ETA ve en el desafío catalán un argumento añadido para justificar el cierre de la persiana

Un hombre ondea una estelada y una ikurriña durante los actos del desarme del pasado 8 de abril en Baiona. /V. WEST / REUTERS
Un hombre ondea una estelada y una ikurriña durante los actos del desarme del pasado 8 de abril en Baiona. / V. WEST / REUTERS

Avanza hacia su desaparición para favorecer una mayoría política en favor de los derechos de los presos. La mayoría de los militantes da el visto bueno a un documento que aboga por la «desmovilización» bajo el esquema de la ONU

JORGE SAINZSAN SEBASTIÁN.

El sexto aniversario del final de la violencia en Euskadi, que se cumple este viernes, viene marcado por el proceso de reflexión abierto en el seno de ETA sobre su futuro. La mayoría de sus integrantes, tanto los presos como los que se encuentran en situación de clandestinidad, están expresando su conformidad con el documento base del debate que habla de decretar una «desmovilización» a principios del próximo año, según fuentes conocedoras del proceso. Una medida, siguiendo el estándar internacional de Naciones Unidas del Desarme, Desmovilización y Reintegración (DDR), que supondría su disolución de facto, como adelantó hace un mes este periódico. El objetivo principal y original del previsible cierre de la persiana, que se prevé anunciar hacia el primer trimestre de 2018, va destinado a favorecer condiciones en el País Vasco para reforzar una mayoría política, institucional, social y sindical que empuje al Gobierno español a flexibilizar la política penitenciaria, según los medios consultados. Un movimiento que buscará facilitar una salida a los reclusos, que no han visto modificada su situación carcelaria, pese a estos seis años sin atentados y a que su situación era una de las claves de la declaración internacional de Aiete, prólogo del cese de la actividad armada.

La «desmovilización» de la banda se va a producir, además, por circunstancias de la política, en plena convulsión por el conflicto en Cataluña y con las consecuencias abiertas para los próximos meses. En este sentido, ETA ha encontrado de forma sobrevenida en el desafío independentista catalán una bandera añadida para justificar «el cierre de su ciclo histórico». En su último comunicado público, conocido el pasado 27 de septiembre, la banda apoyaba sin ambages el camino seguido por el soberanismo catalán y llamaba a importarlo a Euskadi, aunque al mismo tiempo adelantaba su intención de echarse un lado, avanzando el resultado de la reflexión interna sobre su futuro. El proceso secesionista ha sido apoyado con entusiasmo por la izquierda aber-tzale y EH Bildu, que entienden que ha llegado a poner «en jaque al Estado español».

En su comunicado de hace 18 días, conmemorando el 'Gudari Eguna' y dando pistas sobre su debate interno, ETA tomaba la situación política catalana como referencia y espejo para Euskadi. Tras poner en valor las condiciones creadas por el 'procés' para acabar con el «verdadero rostro opresivo del régimen del 78», la organización ya desarmada precisaba que su análisis «bajo ningún concepto se realiza con la intención de dirigir, garantizar o juzgar ese proceso», pues «ETA es perfectamente consciente de que en el ciclo político que viene nuestra organización no será un agente principal», avanzando su futura desaparición.

En todo caso, el reto prioritario de la «desmovilización» que acometerá ETA está destinado a crear un nuevo terreno de juego en mejores condiciones para que la mayoría de partidos, instituciones y sindicatos vascos, con el respaldo de la sociedad, puedan unirse en torno a demandas como el final del alejamiento de los reclusos en cárceles españolas y francesas o la puesta en libertad de los internos aquejados de enfermedades graves. Una presión política, institucional, sindical y ciudadana destinada a empujar al Gobierno central a flexibilizar su posición, tras seis años en los que no ha movido ficha en estas cuestiones.

6 años

se cumplen desde que el jueves 20 de octubre de 2011 ETA anunció el cese definitivo de su actividad armada, con un comunicado a las siete de la tarde. Tres días antes, líderes internacionales como Kofi Annan o Bertie Ahern habían hecho pública en Donostia la declaración de paz de Aiete.

La banda es consciente de la posibilidad de que el anuncio que haga en torno a su desaparición no satisfaga del todo las exigencias del Ejecutivo de Mariano Rajoy, que reclama una «disolución de la organización terrorista», mientras ETA prevé acogerse a la fórmula de «desmovilización». Un nuevo término que supone el segundo paso del modelo internacional avalado por Naciones Unidas y denominado DDR. El primer paso fue el desarme materializado el pasado 8 de abril en el País Vasco francés y ahora toca la «desmovilización». Pese al previsible escepticismo de Madrid, la organización cree que con su desaparición definitiva del mapa, una vez que la sigla quede muerta o sin ningún tipo de actividad, debe abrirse una nueva fase en la que el reto será resolver la cuestión de las cárceles, la 'r' de reintegración. Una etapa en la que puede jugar un papel importante el Gobierno Vasco y su línea abierta con el presidente español, Mariano Rajoy. Así lo asumen los propios presos, que ya hicieron una petición pública por carta a Iñigo Urkullu a arrimar el hombro, y la izquierda abertzale.

Reflexiones internas

En paralelo, la efervescencia independentista en Cataluña y sus posibles implicaciones en Euskadi, servirán a ETA de bandera sobrevenida para su desaparición definitiva, abriendo una nueva fase que el mundo independentista vasco confía que esté presidida por los avances en el derecho a decidir «también en Euskal Herria». En su comunicado, ETA precisaba además la necesidad de que «en esta fase histórica el proceso debe emprenderse solo por medios civiles y democráticos».

Cree que su disolución de facto abre otra fase para acuerdos amplios contra la dispersión

Confía que tras su desaparición, la vía soberanista catalana se contagie en Euskadi

La rapidez con la que los catalanes han puesto en dificultades al Estado español, en apenas cinco años de movilización social y política, ha abierto algunas reflexiones internas, incluso en el mundo de Sortu. El propio Arnaldo Otegi, principal icono del independentismo y actualmente coordinador general de la coalición EH Bildu, desveló recientemente en una entrevista en Radio Euskadi que en el seno de la izquierda abertzale se había abierto una reflexión sobre el hecho de que la estrategia «pacífica y democrática» de Cataluña ha podido «ser más eficaz» en la lucha por la soberanía en este «contexto histórico» que otras, como la vía político militar en Euskadi. De hecho, en la izquierda abertzale son conscientes de que el actual proceso soberanista catalán no hubiera sido posible en un contexto en el que ETA hubiera seguido empleando las armas en el País Vasco.

Por otro lado, en el balance de este sexto aniversario del cese de ETA, la izquierda abertzale lamenta que el Gobierno del PP «no haya dado pasos», sobre todo tras cerrar a principios de 2013 la vía de diálogo abierta en Noruega, dando al traste con la hoja de ruta trazada en Aiete. En el balance positivo, considera que en este periodo se han consolidado la coalición EH Bildu, como segunda fuerza política vasca y «alternativa» al PNV, y la reorganización de la antigua Batasuna en la nueva marca Sortu, una vez lograda la legalización. También destacan que en estos seis años se ha vertebrado «una mayoría social clara» en Euskadi en favor del derecho a decidir, que está saliendo de nuevo a la luz con los numerosos actos de las últimas semanas en apoyo al proceso catalán.

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