Ertzainas sin género de duda

El 11,75% de los policías vascos son mujeres, un porcentaje que se pretende incrementar a partir de este mismo año

Leire Díez, Piedad Calabozo y Ana García. /LOBO ALTUNA
Leire Díez, Piedad Calabozo y Ana García. / LOBO ALTUNA
ANA VOZMEDIANO VITORIA

El 11,75% de los agentes de la Ertzaintza son mujeres, un porcentaje muy alejado del 33% por el que se apostó en su momento y que no parece que se vaya a cumplir a corto plazo. La convocatoria actual de puestos de trabajo, 300 plazas a las que hasta ahora optan 1.809 personas, ha orientado parte de su promoción a explicar que la profesión está llena de incentivos, que la fuerza no es una de sus características principales y que la paridad entre mujeres y hombres es positiva. Incluso necesaria. Lo resume el Departamento de Seguridad: hacen falta más chicas en el Cuerpo, ertzainas sin género de duda que quieran ser policías.

Leire Díaz lo entiende muy bien. Donostiarra de 26 años, jugadora de baloncesto y licenciada en Psicología, quería ser policía desde que era pequeña. La suya es una herencia familiar teñida por la tragedia. Su abuelo, Carlos Díaz Arcocha era el superintendente, el jefe de la Er-tzaintza cuando ETA le asesinó en 1985 en una gasolinera muy próxima a Arkaute, la academia en la que Leire estudia, aprende y ríe hoy junto a sus compañeros. Su padre, Carlos, también siguió esa senda profesional y ella, pese a que cumplió los deseos de su madre y estudió una carrera universitaria -«hija, espera un poco»- insistió e insistió hasta cumplir su sueño.

«Mi madre ha pasado mucho miedo durante años y años. Al principio se oponía, pero ahora está contenta. A mi padre mi decisión le emocionó, pese a lo que han pasado, sobre todo cuando ETA mató a mi abuelo». Su pareja mostró extrañeza cuando le contó su vocación. «'Eso es un poco de hombres, ¿no?', me dijo. Ahora está encantado. ¡Es que llevamos diez años juntos y sabe lo que quiero desde siempre!»

Cuando Leire entró en la academia en octubre, después de superar las pruebas de ingreso de la última promoción, la 26, había aprobado algo más importante que un montón de exámenes. Un reto. Ahora le quedan siete meses de clases en Arkaute, junto a otras 500 personas de las que 400, como Leire, se alojan en sus instalaciones.

Un día en Arkaute. Malentxo Arruabarrena es la directora de la Academia en la que Leire y María viven y hacen prácticas.
Un día en Arkaute. Malentxo Arruabarrena es la directora de la Academia en la que Leire y María viven y hacen prácticas. / LOBO ALTUNA

Allí conoció a otra chica con vocación de policía que consiguió salvar las pruebas la primera vez que se presentaba. Es otra donostiarra, Ana García, de 29 años, que después de estudiar Magisterio Infantil se dio cuenta de que lo suyo no era la educación de los niños. «Empecé a trabajar en un bar y allí conocí a unos guardias municipales con los que hablaba de su trabajo. Nos hicimos amigos y me empezó a convencer lo que hacían, cómo ayudaban a la gente, me hizo pensar que eso era lo mío, que podía dedicarme a investigar, a evitar la violencia de género. Y me animé a presentarme. ¡Fui a por todas!».

Ana dice que sus padres siempre le han apoyado en todas sus decisiones y que su pareja también está contenta con la vida que ha iniciado en Arkaute. Como Leire, sabe euskera e inglés y ella, además, un poco de portugués. Pese a lo que pudiera pensarse, no son aficionadas a series como CSI , en la que las mujeres, por cierto, tienen una presencia importante. Tampoco tienen ni idea de quién fue la Mujer Policía, aquella súper rubia Angie Dickinson subida a enormes tacones. Sí les gusta ver Policías en Acción, la serie sobre casos reales. Nadan perfectamente, tienen carnet de conducir, les gusta el deporte y disfrutan de la enorme piscina que hay en la Academia a disposición de quienes residen allí.

La veteranía de Piedad

En Arkaute bulle la vida de 400 estudiantes, distribuidos en módulos. El E es el de la chicas, que duermen en habitaciones muy amplias de ocho camas, cada una con su taquilla, similares a las de los chicos. Cuando Piedad Calabozo, una de las más veteranas del Cuerpo, llegó a Arkaute con la cuarta promoción fue una de las primeras mujeres que hicieron su aparición en Vitoria. Ella había estudiado Magisterio, pero unos primos suyos eran ertzainas y tras un par de años de dudas decidió presentarse a las pruebas.

«Al principio no me atrevía a dar el paso, pero nunca me he arrepentido. Ir al trabajo, con sus más y sus menos, siempre me ha agradado, es una motivación constante». Ahora vivir en la Academia es voluntario, aunque la inmensa mayoría prefieren hacerlo en estas instalaciones, pero cuando llegó Piedad era obligatorio. «Poco a poco se han ido cambiando cosas que al final nos favorecen a todos, hombres y mujeres». Ella es ahora la responsable de Igualdad de la Policía Vasca, después de patrullar, investigar, participar en la coordinación policial y afrontar el drama que supuso el asesinato de su compañero y amigo Joseba Goikoetxea, también a manos de ETA.

La Academia que vivió esta mujer y a la que sigue guardando cariño tenía unas aulas con poca luz, (aún se conservan algunas a la espera de ser modernizadas como ha ocurrido con el resto) habitaciones con más de veinte literas y una presencia mínima de chicas. Solo el 12% de quienes se presentaron a aquella promoción de Piedad eran mujeres. En la primera convocatoria de todas ni siquiera hicieron acto de presencia: se exigía haber cumplido el servicio militar, una condición que se eliminó. Hubo intentos de establecer cupos, pero reclamaciones administrativas echaron por tierra esta posibilidad que sigue sin poder aplicarcarse.

A Piedad le preocupa la presencia de mujeres, la conciliación de la vida profesional con la personal y que se cumpla el compromiso que la propia Ertzaintza ha adquirido con la igualdad. Se siente orgullosa de chicas como Leire y como Ana e insiste tanto en la variedad de empleos que existen dentro de la policía como en la importancia de la actitud y el espíritu de equipo frente a la mera fuerza. Ella es partidaria de cambiar de destino cada cinco años, pero insiste en que las posibilidades son muy variadas. Ana está empeñada en dedicarse a combatir la violencia de género. Leire quiere investigar, trabajar en la oficina de inteligencia. Y estudiar Criminología una vez que deje esta academia tan especial y salga a las calles con el pesado cinturón blanco en la cintura.

Van uniformadas igual que sus compañeros y si tienen el pelo largo se lo atan en una coleta, porque saben que es más seguro para ellas. En el ejercicio práctico, Leire y Ana se convierten en la pareja (o binomio) que patrulla en un coche y recibe la llamada de otro para que acudan a una agresión en la calle. Les toca quedarse con el herido que queda tendido en el suelo mientras sus compañeros corren tras el agresor.

Otro grupo aprende primeros auxilios y se imparten también clases de conducción en condiciones extremas o de mecánica. Será lo que les espere a los 300 que superen las pruebas y que se conviertan en la 27 promoción de la Ertzaintza. Por primera vez, quienes se apunten hasta el 30 de enero podrán ver que se valoran los idiomas y los estudios.

Ayer mismo, la Ertzaintza contaba con 7.500 efectivos en activo. De ellos, 882 son mujeres. La proporción va variando según las nuevas promociones, aún con la incógnita de cuántas serán en el futuro y si la paridad se hará Cuerpo.

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