En caída libre

Análisis

El juicio de Gürtel en Valencia va a acelerar la dinámica de desgaste político de Rajoy

Alberto Surio
ALBERTO SURIO

R icardo Costa lanzó ayer una verdadera bomba política de relojería de efectos retardados al asegurar que el PP valenciano se financió ilegalmente con una caja B y dinero negro a través del entonces president de la Generalitat regional, Francisco Camps. Pero el destinatario real no era tanto este último, que en su día ya dimitió de su cargo y cuyas responsabilidades políticas quedaron saldadas entonces. Entonces y ayer mismo Camps lo negó todo. En su día dijo que se sacrificaba para proteger a Mariano Rajoy. Pero, lo quiera o no, el verdadero objetivo del misil lanzado ayer es precisamente este último. El PP ha iniciado este año 2018 un verdadero calvario judicial con un rosario de escándalos de corrupción y el caso Gürtel sentando en el banquillo a compañeros de partido y empresarios que empiezan a tirar de la manta.

El relato pormenorizado de Costa pone el dedo en la llaga y supone la segunda denuncia de un dirigente del PP después del 'desahuciado' extesorero Luis Bárcenas. Los jueces determinarán si sus declaraciones son solo una estrategia de defensa personal o si dan crédito a la tesis de que el PP se presentó a varias campañas electorales 'dopado' con una financiación opaca donada por empresarios de forma irregular. Pero la sospecha de que esto es así se ha instalado poderosamente en la opinión pública y no está siendo contrarrestada con un mínimo de credibilidad sino con negativas de trámite que resultan cada vez más inexplicables. Más sorprendente fue la coartada que ofreció ayer Camps a Bárcenas al sostener que en su día se opuso a estas prácticas por entender que suponían un mecanismo de financiación ilegal que equivalían a una Filesa 2, en alusión al PSOE. El 'regalo' de Costa encierra su truco. Pronto lo sabremos.

Esta sucesión de golpes de efecto y el contexto de un PP a la deriva colocan a Rajoy muy a la defensiva por primera vez y explican la brutal caída libre en los sondeos. El presidente del Gobierno necesita aguantar como sea la presión de Ciudadanos, levantar el 155 en Cataluña, negociar los Presupuestos con el PNV y forzar un acuerdo in extremis con Albert Rivera si quiere evitar una disolución de la legislatura. El deseo de Rajoy de presentarse a la reelección en este ambiente hostil se antoja casi como una hazaña. Pero da la impresión de que la dinámica de erosión del centro-derecha gobernante empieza a ser imparable. Lo que antes era lluvia fina con la corrupción ahora es una tromba de agua porque las circunstancias -ha emergido una opción de recambio- han cambiado. Haga lo que haga ya todo le sale mal. Lo que suele ocurrir a quienes están metidos en un síndrome de la derrota del que es muy complicado salir, incluso para un superviviente nato como el presidente del Gobierno con una considerable capacidad de resistencia.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos