El día en que ETA cruzó la línea roja en Capbreton

El día en que ETA cruzó la línea roja en Capbreton

La banda asesinó hace 10 años en Las Landas a los guardias civiles Raúl Centeno y Fernando Trapero. Tres etarras abatieron a sangre fría a los dos agentes desarmados y de paisano, en el interior de su coche, tras 31 años sin cometer atentados mortales en Francia

A. GONZÁLEZ EGAÑA SAN SEBASTIÁN.

El próximo 1 de diciembre se cumplirán 10 años del primer atentado contra la Guardia Civil cometido en Francia en toda la historia de ETA. La banda cruzó ese día la línea roja de la frontera con el país galo, su lugar de refugio durante décadas y donde no había cometido ninguna acción mortal desde la Transición. El único precedente databa de 1976 cuando fueron asesinados dos policías que habían cruzado la frontera para ver una película. Aquel sábado por la mañana, tres etarras abatieron a bocajarro a los guardias civiles Raúl Centeno y Fernando Trapero, de 24 y 23 años de edad, en el aparcamiento de una cafetería a las afueras de Capbreton, en Las Landas, mientras trabajaban en la vigilancia y detección de miembros de la organización terrorista. El Tribunal Especial de lo Criminal de París consideró en 2015 al exjefe militar de ETA, Mikel Karrera 'Ata', autor material del doble asesinato y le condenó a cadena perpetua. También sentenció a penas de entre 28 y 14 años a otros cinco miembros de la banda.

Los guardias civiles fueron asesinados a las nueve y veinte de la mañana en el interior de su coche, un vehículo de servicio camuflado. Los etarras les habían reconocido como miembros de las fuerzas de seguridad cuando desayunaban en las mesas de la cafetería. Habían llegado días antes desde Madrid, vestían de paisano e iban desarmados para su misión en cooperación con los servicios secretos franceses. Los dos recibieron impactos de bala en la cabeza. Centeno murió en el acto y Trapero quedó gravemente herido en el interior del coche y falleció cuatro días más tarde en el hospital Côte Basque de Bayona sin haber recuperado el conocimiento.

La fuga

Empleados y clientes de establecimientos del complejo comercial vieron a los agresores huir a bordo de un Volkswagen Golf gris matriculado en el departamento de Gironda. El turismo, que había sido robado meses atrás en Burdeos, apareció abandonado en Saint-Sever, a unos 70 kilómetros del lugar del atentado, en cuyo casco urbano el comando se apoderó de otro automóvil a punta de pistola. La conductora del turismo, una mujer joven a la que obligaron a viajar con la cabeza oculta bajo una prenda de vestir, fue liberada unos kilómetros más hacia el norte. La dejaron atada a un árbol en un bosque perteneciente al término municipal de Saucats (Gironda), a unos quince kilómetros al sur de Burdeos. La rehén, tras liberarse de las ataduras, se presentó sana y salva en el cuartel más cercano de la Gendarmería donde denunció que los presuntos terroristas se habían escapado en un Peugeot 307 oscuro.

Al cabo de cuatro días de intensa caza al hombre por todo el suroeste de Francia que movilizó a cerca de 3.000 agentes, la Gendarmería francesa detuvo en el Macizo Central a Saioa Sánchez y Asier Bengoa, dos de los componentes del comando de ETA que asesinó a los dos agentes de la Guardia Civil. El tercero, Mikel Karrera, 'Ata', no fue detenido hasta casi tres años después, el 20 de mayo de 2010, en Bayona en una operación policial en la que también fue arrestado su lugarteniente, Arkaitz Agirregabiria.

Pasaron casi seis años hasta que el 25 de abril de 2015, el Tribunal Especial de lo Criminal de París condenó a 'Ata' a cadena perpetua, con 22 años de cumplimiento mínimo en prisión, al declararle culpable del asesinato de los dos miembros del instituto armado. Fue la pena más alta impuesta nunca a un etarra en Francia. Saioa Sánchez Iturregi, 'Ihintza', fue sentenciada a 28 años, con dos tercios al menos en la cárcel (más de 18 años) antes de tener derecho a beneficios penitenciarios, como coautora del doble crimen. De este cargo fue absuelto Asier Bengoa López de Armentia, condenado a 15 años por otros delitos.

La sentencia impuso también nueve años a Garikoitz Aspiazu, 'Txeroki', como dirigente de ETA y siete a Ibon Goieaskoetxea, 'Emil', por haber alquilado en Toulouse el piso franco que servía de cuartel general a los acusados. A cinco años fueron condenadas Eider Uruburu, 'Amets', y la entonces huida Iratxe Sorzabal, 'Ezpela', presunta integrante de la ejecutiva de ETA, fue juzgada en rebeldía. El 23 de septiembre de 2015 fue detenida junto a David Pla por la Policía francesa, en colaboración con la Guardia Civil, en una operación en la que se descabezaba la cúpula política de ETA. La operación, denominada Pardines en recuerdo al primer guardia civil asesinado por ETA en 1968, se desarrolló en una casa rural ubicada cerca de Saint Etienne de Baigorri, en el País Vasco francés. También fueron arrestadas dos personas más: Pantxo Flores, propietario de la casa rural donde se escondían los dirigentes de ETA, y donde también fue interceptado Ramón Sagarzazu, que posteriormente quedó en libertad bajo control judicial.

Puro «odio»

La jueza francesa Laurence Le Vert, puntal de la lucha judicial contra el terrorismo de ETA en suelo galo, afirmó recientemente que el punto de inflexión para acelerar la persecución de los etarras fue el asesinato de los guardias civiles Trapero y Centeno. «Fue un terrible error de estrategia de ETA», apuntó Le Vert, convencida de que Karrera asesinó a los dos agentes por puro «odio». En su opinión, eso hizo que los servicios de información echaran el resto para «neutralizar» a los últimos etarras clandestinos en Francia y otros países. La magistrada gala recordó también que los guardias estaban desarmados y que uno de ellos habría sobrevivido si 'Ata' no hubiese decidido «rematarlo». «Fue un acto absurdo, Karrera no estaba amenazado, mató por odio y eso marcó a las fuerzas policiales en España», remarcó.

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