«Es muy difícil manteneren el tiempo los debates sobre la independencia»

Narciso Michavila / OTAZO

Narciso Michavila, experto en opinión pública y análisis electoral, compara la situación de Cataluña con lo ocurrido en Escocia y Quebec

TERESA REINASAN SEBASTIÁN.

Narciso Michavila (Madrid, 1965) es presidente de la consultora de investigación y comunicación GAD3. Desde su experiencia defiende que en Cataluña está sucediendo como en Quebec y en Escocia, «y es que los debates de independencia son muy difíciles de mantener en el tiempo». «Cualquier otro debate tiene alternativa, pero no un debate de unión-ruptura», explica. Sin embargo, el experto es optimista y cree que se llegará a una solución intermedia. Michavila estuvo en Pamplona el jueves invitado por la Universidad Pública de Navarra para participar en sus cursos de verano. Allí habló sobre opinión pública e investigación, ya que Michavila es sociólogo y especialista en análisis electoral y en opinión pública.

-Convénzame de que los sondeos son necesarios para los ciudadanos y para el desarrollo de la vida política.

-Convencer a alguien de que quiera conocer la realidad de las cosas es su problema. Lo que sí es cierto es que si queremos saber la opinión de los ciudadanos necesitamos herramientas de investigación, y la verdad es que todavía no tenemos una alternativa a la encuesta. Todo el análisis nuevo de redes sociales no deja de ser un complemento. La encuesta sigue siendo la herramienta por excelencia para medir opiniones de forma científica.

«A veces nos quedamos en los números y perdemos el sentido de la realidad social»

«La tensión va bajando en Euskadi y ahora se hacen encuestas sin problemas»

-Sin embargo, los sondeos fallan. Mire lo que pasó con el 'Brexit' y con Trump...

-Efectivamente, hay un gran debate sobre esto. En el 'Brexit' sucedió que la elección estaba demasiado reñida para saber quién iba a ganar. Por ejemplo, con Trump las encuestas acertaron más que nunca porque realmente Hillary le sacó dos puntos, es decir, tres millones de votos, al actual presidente. Con el sistema electoral francés Clinton hoy sería presidenta y nadie dudaría de ello. Lo que pasa es que el sistema americano es muy complicado. Obligaba a acertar en cuatro estados, algunos de los llamados estados clave, y ahí sí que las encuestas fallaron.

-Pero al final se publican muchísimos estudios durante el año. ¿La imprecisión y la abundancia no hacen que pierdan credibilidad?

-Sí, eso es algo que nos preocupa. Aunque no es el único tipo de entrevista que elaboramos, es verdad que en mi consultora nos centramos mucho en la entrevista de voto. Al final el ciudadano lo poco que puede medir de verdad es el voto. Por eso la encuesta electoral es la que está marcando el nivel de fiabilidad. Cuando acertaban la gente se fiaba y ahora la verdad es que estamos viviendo una época de recelo. Pero también es fruto de la globalización. Ahora nadie se acuerda de vuestras elecciones en el País Vasco en otoño. Las encuestas a pie de urna fueron muy precisas.

-Y nos olvidamos de estos casos porque...

-Es el debate de siempre. Por un lado, en las encuestas el periodista se fija en lo más noticioso. Por otro lado, los que hacemos las encuestas nos hemos quedado en los algoritmos y en los números y hemos perdido un poco el sentido de la realidad social. A veces nos olvidamos de que cada cifra es una persona. Tanto periodistas como investigadores tenemos que volver al 'tú a tú'.

-¿Hasta qué punto cree que los políticos deben guiarse por las gráficas y los números?

-El político hace bien en seguir las encuestas sabiendo que el ciudadano lo que espera es que él tome las decisiones más adecuadas, y nunca en función del resultado de la encuesta.

-Según los últimos datos, ¿cuál es el panorama político español?

-Lo primero a tener en cuenta es que no hemos notado trasvase de votos entre bloques izquierda-derecha. Además, desde la elección de Sánchez percibimos que el mes pasado hubo una recuperación muy importante de votos que tradicionalmente eran del PSOE y que se habían ido a Podemos. Sobre el tema catalán, detectamos el mismo fenómeno que pasó en Quebec y en Escocia, y es que los debates de independencia son muy difíciles de mantener en el tiempo. Cualquier otro debate tiene alternativa, puedes ir cambiando de gobierno y ya está, pero un debate de unión-ruptura no la tiene: o se rompe y ya no vuelves o sigues unido. De hecho, en esos dos lugares los nacionalistas han decidido aparcar el debate del referéndum. Eso es lo que creo que al final pasará en Cataluña. El problema va a ser llegar a una solución intermedia, porque la posición mayoritaria no está ni en la independencia, que no llega a un 30%, ni en el inmovilismo, que no llega ni al 20%. La mayoría de los catalanes quiere llegar a una solución para su encaje con el resto del Estado. Yo soy optimista y creo que darán con la solución a través de un acuerdo.

-¿Cómo ve al PNV?

-Creo que ha tenido el arte de convertirse en el partido determinante, lo que no le ha pasado a los partidos catalanes. Convergència i Unió era un partido clave y sin embargo ahora es totalmente irrelevante. Porque entre otras cosas la política consiste en pacto y negociación. Cuando tú vas de antemano rechazando todo... Ese fue el error de Pedro Sánchez. Al negarse a pactar cualquier cosa con el PP se puso en manos de Pablo Iglesias y al final se quedó sin Gobierno. En ese aspecto creo que el PNV ha sabido leer los tiempos.

-¿Cree entonces que las previsiones para 2019 favorecen a la formación jeltzale?

-No tengo datos. Lo que sí puedo decirte es que hace una década Euskadi era de los sitios más complicados para hacer encuestas electorales. Podíamos preguntar por cualquier cosa, pero el tema político no se podía tocar, tampoco en Navarrra. Ahora, sin embargo, las encuestas se pueden hacer sin ningún problema. La prueba está en lo que te decía, que las últimas fueron muy precisas. La tensión está bajando y eso se nota en la calle.

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