EXTENUACIÓN

Lourdes Pérez
LOURDES PÉREZ

Cataluña está a punto de hacer añicos dos tabúes y de dinamitar, con ello, el modelo que ha construido la España de las autonomías -con la asimetría de la singularidad vasca- desde la Transición. Nadie se había atrevido a llegar tan lejos como el Govern de Puigdemont haciendo bandera de la independencia, con la ANC y Òmnium pidiendo ya un inaudito y peligroso vaciamiento de los bancos. Y nadie contemplaba que en el Estado imperfecto y tensionado, pero sin fracturas irreversibles, hubiera que recurrir al artículo 155 de la Constitución. Buscando la secesión a toda costa -y a todo coste-, Cataluña está a punto de convertirse en la primera comunidad con su autogobierno intervenido. La decisión políticamente más delicada que ha tenido que afrontar el Estado constitucional queda en manos del presidente español menos dado a las respuestas drásticas. Y de un Senado que cargaba con el estigma de ser prescindible y que a partir de mañana va a protagonizar el pulso con la Generalitat y el Parlament enfilados hacia la ruptura, sin que se sepa a ciencia cierta quién gobierna hoy y cómo la vida diaria de los catalanes. Ese desgobierno que tanto inquieta a quienes en el PNV son alérgicos al descontrol y están persuadidos de que no existe soberanía creíble y viable sin gestión, sin cohesión social y sin reglas de juego. Ese PNV que anhela no verse atrapado entre el 155 y la independencia por 'el artículo 33'.

La situación está tan desbordada que Puigdemont admitió ayer que no ha proclamado la independencia, retando a Rajoy a intervenir la autonomía catalana para anunciar que, en ese supuesto, el Parlament aprobará la DUI nonata. Con su rival en el desfiladero que va de la flaqueza a la amenaza, el presidente español ha optado por poner pie en pared a lo segundo mientras confía en que el tiempo para hacer valer el 155 en el Senado -el tiempo rajoniano- termine de desgastar al secesionismo, por error y extenuación, en este momento decisivo. A sabiendas de que la sangría empresarial no va a frenarse, de que Alemania y Francia no empatizarán con el 'Catalexit' y de que ha amarrado una mayoría en el Congreso que descoloca a Podemos. El duelo se adentra en el polvorín del 155 enfrentado al rupturismo del Palau y de la calle.

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