Cataluña se va de Cataluña

Lourdes Pérez
LOURDES PÉREZ

El país de los independentistas aún no ha roto con España, pero Cataluña empieza ya a irse de Cataluña. La Cataluña sobrecogida por la eventualidad de una independencia sin futuro alguno toma distancia política, económica y afectiva con esa otra Cataluña enfervorizada que llena las calles, prietas las filas. En la montaña rusa sin orden ni control en la que se desarrollan los acontecimientos, ayer confluyeron dos hitos muy significativos. El más resonante fue el cambio de sede decidido por el Banco Sabadell y el que confirmará hoy CaixaBank a fin de proteger los intereses de sus clientes -secesionistas y no- ante la incertidumbre de la república ficticia en la que se han instalado Puigdemont y los suyos. El dinero no sabrá de ideologías, pero teme al vértigo más que a un nublado. Junts pel Sí y la CUP han conseguido espantar al poder económico que cobija los ahorros de miles de catalanes diversos con la mera perspectiva de que vayan a forzar la DUI el lunes en el Parlamento. La imagen de la desbandada comienza a cobrar cuerpo en el imaginario colectivo.

Lo más disparatado -aquí entra el segundo mojón de las últimas horas- es que, en realidad, es como si el pleno de la ruptura no existiera una vez que el Constitucional lo ha suspendido. Dado que de un callejón sin salida solo puede salirse marcha atrás y eso representa todavía hoy el oprobio de la cobardía y de la traición, el auto del Alto Tribunal ofrece al independentismo la ocasión de echar el freno antes de estamparse contra la legalidad constitucional y la falta de reconocimiento de las cancillerías que pintan algo en Europa. De estampar la Cataluña secesionista contra la Cataluña que no lo es. Porque esta vez el recurso que ha llevado al TC a paralizar la sesión parlamentaria no ha partido ni del fiscal general ni de la Abogacía del Estado, sino del PSC de Miquel Iceta. De los socialistas que encarnaron la alternativa a la extinta CiU y que gobernaron también la Generalitat. Cataluña alejándose de Cataluña. Que Oriol Junqueras haya explorado la potencial mediación de la Iglesia permite jugar con las metáforas. Como si el 'procés' fuera ya solo una cuestión de fe tras haber clamado tanto por la negociación política.

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