Los ertzainas de Beasain piden justicia para sus compañeros asesinados por ETA hace 16 años

Compañeros de los asesinados depositan flores en su recuerdo y piden justicia./J. Marin
Compañeros de los asesinados depositan flores en su recuerdo y piden justicia. / J. Marin

El atentado contra los agentes Javier Mijangos y Ana Arostegi mientras dirigían el tráfico no ha sido esclarecido ni hay ningún detenido

Ana Vozmediano
ANA VOZMEDIANOBeasain

«No os olvidamos». Un año más y ya van dieciseis, los compañeros de Ana Arostegi y Javier Mijangos, colocan flores en la escultura de madera y la placa de metal sobre una piedra que recuerda a estos dos ertzainas que fueron asesinados por ETA un 23 de noviembre pasadas las siete de la tarde cuando dirigían el tráfico en Beasain. Ella era de Mungia, tenía 34 años y tres hijos. Él, de Bilbao, 32 y un bebé de once meses.

Un grupo de ertzainas, algunos de uniforme y otros de paisano, han depositado este jueves, otro 23 de noviembre más, un centro de flores. Otro ha colocado una rosa blanca, un recuerdo privado y propio más allá del colectivo de compañeros.

Cinco minutos de silencio, un aplauso, algunos abrazos y un par de lágrimas han cerrado el acto de homenaje. Más tarde, una pareja se ha acercado por la cuesta que llega a la sede de la Ertzaintza de Beasain con otro centro de flores que también ha sido depositado junto a la piedra, la madera y un pequeño farol que completa la decoración simbólica.

Desde que dos personas encapuchadas, se dijo que un hombre y una mujer, asesinaran a tiros a Ana Arostegi y Javier Mijangos, a escasos cien metros de la comisaría, sus compañeros les recuerdan cada año.

Reclaman justicia

A ellos y al sufrimiento de sus familias, al impacto que supuso entre sus compañeros el asesinato de aquellos dos agentes que controlaban el tráfico, dedican estas flores, pero sobre todo, piden que se haga justicia ante un caso que parece olvidado, dicen, por las autoridades.

Porque apareció el coche en el que intentaron huir los terroristas y en el que apareció una carga de explosivos. Muchos vecinos oyeron el ruido de los disparos en la rotonda de Zaldizurreta, pero después de 16 años nada se sabe sobre los autores. Nadie ha sido detenido, ni ha ido a juicio. Nada.

«Y ha pasado mucho tiempo desde el atentado y seguimos pidiendo justicia», han explicado Aitor Otxoa e Iñaki Andonegi, del sindicato Erne de la Ertzaintza. «Sus asesinatos continúan sin esclarecerse y creemos que es imprescindible que para que cualquier víctima sea desagraviada, exista un proceso penal esclarezca la verdad y encuentre al culpable. Por eso emplazamos al Gobierno Vasco y al de España para que no cejen en la búsqueda de los responsables de sus muertes».

Pasan los años y no hay ningún avance en las investigaciones, algo que provoca una cierta desesperanza entre los compañeros que les recuerdan cada año. «Parece que estos asesinatos ya no interesan a nadie y eso no puede ser así. Es necesario que se encuentre a los culpables de lo que ocurrió, a los que dispararon y mataron a nuestros compañeros», ha reclamado Aitor Otxoa.

Andonegi ha afirmado que todos están esperanzados con llegar a una nueva fase en la vida política del País Vasco, una fase que deje atrás las prácticas terroristas. Pero ha remarcado también que son contrarios a cerrar procesos en falso. «Es necesario investigar y hacerlo sin prisas. ¿Es necesario tener tanta? Al final resulta insano. Sabemos que han pasado dieciseis años, pero también que es importante que se llegue a saber quiénes fueron los que acabaron con su vida».

Ana Arostegi tuvo el espantoso honor de ser la primera agente asesinada. Igual que Mijangos, recibió recibió los disparos de los dos individuos con la cara cubierta por la espalda. A ella le descerrajaron tres tiros en la cabeza. Él recibió impactos de bala en la cabeza, el cuello y la espalda. Los dos agentes no pudieron reaccionar a los tiros y quedaron tendidos en el suelo. Ana Arostegi murió en el acto y Javier Mijangos fue atendido por una ambulancia y trasladado a la clínica de la Asunción de Tolosa donde falleció en menos de dos horas.

Los dos encapuchados huyeron a pie, al parecer cogieron el coche que luego dejarían abandonado y, desde entonces, nada se sabe de ellos, ni sobre su identidad.

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