El PNV, dispuesto a dar estabilidad al Gobierno de Rajoy si se serena la crisis en Cataluña

El portavoz del PNV en el Congreso, Aitor Esteban, saluda a Mariano Rajoy tras su investidura./D. OCHOA DE OLZA / AFP
El portavoz del PNV en el Congreso, Aitor Esteban, saluda a Mariano Rajoy tras su investidura. / D. OCHOA DE OLZA / AFP

Los jeltzales no trabajan con la hipótesis de un adelanto electoral en España y creen que «nadie» lo quiere ahora. Las condiciones pasan por el fin del 155 y que el Gobierno contribuya a rebajar la tensión

LOURDES PÉREZSAN SEBASTIÁN.

Sabin Etxea y Ajuria Enea aguardan acontecimientos tras el escrutinio del 21-D en Cataluña. Un resultado que, por una parte, ofrece «la fotografía real» de unos actores políticos y de una ciudadanía a los que no les quedaría otra, llegados a este punto de excepcionalidad tras la DUI y la aplicación del 155, que «entenderse», subraya el entorno del lehendakari Urkullu. Pero que, por otro lado, resulta lo suficientemente endiablado como para poder «complicarlo todo mucho», contrapone una fuente peneuvista, que se pregunta por el gobierno que serán capaces de conformar los independentistas, por las decisiones que adoptará Carles Puigdemont desde Bruselas y cómo empastará su nuevo liderazgo con el PDeCAT y, especialmente, por lo que hará ahora el Gobierno de Rajoy con la crisis catalana tras la debacle electoral del PP. Pero en algo coinciden los medios consultados: situado a la espera -no ha pasado ni una semana desde el 21-D-, el PNV está dispuesto a favorecer la estabilidad en Madrid y a entrar a «negociar» los Presupuestos del Estado si se dan las condiciones para ello. Condiciones que van más allá del levantamiento de la intervención de la Generalitat y el Parlament.

«No se trata solo del 155, es más bien la actitud del Gobierno hacia la crisis en Cataluña. Si sigue habiendo una tensión elevada, eso nos limita muchísimo», resume la fuente jeltzale antes citada. Los peneuvistas dan por hecho que el recurso al artículo de la Constitución que ha permitido al Estado tomar el timón del autogobierno catalán llega a su punto final con la designación del president y la formación del nuevo ejecutivo autonómico. Así lo determinó el Consejo de Ministros en su acuerdo de 16 páginas del 27 de octubre siguiendo, a su vez, las directrices del Senado. Pero también aflora la convicción de que el Estado volverá a activar el 155 si el secesionismo incide en el intento de ruptura unilateral. Una vía que el lehendakari y el EBB de Ortuzar ven atorada, más allá de la comprensión o incluso la empatía que puedan sentir los nacionalistas vascos hacia la causa soberanista catalana.

En Ajuria Enea remedan al 'Gatopardo', pero a la inversa, para explicar cuál debería ser el objetivo del conjunto de los catalanes después de la masiva votación del 21-D: «Todo sigue igual, pero para que todo cambie». Los peneuvistas confían en que Junts per Catalunya y ERC ya no dependan tanto del radicalismo de la CUP y que eso contribuya a propiciar una cierta distensión. Distensión a la que no son ajenas las resoluciones que vaya a tomar Puigdemont sobre su estrategia política y su compleja situación procesal; ni tampoco cuánta presión perciba Rajoy por el delicado flanco de Ciudadanos, convertido en el ariete del constitucionalismo en Cataluña. Es una incógnita si Albert Rivera utilizará la eventual negociación presupuestaria para estrechar el ya de por sí angosto margen de maniobra del presidente del Gobierno, aunque las fuentes consultadas no creen que le convenga tensar tanto la cuerda y tan pronto como para precipitar un adelanto electoral en España.

La buena comunicación entre Ortuzar y Rajoy mantiene viva la opción de un nuevo acuerdo

Los peneuvistas sí están preocupados por la proyección en clave española de Ciudadanos

Cinco escaños cotizados

Una hipótesis que no interesa hoy al PNV, cuyos cinco escaños han subido su cotización tras el descalabro del PP en Cataluña. Los nacionalistas vascos se inclinan por contribuir a la estabilidad de la legislatura con dos razones en la mano. Una, ante la inflación de citas con las urnas de los últimos años, «nadie» estaría por otras generales ahora. Y dos, los partidos querrían medirse en las municipales de 2019, un ejercicio en el que están previstas también las europeas. Ante semejante calendario, unas generales españolas antes de tiempo tendrían que acelerarse tanto como para celebrarse a lo largo de los próximos meses, sin apenas respiro en un país que acudió a las urnas dos veces entre finales de 2015 y el verano de 2016.

No es esa la perspectiva, la del adelanto en España, con la que quieren trabajar ni en Ajuria Enea ni en Sabin Etxea, confiados en que la política de alto voltaje en Cataluña se vaya sosegando, se levante el artículo 155 y pueda despejarse el camino para negociar con el Gobierno. Aunque las mismas fuentes comparten el convencimiento de que ambas partes deberán encontrar un resquicio, en un Presupuesto que seguirá sin permitirse grandes alegrías, para alcanzar un pacto que justifique un posible aval del PNV y sea asumible por un Rajoy políticamente hostigado. Un acuerdo quizá más vendible por su valor simbólico que en términos cuantitativos.

Y luego hay relaciones personales que sirven para resumir un momento político. Opera desde hace años, más allá de las diferencias ideológicas, un hilo de entendimiento entre Ortuzar y Rajoy que ha ayudado a volver a engrasar la complicidad entre ambos partidos maltrecha durante mucho tiempo. Pero lo que incluso puede parecer más heterodoxo es el aprecio, por su «bonhomía», que es posible encontrar en las filas jeltzales hacia Xavier García Albiol, pese a las profundísimas divergencias existentes entre los nacionalistas y el derrotado cabeza de lista del PP en Cataluña. En las Cortes en las que conviven forzosamente la vieja y la nueva política, peneuvistas y populares se manejan en unos protocolos, en unos códigos, reconocibles durante cuatro décadas de debates, pactos y desencuentros parlamentarios.

El abismo con Ciudadanos

Y aquí llega el contraste: los grupos del PNV y de Ciudadanos viven de espaldas en el Congreso y en el Senado, una distancia que se hace aún más significativa ante la evidencia de que los peneuvistas siempre se han congratulado de mantener vías de comunicación abiertas con todas las formaciones políticas, incluso en los períodos en los que han pintado bastos en la política vasca, en la española o en ambas. «Dejémoslo en que son muy especiales», resumen los jeltzales. No hay inquietud en el partido de Ortuzar y Urkullu por el peso que pueda adquirir Ciudadanos en Euskadi ante su cuestionamiento del cálculo del Cupo y de la singularidad del Concierto; todo lo más, augura que la formación naranja se empoderará en Álava recobrando el voto de la extinta UPyD.

Pero sí hay preocupación por el peso alcanzado por los de Rivera y Arrimadas en Cataluña y por su proyección en clave española. Porque Rajoy será imperturbable y podrá desquiciar a sus interlocutores con el manejo del tiempo, pero conoce las medidas del traje negociador con los nacionalistas y los resortes del diálogo institucional. Dos capacidades de perro viejo de la política que Ciudadanos no ha ensayado.

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