Al borde de la asfixia

Lourdes Pérez
LOURDES PÉREZ

No hay última hora que valga para Cataluña. La historia del pulso que el independentismo ha llevado al límite contra la legalidad constitucional escribió anoche un episodio cuyas consecuencias se percibirán en las próximas horas, a la manera del impacto de una piedra lanzada en el estanque del ultimátum en el que Mariano Rajoy y Carles Puigdemont tratan de ganar tiempo y relato. Cualquier vaticinio quedó desbordado anoche por la decisión de la jueza Lamela de encarcelar a los líderes de la ANC y de Òmnium por un delito excepcional en democracia -el de sedición-, poco después de que la misma magistrada resolviera dejar en libertad con medidas cautelares al 'major' Trapero por las revueltas del 20 y 21 de septiembre. El independentismo identificará a Sánchez y Cuixart como «presos políticos», intensificando la campaña que presenta a España en el exterior como 'Francoland'. Pero si el peso implacable de la justicia puede atorar la política, saltarse la ley termina por asfixiarla.

Sánchez y Cuixart han acabado en la cárcel por «alentar a las masas» a favor de un proceso secesionista unilateral que Puigdemont no ha culminado, al menos por ahora, con una proclamación de la república catalana. Ayer, Artur Mas abonó dos millones de euros de la fianza que se le exige por la consulta del 9-N para que no verse embargado. El hervidero impide escuchar que los condenados por el 'procés' no se han rebelado contra su inhabilitación judicial, aunque hayan seguido alimentando el proyecto de ruptura. Y a la luz del auto de Lamela -antigua colaboradora del ministro socialista Fran Caamaño y a la que el vocal del Poder Judicial propuesto por el PNV otorgó un solitario voto para la presidencia de la Sala de lo Penal de la Audiencia-, sorprende poderosamente que Sánchez y Cuixart no parecieran calibrar su posible inculpación por unos incidentes retransmitidos en directo. Porque cabe preguntarse si todos los responsables del 'procés' han asumido cabalmente lo que significa incumplir la ley o si la burbuja de los sentimientos hiperactivados les ha llevado a pensar que nada iba a ocurrir. Pero ha ocurrido y los efectos, a 48 horas de que venza el requerimiento de Rajoy a Puigdemont, son de muy alto voltaje.

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