La caída del pedestal del mito de Jordi Pujol

El proceso hacia la secesión ha supuesto un seísmo sociopolítico en Cataluña. Dos movimientos surgidos de la sociedad civil catalana como la Asamblea Nacional de Catalunya y Omnium Cultural se han convertido en la palanca del soberanismo y han condicionado la estrategia de los partidos. Los primeros damnificados de esta radicalización del proceso han sido los democristianos de Unió Democrática, el socio histórico de Convergència. Tras quedarse sin representación en las elecciones al Parlamento de Cataluña de 2015 y sufrir una escisión, UDC entró en concurso de acreedores con una deuda superior a los 22 millones de euros. El 24 de marzo de 2017, el partido confirmó a sus afiliados que iniciaba su liquidación. El PDeCAT, sucesor de Convergència, aspira a liderar el soberanismo social-liberal, pero encuentra serios problemas para afianzar su espacio, entre otros factores, por la alargada sombra de los escándalos de corrupción ligados a la época de Jordi Pujol. La aparición en la izquierda de una coalición entre los 'comunes', Podemos e Iniciativa per Catalunya relegó al Partit dels Socialistes de Catalunya a una posición secundaria, lejos de su antigua hegemonía.

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