Fernando Savater: «Una persona libre nunca se pregunta qué va a pasar, sino qué vamos a hacer»

Fernando Savater, con un ejemplar de su nuevo libro, 'Contra el sepatatismo'./SARA SANTOS
Fernando Savater, con un ejemplar de su nuevo libro, 'Contra el sepatatismo'. / SARA SANTOS

La actualidad catalana lo ha animado a volver a escribir y el resultado es 'Contra el separatismo', un texto corto que presenta este jueves en San Sebastián

ROBERTO HERREROSAN SEBASTIÁN.

Tras el fallecimiento de su esposa, Sara Torres, hace poco más de dos años, dijo que no volvería a escribir. Lo mantiene, pero ha hecho una excepción para crear este texto breve que tilda de panfleto y que dice haber escrito para «quienes quieren vivir libres e iguales». Este jueves, a las siete y media de la tarde, lo presenta en la librería donostiarra Lagun.

-¿Lo de tildar de panfleto al libro es humor o cierta provocación?

-Estamos hablando de algo que afecta a la vida de millones de personas y que tiene que preocupar a gente que no se va a dedicar a estudiar esta cuestión ni a leer sesudos tratados de historia. Por eso está bien hacer una síntesis accesible a cualquiera. Lo llamo panfleto en el sentido de que es un opúsculo, una obrita corta. Y también porque me tomo más libertades con el lenguaje que cuando escribo un artículo en prensa.

«Los separatistas hacen creer que todos los que sienten apego a su tierra deben apoyarlos»

«No hay que reformar la Constitución para dar gusto a los nacionalistas»

-¿Cree que le van a acusar de oportunista?

- Oportunista es el que no tiene nada sobre lo que escribir y espera una oportunidad. Otros tenemos la suerte, o la desgracia, de tener demasiados temas sobre los que escribir y sin embargo no querer hacerlo. Yo he sido oportuno, no oportunista, y además tengo cierto sentido del deber porque no lo habría escrito si lo que digo se lo hubiera oído al menos a las personas que me merecen un respeto.

-Dice que es un libro contra el separatismo, pero no contra el nacionalismo.

-Como nacionalismo englobamos cosas muy diferentes. Hay grados. Está el nacionalismo feroz y agresivo que ha provocado dos guerras mundiales el siglo pasado. Y hay otros nacionalismos que van bajando hasta una especie de apego a lo nuestro. Yo, por ejemplo, soy muy ñoñostiarra. ¿Quién no siente un poco sus colores? Ese no es el problema. En cambio, los separatistas juegan con eso para reclutar más gente y hacen creer que todo el que tiene algún tipo de sentimiento de apego a su tierra debe apoyarlos. Hay que explicar que ser un nacionalista templado no obliga a participar en la labor de destrucción de la democracia y del Estado. Camus ya dijo aquello de «yo amo demasiado a mi país para ser nacionalista».

-¿Ha sido apresurado convocar elecciones en diciembre?

-Sí. Lo primero es que nadie se ha planteado, ni en Cataluña ni en el resto de España, cambiar una ley electoral que favorece a las zonas rurales sobre las ciudades. Lo que sí ha provocado la convocatoria de elecciones es que los que ayer proclamaban la República hoy aceptan unas elecciones autonómicas por mucho que intenten disimularlo.

-La CUP dice que son elecciones ilegítimas, pero se presentan.

-Eso demuestra que hay un radicalismo de boquilla y luego un pragmatismo para lo que es lo de las subvenciones, el día a día y el dinerito.

-¿Qué resultados prevé?

-Parece que sube Ciudadanos, quizás algo la opción constitucionalista en general. Pero yo creo que al final va a quedar muy parecido. Y si continúan de la misma manera la televisión pública catalana y la educación, en diez meses estaremos otra vez igual.

-¿Cómo cree que estará la situación en Cataluña dentro de un año?

-Una persona libre nunca se pregunta qué va a pasar, sino qué vamos a hacer. Pasará lo que queramos que pase. Lo que no podemos es condenar los efectos y seguir fomentando las causas. Espero que Ciudadanos o algún grupo que aparezca y sea verdaderamente de izquierdas, no como la pseudoizquierda de Podemos, busquen la libertad e igualdad de los ciudadanos y actúen donde el Gobierno no lo ha hecho.

-En su libro insiste en la importancia clave de la educación.

-Tenemos 17 planes de educación diferentes y eso origina que se den cosas absurdas y no solo en las autonomías más nacionalistas. Era uno de los temas que llevábamos en UPyD, que el Estado recuperara parte del control. Ya existe la alta inspección del Ministerio, pero no se aplica. No se atreven a mandar un inspector ni a Rentería ni a Tarragona ni a ningún sitio.

-Señala también como esencial el uso del tema lingüístico.

-Ese ha sido el principio de todo. La unidad del país debe existir de acuerdo con un elemento de comunicación común. El año pasado en las escuelas francesas pusieron un decálogo sobre lo que había que respetar para que fueran realmente laicas. Y la lengua común estaba a la cabeza. Aquí primero se empezó a minusvalorar la importancia de la lengua común, luego a marginarla y después a convertirla casi en una ofensa. Y pasa en muchos sitios, en Baleares han dicho a los padres que no saben catalán que se comuniquen con los profesores por mímica. ¡Parece un chiste, pero es real!

-Cuenta en el libro que gran parte de los intelectuales que ha conocido son de una notable cobardía. ¿Haciendo amigos?

-Los intelectuales somos como las putas, vivimos de gustar. Además siempre es cómoda la postura de como yo soy más listo estoy por encima de estas cosas de las banderas y todo eso. En el fondo es no querer comprometerse. Pero quizás yo sea un optimista diciendo que son unos cobardes, que lo son, puede que simplemente no sepan qué decir. Tienen una inteligencia rampante para escribir sus libritos o hacer una película, pero no para reflexionar sobre lo que exige un poco de pensamiento abstracto.

-¿Qué le parece la posible reforma de la Constitución como solución al independentismo?

-Para lo que no hay que hacerlo es para dar gusto a los nacionalistas. La ciudadanía no se puede tocar. Por mucho que haya gente que arme follón, no se puede hacer que los ciudadanos de una parte del país sean distintos en sus derechos y deberes a los de otra parte. La isonomía, la igualdad ante la ley, es la definición de la democracia. Todo lo que sea reformar la Constitución para dar un tinte legal a imposiciones nacionalistas me parece no solo un error, sino una traición a los que hemos estado luchando contra el nacionalismo todo este tiempo.

-¿Cómo relaciona la actualidad en Cataluña con el País Vasco?

-Urkullu no creo que tenga gran entusiasmo por el camino separatista, pero hay otros que, ante cualquier ventaja que se obtenga, inmediatamente procurarán intervenir. Si se aplica la ley, se comprenderá que estas cosas no salen gratis ni económica ni políticamente.

-El libro está dedicado a su esposa fallecida. ¿Ha sido ella el motor para volver a escribir?

-Así ha sido. Abandoné la escritura por falta de ganas y también de quien era mi lectora. Pero, por otra parte, pensé que se lo debía, porque para ella Barcelona fue muy importante. Fue a vivir allí, de niña pobre. Y eso me ha hecho pensar que había que molestarse otra vez.

-¿Le anima este libro a no dejar del todo de escribir?

-¡No, al contrario! Además eso exige un fervor que ya no tengo. Cuando te pasa una desgracia que te cambia la vida, sucede que las cosas que antes considerabas muy importantes ahora ya las ves como motas de polvo en la ventana.

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