño del Parlamento Vasco en un pleno de hace dos semanas./EFE
El lehendakari, Iñigo Urkullu, llega a su escaño del Parlamento Vasco en un pleno de hace dos semanas. / EFE

Si esta semana fracasa la opción de una salida dialogada y Rajoy sigue adelante con el 155, el lehendakari reducirá al mínimo las relaciones con el Ejecutivo central

MIGUEL VILLAMERIELSAN SEBASTIÁN.

El devenir de los acontecimientos a lo largo de esta semana en Cataluña tendrá una repercusión directa en la política vasca, por lo que tanto el Gobierno de Urkullu como la totalidad de los partidos vascos esperan en tensión la respuesta que hoy a primera hora trasladará Carles Puigdemont al requerimiento del Ejecutivo central. En caso de que el presidente de la Generalitat no sea claro a la hora de negar que el pasado martes declarase la independencia de Cataluña y el Gobierno de Rajoy decida seguir adelante con la aplicación del artículo 155 de la Constitución, la política vasca podría vivir una convulsión que nadie se atreve a anticipar. La primera consecuencia de una hipotética intervención de la autonomía catalana, tal y como reconocieron fuentes de Lehendakaritza a este periódico, sería un empeoramiento de la relación entre los gobiernos vasco y central, que se reduciría a la mera cortesía institucional. Una involución que acabaría con varios meses de sintonía que permitieron acuerdos importantes como los del Cupo, el impulso del TAV o avances relacionados con el desarrollo de la Ertzaintza como policía integral.

Aquel entendimiento entre los ejecutivos de Vitoria y Madrid no se puede entender sin la influencia que el PNV ha tenido el último año en el Congreso. Sus cinco diputados fueron claves para que el Gobierno de Rajoy pudiera aprobar los Presupuestos de 2017, al igual que el actual desmarque del partido jeltzale a causa del conflicto catalán ha llevado al Ejecutivo central a prorrogar las cuentas de 2018. El presidente del EBB, Andoni Ortuzar, ya advirtió en junio que su partido no avalaría una «estrategia cruenta» contra Cataluña, y no tardó en distanciarse del PP en cuanto arreciaron las operaciones judiciales y policiales contra el 'procés'.

La hipótesis de que Rajoy siga adelante con el artículo 155, si la respuesta de Puigdemont no es satisfactoria para el Gobierno, contribuiría a aumentar la brecha que ahora mismo separa al PNV y el PP en Madrid. Y este distanciamiento tendría también un reflejo institucional al complicar las relaciones entre los gobiernos vasco y central. Fuentes cercanas a Iñigo Urkullu aseguran que el lehendakari «en ningún caso avalaría la intervención de una comunidad autónoma como Cataluña, pero menos aún lo hará cuando considera que Puigdemont frenó la semana pasada la declaración de independencia». Para Urkullu, la salida a este conflicto debe llegar a través de una «solución acordada» que pasaría por la celebración de un «referéndum legal y pactado» en el que se respete el derecho a decidir de los catalanes.

La sintonía de PNV y PP en Madrid saltaría por los aires si se da una «estrategia cruenta»

La posición del PSE ante un hipotético 155 augura tensiones en el seno del Ejecutivo vasco

Diferentes posiciones

El lehendakari tiene muy claro que no avalará la aplicación del 155 por parte del Gobierno, aunque se encuentra ante la disyuntiva de presididir un Ejecutivo de coalición en el que, además del PNV, participa el PSE. Los socialistas vascos tampoco desean que se llegue al extremo del 155, pero su discurso es más contundente en relación a la necesidad de que Puigdemont «vuelva a la legalidad» para que se pueda iniciar un diálogo fructífero con el Estado. Además, la posición anunciada por el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, de que apoyará el desarrollo del artículo 155 si Puigdemont no regresa al orden constitucional podría condicionar de una manera decisiva el discurso del PSE. Si el PSOE cierra filas con el Gobierno de Rajoy, aunque sea en un primer momento, los socialistas vascos no podrían desmarcarse claramente de la ejecutiva de Sánchez. Un contraste de posiciones que augura tensiones en el seno del Gobierno Vasco.

Otra derivada del posible deterioro en las relaciones entre el PNV y el PP es que el Gobierno de coalición de jeltzales y socialistas correría el riesgo de perder el soporte del PP vasco, que fue determinante para la aprobación de los Presupuestos vascos de 2017 con su abstención. El Ejecutivo de Urkullu está a un escaño de la mayoría absoluta, por lo que debería llegar a un acuerdo con EH Bildu, Elkarrekin Podemos o PP para sacar adelante las cuentas. Si los populares llegaran a descartarse, Urkullu tendría que negociar con alguna de las dos coaliciones de izquierdas y, en caso de no obtener su apoyo, empezaría a cobrar cuerpo el fantasma de la prórroga presupuestaria.

Todo ello demuestra que lo que ocurra esta semana en Cataluña puede desestabilizar de manera clara la política vasca.

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