El espíritu de Caballero sigue vivo

Tomás, junto a su hija María, dos de sus nietos y su mujer Pili en el verano de 1996 en L'Hospitalet./
Tomás, junto a su hija María, dos de sus nietos y su mujer Pili en el verano de 1996 en L'Hospitalet.

La hija del portavoz de UPN en el Ayuntamiento de Pamplona mantiene su legado | Se cumplen 20 años del asesinato del concejal regionalista después de que ETA le pegara dos tiros en la cabeza

AINHOA MUÑOZ San Sebatián

Aquella mañana de hace exactamente dos décadas, el portavoz de UPN en el Ayuntamiento de Pamplona, Tomás Caballero, salió de su casa con la ilusión de regalar a sus compañeros de partido unos pañuelos y corbatas que compró días antes durante el viaje de una delegación municipal a Japón. Jamás pudo entregar aquellos obsequios. ETA decidió acabar con su vida descerrajándole dos tiros en la cabeza cuando ponía en marcha su coche, estacionado junto a la puerta de su domicilio. Tenía 63 años, cinco hijos, y ocho nietos por los que se desvivía. «Yo estaba trabajando y me llamó mi hermano: 'María, papá ha tenido un atentado'. No me lo podía creer... Salí corriendo. Puse la radio en el coche y escuché que le habían metido dos tiros en la cabeza. Aquello ya me hizo pensar en lo peor...».

Las palabras de María Caballero, una de las hijas del concejal, retumban hoy en el 20 aniversario del asesinato de su padre a manos de ETA. Tenía 34 años, trabajaba como funcionaria en el mismo consistorio de la capital de Navarra y, de pronto, pasó a ser protagonista de una historia cruel que tantas veces había visto por la televisión.

Desde entonces, María decidió recoger el legado que su padre le dejó en vida y se propuso seguir la estela de su 'ejemplo a seguir'. Se afilió a UPN y desde hace siete años es concejala por este partido en el mismo Ayuntamiento en el que su padre se esforzó por combatir el terrorismo etarra. María aún recuerda la vitalidad de un padre «sin pelos en la lengua», muy franco y directo. Unas características que, según relata, hicieron que Tomás Caballero pasase del anonimato a estar en el punto de mira de la organización terrorista.

Apenas tres meses antes de su asesinato, los ediles de Herri Batasuna del Ayuntamiento de Pamplona presentaron una querella contra el concejal de UPN después de que éste les calificase de «asesinos» en el transcurso de un pleno convocado para tratar el asesinato de un concejal del PP. «Con aquella denuncia, ETA le señaló. Mi padre se dejó ver demasiado y se les hacía incómodo», recuerda su hija con un poso de angustia que aún duele. «Los años van pasando y aprendes a vivir esta circunstancia tan dura. Pero cuando llega la fecha estoy más sensible, se me revuelve el cuerpo...», se duele.

La gran pena de María, confiesa, será siempre que sus tres hijos no puedan hoy disfrutar de su abuelo. Una circunstancia «cruel» aliviada -en parte- por el espíritu que la familia Caballero mantiene vivo de Tomás. Ese recuerdo no es ajeno, sin embargo, a la sociedad pamplonesa. Familiares, amigos y representantes políticos de UPN y de diversas formaciones se concentraron ayer frente al Ayuntamiento de Pamplona en un acto de homenaje al edil asesinado.

«Para mí, ser concejala en este consistorio tiene un significado tan especial...», sonríe María. Un ayuntamiento en el que, bajo el mandato de Tomás Caballero como alcalde 'accidental' de Pamplona, se vivió un hecho hasta entonces sin precedentes: se izó por vez primera, y de forma oficial, la ikurriña.

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