La desaparición de ETA facilitará que París promueva otra política de presos

El Gobierno francés no condiciona el acercamiento a la disolución, pero cree que ayudará. La delegación de Iparralde prevé una nueva reunión con el Ministerio de Justicia que se celebrará en un marco más discreto que la fallida del día 27

JORGE SAINZSAN SEBASTIÁN.

La reunión del pasado miércoles en París no dio frutos inmediatos, pero la delegación vascofrancesa que dialoga con el Ministerio de Justicia galo sobre el futuro de los presos de ETA no pierde la esperanza ante un nuevo año en el que esperan avances. En próximas semanas se prevé otra reunión de trabajo y los primeros meses de 2018 traerán un nuevo factor que puede allanar el camino: la previsible desaparición de ETA como resultado del final del debate interno sobre su futuro. El Gobierno francés no condiciona la flexibilización de su política penitenciaria a la disolución de la banda, pero los distintos actores políticos concernidos en el espacio de trabajo abierto en París asumen que el cierre de la persiana por parte de la organización ya desarmada abonará el terreno para que el Gobierno francés pueda promover una política penitenciaria más audaz, según distintas fuentes consultadas. Todo ello sin perjuicio de que antes de la decisión final de ETA, el Ejecutivo de Emmanuel Macron, como anticipo, pueda efectuar algún gesto relacionado con acercamientos o levantamiento del estatus DPS (peligrosidad) a más reclusos. Sin ETA en el escenario, la determinación francesa a flexibilizar la situación de las cárceles tendría una mayor conexión con una disposición semejante por parte del Gobierno español, permitiendo a ambos Estados gestionar de forma más conjunta y diferente un problema que atañe por igual a ambos ejecutivos.

La cuestión de la modulación de la política penitenciaria es compleja y de la reunión del miércoles en París entre la representante del Ministerio de Justicia, Hélène Davo, y la delegación de Iparralde, encabezada por el presidente de la Mancomunidad del País Vasco francés, Jean-René Etchegaray, y el portavoz de Artesanos de la Paz, Mixel Berhocoirigoin, entre otros, quedó la sensación de que el Ejecutivo galo necesita su tiempo para ir adaptando su política.

El éxito de la manifestación de París del pasado 9 de diciembre, con más de diez mil personas en una cita inédita, provocó una gran expectación entre los colectivos vascofranceses implicados en que los presos de ETA en Francia reciban el mismo tratamiento que los internos comunes. Pero, en principio, Francia necesita madurar los posibles cambios y trabajar en un clima de discreción, que esta vez no se dio al hacerse pública, antes de celebrarse, la reunión del pasado día 27. Se prevé que los futuros encuentros de este año sí estén marcados por un mayor hermetismo, que todos los participantes consideran necesario.

En el comunicado emitido por la delegación vascofrancesa el pasado jueves se destacaba, en todo caso, el hecho de que el Gobierno galo «no se opone en principio a que se acerque a los presos a las cárceles de Mont-de-Marsan y Lanemmezan», las más próximas a Iparralde. La disposición, en efecto, existe, aunque el factor de la desaparición de ETA, sea a través del marco internacional de la «desmovilización» o de la fórmula que la banda determine, creará mejores condiciones todavía. El precedente que París coge como referente es el desarme de abril del pasado año en Baiona, saldado con un balance positivo y admitido tácitamente por España.

Francia quiere resolver problemas pendientes, tanto con los 61 presos de ETA como con los corsos, para centrar sus fuerzas en materia antiterrorista exclusivamente en el yihadismo que ha azotado a la República en los últimos años. En este sentido, está dispuesta a analizar la situación de los reclusos vascos, de forma individualizada y en un «marco republicano», con electos y activistas vascofranceses.

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