La escultura del desarme de ETA sigue almacenada en Baiona sin encontrar una ubicación definitiva

La escultura de Baiona. / ARIZMENDI
La escultura de Baiona. / ARIZMENDI

El Ayuntamiento está en conversaciones con los responsables franceses de patrimonio, tras los problemas técnicos surgidos en el enclave original

Jorge Sainz
JORGE SAINZ SAN SEBASTIÁN.

La escultura del desarme de ETA sigue buscando una ubicación en Baiona. La obra, que levantó polémica en algunos colectivos de víctimas, permanece desde hace varias semanas guardada en almacenes municipales de la capital tras los problemas técnicos detectados en el enclave original en que se quería colocar, por el riesgo de que se hundiera en la tierra debido a su gran peso. El Ayuntamiento sigue en conversación con los responsables de Architectes des Bâtiments de France, órgano estatal encargado del patrimonio urbanístico, para definir un destino final y lograr que la obra, con un coste de unos 80.000 euros, pueda ser exhibida al público.

La escultura 'Arbolaren egia', del guipuzcoano Koldobika Jauregi, ha estado lastrada desde el inicio por las dificultades. Su inauguración el pasado 8 de abril, coincidiendo con el primer aniversario del desarme de ETA, vino precedida por la polémica al ser rechazada por determinados colectivos de víctimas por utilizar el símbolo de la banda, un hacha, aunque fuera invertida y enterrada. Pese a ello, el monolito se inauguró en presencia del alcalde y presidente de la Mancomunidad de Iparralde, el centrista Jean-René Etchegaray, el grupo 'Artesanos de la Paz' y dirigentes de EH Bildu como Arnaldo Otegi. Aquel día tampoco el tiempo acompañó y la intensa lluvia deslució el evento.

La obra fue instalada en la explanada Roland Barthes, uno de los lugares donde se centralizaron los actos del desarme de hace un año. No obstante, el gran peso y volumen del monolito de acero y hierro, cercano a las tres toneladas, con ocho metros de altura y cuatro de anchura, impedía colocarla como el autor deseaba en origen, con parte del hacha bajo tierra, en una metáfora de que las armas quedaban enterradas para siempre. Para evitar su hundimiento en el firme, se puso provisionalmente sobre una plataforma de hierro aquel día. Una vez inaugurada, tuvo que ser retirada. Más de dos meses después, la obra permanece en unos almacenes municipales a la espera de un nuevo destino que cumpla todos los requisitos de seguridad. Los técnicos de Batîments de Francia tienen ahora la palabra.

Unos 80.000 euros

La escultura de Baiona tiene un coste de entre 60.000 y 80.000 euros que será financiado por empresarios vascofranceses a título privado. El Ayuntamiento se limitó por mayoría a aprobar en su día su colocación, pero no aportaba dinero. La creación será sufragada por aportaciones particulares logradas por Bake Bidea y los Artesanos de la Paz, de empresarios del País Vasco francés, entre ellas firmas del transporte por carretera, y algún industrial radicado en la Comunidad Autónoma Vasca.

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